| Se
les pinchó el globo
El
escenario nacional se ha convulsionado.
Hay un prematuro y profundo desgaste del
gobierno de Cristina que lleva pocos meses
en el poder. No se salva ni el propio Kirchner
que ha salido a escena para tratar de salvar
el barco. La rebelión agraria y la
inflación son los detonantes que
abren una nueva situación política.
La renuncia de Lousteau es sólo la
punta de iceberg de un profundo cambio político
y social. Es el principio del fin de un
modelo que nos quiso hacer creer que las
cosas habían cambiado. Se disipa
la ilusión kirchnerista que tranquilizó
por un tiempo los demonios desatados con
el argentinazo del 2001. Y se abre el debate
del nuevo rumbo a tomar y qué alternativa
política para conducirlo.
Sobre
el cierre de esta edición, los pequeños
productores autoconvocados, que esperaban
las negociaciones con pocas expectativas
y metiendo mucha presión, retomaron
el paro por 8 días confirmando que
el gobierno está en su peor momento.
Mientras recrudece el escenario de bloqueos
de rutas, asambleas y pueblos movilizados,
los de arriba tiemblan porque incentiva
el mal humor social por la inflación
descontrolada, los precios por las nubes,
los salarios retrasados y un cuestionamiento
general no sólo a la breve gestión
de Cristina sino a todo lo actuado durante
la era de reinado del matrimonio K.
Con rumores de renuncias y reestructuraciones
que involucran al desgastado Alberto Fernández
como telón de fondo, el gobierno
se debate en la incertidumbre de huir para
adelante y agravar las cosas o reconocer
el fracaso y empezar a producir algunas
medidas de emergencia para tratar de apagar
el incendio en lo inmediato. Analistas de
diverso pelaje coinciden en que van a tener
que tocar las cuestionadas retenciones móviles
que terminan de liquidar a centenares de
miles de pequeños productores si
pretenden suavizar la rebelión. Y
que el otro Fernández, Carlos, el
nuevo ministro de economía, deberá
anunciar alguna medida para intentar que
se reduzca la inflación. Pocas son
las expectativas de que algo puedan solucionar
de manera sostenida y por ello el gran debate
que recorre el país es qué
nuevo rumbo hay que tomar.
El gobierno en su peor momento
De la noche a la mañana las encuestas
de opinión se esfumaron. El gobierno
quiere ocultar lo que es una realidad: la
gestión de Cristina orilla sólo
el 25% de aprobación. La caída
más brusca y repentina en la popularidad
de un gobierno desde el año 1983.
Y a sólo cuatro meses de asumir.
La notable pérdida de base social
que ahora se evidencia se venía acumulando.
Lejos quedaron los tiempos del doble discurso
kirchnerista y emergió el país
real. El de la inflación, los salarios
de hambre y la mayor brecha social, superior
incluso a la de la década infame
noventista. El de la dependencia y la entrega
del petróleo y los recursos naturales,
contaminación mediante. El de la
escandalosa concentración económica
en multinacionales y amigos a costa del
castigo a los trabajadores, sectores medios
y populares. El del autoritarismo y la concentración
de poder y los negociados con la caja del
superávit construido con una brutal
metida de mano en los bolsillos del pueblo.
La bronca acumulada hizo eclosión.
Los que asentían pasaron como mínimo
a dudar y una gran mayoría a darle
la espalda a un proyecto que evidencia su
agotamiento. Sin lugar a dudas, van a tratar
de seguir metiendo polarización y
confusión, llamando a cerrar filas
con el “gobierno popular”. Pero
la ausencia de toda distribución
de la torta y la intolerancia antidemocrática,
ya se instalaron y cuestionan no sólo
al gobierno, sino al modelo K demandando
un cambio.
Cuando me empiece a quedar sola…
Cuando un gobierno no garantiza ya calmar
las aguas de abajo, los de arriba empiezan
a cuestionarlo porque no les sirve. Cristina
vino a hacer los deberes, a “normalizar”
un país cruzado por reclamos y empezó
a mostrar los dientes, pero le bajaron el
copete.
