| Derrotar
a los separatistas
El pueblo, el proceso revolucionario y el
gobierno de Evo Morales viven momentos de
tensión ante los intentos de la oligarquía
y los latifundistas de la zona del país
denominada Media Luna que – apoyados
por EEUU– pretenden avanzar en un
plan autonomista y separatista orientado
a garantizar sus privilegios y derrotar
el proceso revolucionario en curso. Pasó
el referéndum de Santa Cruz, hay
convocados otros tres, y Evo Morales convocó
a un referéndum revocatorio para
su cargo pero que alcanza también
a los prefectos de las zonas separatistas.
Se vienen meses clave, donde hacen falta
medidas políticas, económicas
y sociales que fortalezcan a las bases indígenas,
obreras y campesinas para que ganen esta
lucha. También es necesaria la movilización
y el apoyo internacional a la revolución
boliviana.
El
intento de los prefectos de Santa Cruz,
Tarija, Pando y Beni de avanzar en la autonomía
de esas regiones tiene profundos intereses
económicos. El objetivo es garantizarse
bajo nuevos estatutos regionales el control
de sus tierras y todos los recursos naturales
y energéticos de la zona. Estos sectores
políticos, que encabezan grandes
propietarios de tierras y empresas, rechazan
en primer lugar la Constitución aprobada
en diciembre de 2007, que en el tema tenencia
de tierra fija un máximo de cinco
a diez mil hectáreas. Muchos de ellos
poseen extensiones muy superiores y anteriormente
se permitía 50.000 mil. Al mismo
tiempo, como en esta región están
las zonas más ricas en gas, intentan
garantizarse el derecho a la explotación,
utilización y administración
de los mismos, dejando así al resto
de Bolivia en la más absoluta pobreza.
La debilidad
del referéndum de Santa Cruz
El domingo 4 de mayo se realizó el
referéndum sobre la autonomía,
ilegal porque no contaba con el aval de
ninguna instancia nacional habilitada para
regir sobre estos temas. Se hizo por decisión
política de la oligarquía
regional, que por la noche mostraba por
televisión sus festejos ante un 85%
de votos a favor. La realidad era bastante
distinta. En primer lugar, porque un 40%
no fue a votar, y un 15% aproximadamente
voto en contra o nulo. Con lo cual, más
de la mitad de su propia región no
apoyó el proyecto separatista. El
Comité Cívico, que organiza
el proceso, se apoyó en la UJC (Unión
de Juventudes de Santa Cruz) para incluso
atemorizar o castigar a sectores pobres,
con el saldo de un muerto por la represión
tras un enfrentamiento. Y como tantas otras
veces, la Iglesia jugó a su favor:
de hecho el Cardenal Julio Terrazas fue
a votar por el SI, agravando la crisis política.
Pero lo más dinámico fueron
precisamente sectores campesinos y populares
que cortaron rutas, hicieron barricadas
y enfrentaron de diferentes formas el referéndum.
Además, días antes Evo Morales
anunció la reestatización
de Repsol y la telefónica, buscando
fortalecer a su sector en medio de esta
disputa. Los otros referéndum programados,
Beni y Pando el 1º de junio y Tarija
el 22 de junio, tienen esta complicación
por delante. A la que se suma la última
iniciativa de Evo: convocar a un referéndum
revocatorio que obliga a la oligarquía
a repensar sus planes.
El referéndum
del 10 de agosto
A través de la promulgación
de una ley, el 12 de mayo Evo Morales decidió
someter su mandato y el de los nueve prefectos
del país (una especie de gobernadores)
al mandato popular. Es decir, se vota por
si el Presidente, el Vicepresidente y los
prefectos se van o se quedan en sus cargos,
cuando todavía les faltaban dos años
y medio de mandato a todos. Evo será
revocado si los votos en su contra son superiores
al 53%, que obtuvo cuando ganó. Resultado
que se le hará difícil de
lograr a la oligarquía. Mas difícil
es para los prefectos que han sacado todos
menos del 50% o del 40%. No es casual que
en ese marco el Prefecto de Pando, Leopoldo
Fernández, declare sobre la convocatoria
de Evo: “creo que ha sido una decisión
equivocada totalmente, porque no resuelve
la situación, no resuelve los asuntos
que hacen crisis política en el país”.
