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podía haber logrado mucho más
si se hubiera organizado desde las bases
el paro
Acaba
de terminar el conflicto que durante semanas
se desarrolló en la actividad petrolera
de Santa Cruz. El resultado final implica
un aumento del 15 % para los trabajadores;
aumentos en ítems secundarios y una
bonificación especial por única
vez según la empresa. Indudablemente,
el conflicto deja una serie de elementos
de análisis para tomar en cuenta
de cara a las luchas que se vienen en el
sector y el conjunto de los trabajadores
del país.
El acuerdo final cerrado por las operadoras
con la conducción del sindicato de
petroleros privados de Santa Cruz concreta
aumentos del orden del 15 % y otras reivindicaciones.
El paro fue un hecho político y social
mayúsculo a lo largo de las semanas
en que se desarrolló. La actividad
petrolera paralizada en la zona norte de
Santa Cruz le impuso su propia dinámica
a la vida de esa región. La ligazón
a las actividades hidrocarburíferas
de la población de esa zona es total.
Por eso, sacar conclusiones analizando este
nuevo conflicto tiene implicancias gremiales,
sociales y políticas. El centro de
la escena estuvo en los piquetes y la negociación
llevada adelante por la conducción
burocrática y kirchnerista del sindicato.
El resultado del conflicto confirma la fuerza
de los trabajadores, pero también
expresa las consecuencias prácticas
de no contar con una firme, combativa y
democrática conducción sindical.
Irresponsabilidad y aventurerismo: las marcas
de la dirección gremial de petroleros
Todos los rasgos clásicos de lo peor
de la burocracia sindical se expresaron
en la directiva encabezada por el “Chaco”
Segovia en este conflicto. Días antes
del proceso electoral en el gremio, se decreta
un paro por tiempo indefinido sin asamblea,
ni consulta orgánica a las bases.
A lo perdonavidas, como un barrabrava del
sindicalismo santacruceño, “decidió”
una medida de fuerza. Por supuesto, tampoco
se discutió en las bases el pliego
de reivindicaciones. Este método
que es parte de una política globalmente
irresponsable y aventurera, llevó
a los trabajadores honda confusión,
incertidumbre y profunda desconfianza. Claro,
la conducción que en 4 años
no convocó una sola asamblea, que
la única realizada antes de las elecciones
la perdió por paliza y anuló
sus resoluciones posteriormente; ese personaje
nefasto, ahora resulta que se decidía
a desplegar una inédita combatividad,
casualmente a días de las elecciones.
¿Por qué no consultó
a las asambleas? Porque las bases hubieran
impuesto su pliego de reclamos (no el 15
% de aumento salarial, sino el 35 % o 40
% por lo menos); porque las bases hubieran
impuesto una organización democrática
para conducir el conflicto sin confiar en
Segovia y su camarilla mafiosa y porque
en definitiva, le hubiera arrebatado la
manija del conflicto. Ese es el transfondo
de la cuestión y esas son las razones
del resultado de la lucha
Reafirmar la necesidad de fortalecer un
fuerte polo unitario de oposición
en petroleros
Ya lo escribieron nuestros compañeros
petroleros en el número pasado de
esta prensa a propósito del balance
electoral: hace falta unificar a la oposición
para responder a los problemas de los trabajadores
y arrebatar el comando gremial a la camarilla
de Segovia.
Esta lucha vuelve a demostrar y poner a
la orden del día esa necesidad. Sin
una fuerte oposición organizada que
dispute en cada empresa la representación
de los compañeros; que sea un fuerte
bloque en el cuerpo de delegados y que se
exprese ante cada hecho de la realidad que
afecte a los trabajadores con su propia
salida alternativa, cada conflicto conducido
por Segovia va a seguir dilapidando energías
de los trabajadores, confundiendo y desmoralizando.
Es impostergable responder a ese desafío.
En los trabajadores petroleros está
la decisión y la oportunidad.
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