Por eso se está quebrando la unidad
de los poderosos que trajeron a K. para
apaciguar la efervescencia pos 2001, que
sostuvieron hasta ahora al gobierno y que
se beneficiaron con su política de
concentración. Las peleas con los
sectores más concentrados que se
cuelan en los justos reclamos de los pequeños
productores agrarios y con el Multimedio
Clarín son expresión de ello.
Por eso no son pocas las voces del establishmen
que empiezan a demandar cambios. Y la crisis
se ha trasladado al interior del propio
gobierno y ha golpeado seriamente el armado
del nuevo PJ cuya argamasa fue tejida con
gobernadores e intendentes que han salido
a cuestionar al gobierno al ver que producto
de la crisis con el campo perdieron aceleradamente
gran parte de la base social en sus localidades.
Lavagna duró poco en la rueda de
amigos. El hecho que K. haya bendecido la
cúpula del nuevo PJ y repartido cargos
incluso a los díscolos, no puede
tapar las heridas con las que nace. Se han
ahondado las internas en el gobierno. Moreno
y De Vido, alfeñiques directos de
K. y acérrimos defensores del modelo
cuestionado. Alberto Fernández, tal
vez reflejando sectores empresariales preocupados
por el curso de la situación, oficia
de “paloma” frente a los “halcones”
estaría planteando cambios económicos
y sociales y un relanzamiento el 25 de mayo
llamando a concertar el “pacto del
bicentenario”. Cambios para
los de arriba que seguramente serán
màs de lo mismo para el pueblo.
El ocaso de un modelo económico y
político
Dos definiciones se repitieron en la prensa
de actualidad: “La peor crisis
política y social en los últimos
6 años”, “El
tramo final del modelo kirchnerista”.
Graficando que no se trata meramente de
un cambio de coyuntura fácilmente
revocable con el ya viejo doble discurso.
Hay un antes y un después, una nueva
situación donde está cuestionado
globalmente el modelo.
Porque se evidencia el fracaso del proyecto
económico. Cayó la quimera
del crecimiento con derrame, del superávit
que vuelve al pueblo. Quedó en evidencia
un modelo de concentración, no de
distribución. La inflación
es el emergente principal, con un 30% acumulado
real de proyección anual, que se
ha transformado en el principal problema
político y social, que se devora
los salarios. Los niveles de entrega leonina
de los recursos naturales, muestran que
nada tiene que ver con la Venezuela bolivariana
como nos quiso hacer creer.
Hay percepción de un modelo agotado
que no ha resuelto los problemas estructurales
como la inversión y la crisis energética
que dicen que va a costar millones en los
próximos meses. Hasta reapareció
el “riesgo país”. Y se
han desactualizado los acuerdos salariales,
cayendo en picada la política de
tope salarial. Por eso la demanda de reapertura
de paritarias o gremios como la UOM están
en plan de lucha pidiendo más del
30%. Desde muchos lugares, demandan “enfriar”
la economía. Inflación o enfriamiento,
viniendo de los mismos de siempre, sólo
traerá penurias para los trabajadores.
Pero también esta nueva situación
implica el agotamiento del modelo político,
el estilo K. que costuró parcial
y transitoriamente las profundas heridas
en el régimen que abrió el
argentinazo. Marca que la crisis del 2001,
maquillada por los años de bonanza
de la gestión de K., no sólo
no se ha recompuesto sino que se ha agravado,
ya que queda al desnudo que la “nueva
política” terminó siendo
solamente un presidencialismo casi monárquico.
Brotan los cuestionamientos por en autoritarismo,
los superpoderes y la soberbia de manejar
un país extorsionando con la plata
del superávit, alquilando voluntades.
Hay un profundo olor a gobierno viejo, parecido
a los que hubo antes. Que no resuelve nada…
que gobierna para unos pocos privilegiados.
Un gobierno al que se le puede torcer el
brazo y una necesidad urgente de luchar
por un cambio de rumbo en beneficio de los
de abajo. Un gobierno que empieza a poner
“las barbas en remojo” porque
se empieza a reflejar en el espejo de los
gobiernos que terminaron derrotados o se
retiraron de la escena antes del fin de
la película.