Mientras tanto, otros dirigentes opositores
piden congelar la consulta. En esta realidad
se apoya el cálculo del gobierno
del MAS para esta iniciativa, aunque a la
vez varios de sus propios dirigentes evalúen
levantarlo si se retoma el diálogo,
ubicándose mas favorables a una negociación.
Los sectores autonomistas, que en el fondo
lo que buscan es también terminar
de conjunto con el proceso revolucionario,
se encuentran ahora con este problema y
tienen enfrente a una mayoría indígena
y popular que le pide a Evo más fuerza
y decisión. Y también “todo
lo necesario” para defender el proceso
durante estos meses. Llegado el referéndum,
tenemos que apoyar y hacer campaña
por la continuidad de Evo Morales y del
proceso revolucionario, y votando contra
los prefectos y su plan autonomista apoyado
por EEUU a través de su embajador
Philip Goldberg.
Profundizar las medidas atacando los intereses
de la oligarquía
El
gobierno de Morales ha convocado más
de una vez al diálogo. Y lo volvió
a reiterar cuando anunció el referéndum
de agosto. El vicepresidente Lineras estos
días volvió a pedir diálogo,
y nuevamente fue rechazado por la oposición.
Más allá que al igual que
en cualquier pelea es lícito o a
veces necesario tener distintas tácticas,
creemos que en este momento, con la burguesía
intentando consolidar su ataque y exigiendo
el reconocimiento de los referéndum
autonomistas como condición, lo central
debe ser tomar medidas contra sus intereses
económicos. En primer lugar, porque
si bien el gobierno del MAS representa a
los sectores indígenas, campesinos
y pobres, el país sigue todavía
bajo una estructura capitalista que le da
sostén a la política separatista.
Hay muchos sectores económicos y
millones de hectáreas en manos de
la burguesía y los latifundistas.
Y la única manera de preparar con
más fuerza su derrota en agosto es
avanzando en nuevas medidas que vayan poniendo
en manos del conjunto del pueblo las riquezas,
tierras y bienes del país. Debatiendo
una profunda reforma agraria, expropiando
las empresas de los sectores que encabezan
el plan separatista. Expulsando de las Fuerzas
Armadas a quienes no estén a disposición
de defender el proceso revolucionario o
apoyen a los autonomistas. Y muy importante,
facilitando todo el material necesario para
que las organizaciones indígenas,
campesinas y obreras estén preparadas
para defender el proceso y la integridad
del país si la oligarquía
pretende seguir con su plan. Como bien plantean
desde Venezuela los compañeros de
Marea Socialista: “También
es necesario nacionalizar las empresas que
ellos poseen, sus cuentas bancarias en el
exterior, sus privilegios impositivos y
sus bancos. La cancelación de las
concesiones o autorizaciones para funcionar
a los medios de comunicación golpistas
y separatistas es otra medida fundamental
para que no tengan el poder de mentirle
más al movimiento de masas boliviano
y a la opinión pública internacional”.
En este sentido, es muy necesario también
que se manifieste un apoyo internacional
efectivo. Chávez ha dicho varias
veces que intervendrá si pretenden
dividir a Bolivia. Es importante, pero hace
falta concretar. Venezuela, Cuba, Ecuador
y Nicaragua pueden lanzar un llamado continental
a defender a Bolivia y al proceso revolucionario.
Y todas las organizaciones socialistas y
revolucionarias del continente debemos ser
parte de una campaña para derrotar
los planes del imperialismo y la burguesía
boliviana. Porque además –y
en última instancia– lo que
se está jugando en Bolivia es la
lucha entre un proceso de cambios continental
y el imperialismo que quiere recuperar el
control sobre toda la región. La
mejor manera de afianzar una profundización
del avance pasa hoy por derrotar en Bolivia
a los separatistas y golpistas.
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