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Para Néstor y Cristina, las últimas semanas

No fueron días peronistas

Hace unos meses ya que los Kirchner blanquearon su nuevo proyecto político: revivir al Partido Justicialista para utilizarlo como soporte y base de su proyecto más general del gobierno. Pero la reconstrucción del PJ se está desarrollando con muchos más problemas de los que Néstor y Cristina se habían imaginado.

Apenas asumido, Néstor comenzó la construcción de diversos proyectos para sostener su gobierno. Eran proyectos por fuera de la estructura tradicional de PJ, y la principal razón de ello era la gran crisis y dispersión en que estaba sumido ese partido producto del repudio popular que se manifestó en las jornadas del 2001.
El primero de esos proyectos fue la transversalidad que intentó llevar a cabo cooptando sectores del centroizquierda. Ese proyecto no pudo levantar vuelo, y por eso varios años después se empezó a vislumbrar la Concertación Plural, que estructuró con varios gobernadores adictos, muchos de ellos provenientes del radicalismo (los llamados radicales K). Pero ese proyecto, a poco de andar, ya se demostró limitado: no logra proveer de una base política firme para el gobierno de su esposa. Y esa realidad quedó demostrada en las crisis que sacudieron al gobierno de Cristina a poco de asumir.

¿Lo viejo es lo nuevo?


A partir del fracaso de la Concertación Plural, los Kirchner pegaron un giro de timón y se abocaron a la tarea de alinear a las distintas corrientes del PJ, para reunificarlo y comenzar su reconstrucción. Claro que para eso se juntaron con lo peor de la vieja política, con los sectores más repudiados por la población. Ese alineamiento incluyó personajes de la burocracia sindical, gobernadores, diputados y “pique-truchos” como D ´Elía, Pérsico y Cevallos, entre otros. En el último tiempo, recibió el apoyo del PC y un sector de la CTA.
En unos casos, esta unificación se produce sobre la base de compartir un proyecto político y de país, en otros, los integrantes consideran conveniente resguardarse bajo el paraguas del kirchnerismo, por el momento. Como sea, hay una feroz interna que se produjo durante largas semanas. Muchos sectores y dirigentes peleándose por ‘figurar’, y eso explica también el armado al que se llegó: 5 vicepresidencias, muchas secretarías: había que dejar a todos contentos.

La crisis política complica al PJ

Pero ni aún así se pudo dejar a todos contentos. La razón fundamental es que los Kirchner están atravesando la peor crisis desde que asumió Néstor en el 2003. El enfrentamiento con los pequeños productores del campo tiene consecuencias políticas muy profundas, que van más allá del costo político inmediato por los cortes y el escaso abastecimiento en las ciudades. Porque ante la rebelión de los pequeños productores, el gobierno eligió la confrontación, pero esos mismos productores son la base social de la gran mayoría de los dirigentes peronistas de la provincia de Buenos Aires y el interior del país, Por eso se escuchó a muchos de esos dirigentes, en los momentos más álgidos del enfrentamiento, empezar a plantear discursos críticos del gobierno nacional. A muchos de ellos, incluso, sus críticas le valieron quedar excluidos del armado del PJ, y otros directamente se autoexcluyeron porque ven que el PJ ya está naciendo muy debilitado, y el kirchnerismo está sufriendo un proceso de desgaste político muy fuerte entre la población. Es el caso de Lavagna, que salió a criticar la inflación y el enfrentamiento con el campo, cuando tanto uno como el otro son productos del modelo que él mismo contribuyó a construir. Luego de eso, y adelantándose al esperado castigo kirchnerista, se autoexcluyó para ocupar cualquier cargo de conducción del PJ. Otro caso sensible es el de Felipe Solá, ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, ligado los sectores agropecuarios, que en los últimos días realizó duras críticas planteando que “mucha gente del oficialismo tiene miedo a hablar”. También Duhalde reapareció en la escena, defendiendo al ‘campo’ y pegándole al gobierno, su intención es reagrupar al peronismo no oficialista e intentar atraer a los kirchneristas críticos.
Son algunos ejemplos importantes, porque muestran que el desgaste del gobierno nacional crece implacablemente y que, de seguir este proceso, es posible una estampida de dirigentes para no ‘hundirse con el barco’, como le pasó a Duhalde en el 2003. Este desgaste también se profundiza por el drama social de la inflación que, diga lo que diga el INDEC, se está saliendo de control, mientras (con suerte) los salarios reciben módicos aumentos. Y esto es importante porque la inflación en general, y especialmente en la canasta alimentaria, golpea fundamentalmente a los sectores de menores recursos, que fueron los que votaron masivamente a Cristina y son también, un sector importante en la base social del gobierno, que hoy ya da muestras de agotamiento.

Nace debilitado

Desde el gobierno piensan meticulosamente cómo lanzar la asunción de Kirchner como presidente del PJ, porque pretenden que sea un acto relanzamiento de la gestión de Cristina. Pero la realidad es que el PJ ya se está debilitando antes de nacer. Son muchos los dirigentes que se están abriendo, muchos de ellos de la provincia de Buenos Aires, el sector estratégico del país y, además, el bastión histórico del peronismo. La crisis con el campo golpea de lleno sobre el proyecto de revivir al PJ y lo debilita. Ante esto la izquierda y los sectores progresistas están ante una gran responsabilidad, que es poder avanzar en construir una alternativa capaz de proponer un proyecto alternativo a las variantes de centroderecha y el PJ. Porque el PJ todavía no terminó de nacer y ya es débil, y porque son millones los que lo miran con desconfianza, y son muchos más los que, con el transcurrir del tiempo, romperán definitivamente con ese partido y buscarán otra salida.

 

Juan Pablo Correa
 


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