Se avecinan
más reclamos
La incorporación de los pequeños
productores rurales a la pelea, tonifica
a los trabajadores y sectores populares
de los barrios que venían reclamando
por el salario y la carestía, contra
la inseguridad y la contaminación,
ante la bancarrota de los trenes y servicios
públicos. La inflación se
devora los salarios de los que lograron
mejores aumentos y mucho más de los
que, traicionados una vez más por
los dirigentes sindicales vendidos, recibieron
migajas o están precarizados. El
reclamo de reapertura de las paritarias
y un salario mínimo acorde a la canasta
familiar real se pone a la orden del día,
así como un plan de emergencia para
reducir la inflación y contener los
precios.
A caballo de los conflictos que vendrán,
seguirán despuntando los nuevos dirigentes
obreros combativos en un proceso que se
viene desarrollando. La burocracia, apoyada
por las patronales y el gobierno, seguirá
intentando recuperar terreno y desplazar
a los que luchan y empujan por la democracia
sindical. Por eso, los duros conflictos
que se avecinan requerirán del apoyo
de todos.
Como ahora, frente a la salida a las rutas
de los pequeños productores, se requiere
nuevamente rodear de solidaridad a este
sector para que le tuerza el brazo definitivamente
al gobierno. Apoyando la necesidad de retenciones
diferenciadas, regionalizadas y coparticipables,
así como de avanzar en una reforma
agraria integral y la nacionalización
del comercio exterior para separar la paja
del trigo.
Poner en pie
un nuevo modelo y una nueva alternativa
La nueva situación está cambiando
el mapa político del país.
Desde arriba, con la dificultad de no contar
con los viejos partidos y la añorada
alternancia, van a trabajar seguramente
en la necesidad de preparar un recambio
político preventivo de una debacle
anticipada del gobierno. La ausencia de
una alternativa sólida, ha sido un
punto de sostén del kirchnerismo,
pero también un signo de la profunda
crisis del régimen que dejó
el argentinazo.
La búsqueda no viene “por derecha”
y Macri debe lidiar con los reclamos capitalinos,
demostrando todavía que es capaz
de gobernar.
Carrió se ha reunido con radicales
y socialistas para explorar una salida,
aunque no han propuesto nada nuevo hasta
el momento. Nada que responda al cambio
de fondo que hace falta.
Los vientos de cambio que recorren Latinoamérica,
disipada la ilusión kirchnerista
que se había presentado falsamente
como los embajadores de ese proceso, deben
ser recogidos en nuestro país para
vertebrar una nueva alternativa política
amplia y unitaria. Que convoque a todos
aquéllos que estén por un
nuevo modelo de país, al servicio
de los trabajadores, la clase media castigada
y los sectores populares. Que rompa la dependencia
con los Estados Unidos y los organismos
financieros internacionales, que termine
con la concentración económica,
combata la inflación y distribuya
la riqueza en función de las necesidades
de salario, jubilación, trabajo genuino,
salud y educación. Que recupere los
recursos naturales estratégicos como
se hace en Venezuela y Bolivia. Que recupere
el tren y los servicios públicos
para el pueblo. Que termine con el autoritarismo
y ponga en manos del pueblo democráticamente
las decisiones.
Para ello, desde el MST y Nueva Izquierda,
proponemos abrir este debate.Y empezar a
dar pasos en ese sentido a Pino Solanas
y Proyecto Sur, a los sectores de la CTA
críticos del gobierno y que están
impulsando la Constituyente Social, al ARI
disidente, a los luchadores sindicales y
sociales, a todas las fuerzas políticas
de izquierda que tengan la decisión
política de sumar esfuerzos para
construir una alternativa amplia no sectaria
que se proponga un cambio de fondo. El cambio
de escenario en el país, significa
una nueva oportunidad para que, sin mezquindades,
pero con decisión y firmeza, pongamos
manos a la obra.
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