| No
al tren bala si al tren para todos
Pasan las semanas y en todo el país
sigue avanzando la campaña unitaria
de distintas organizaciones sociales, políticas
y sindicales, contra el proyecto del Tren
Bala del gobierno. El millón de firmas
que nos propusimos está cerca, ya
rondamos las 700 mil, y la meta puede superarse
ampliamente, porque en todos lados los trabajadores,
jóvenes y sectores populares adhieren
con su firma. No es casual, el pueblo que
sufre la falta de un sistema nacional de
trenes o los que viajan en el desastroso
servicio actual, se suman con su firma y
también a los actos y otras actividades
que estamos realizando.
Convocamos a nuestros lectores que aún
no han firmado a que lo hagan, a que se
sumen sus familiares y amigos y compañeros
de trabajo o vecinos. Porque todo el país
tiene que hacer sentir con fuerza el repudio
al proyecto del Tren Bala y la necesidad
de volver a un sistema nacional público,
económico, ecológico y popular.
Hay
un dicho popular usado para expresar que
un sólo hecho o cir cunstancia puede
pintar a una persona de cuerpo entero. Dice
“Para muestra, basta un botón”.
En este caso, aplicado a los Kirchner, se
podría decir “Para muestra,
basta un tren bala”. Todas las mentiras
políticas usadas como banderas del
gobierno se transforman en jirones al posar
la mirada en el proyecto faraónico
que, incluso, hay que ver si se concreta.
Ya hay una campaña nacional amplia
y unitaria, que reflejamos en estas páginas
y que tenemos que impulsar con todas nuestras
fuerzas.
¿Nueva política?
Otros presidentes usaron el anuncio de proyectos
faraónicos para intentar fortalecer
y renovar su imagen haciéndonos creer
que vamos a entrar en el “primer mundo”,
en la “modernidad” y para desviar
la atención generalizada de los grandes
problemas de las mayorías. Menem
fue un especialista: fue el primero en hablar
de hacer un tren bala y hasta de viajes
por el espacio, que salían a la luz
a partir de sus propias elucubraciones.
Los Kirchner lo imitan con su tren de alta
velocidad, en medio de una pobreza creciente,
crisis energética, crisis vial, crisis
social y crisis con el campo, tomando las
decisiones con soberbia y entre dos o tres
funcionarios, a espaldas de las grandes
mayorías. No es nueva política
sino viejo verso.
¿Gobierno
popular y de inclusión social?
Millones viajamos en tren todos los días.
Viajamos es una forma de decir, en realidad
somos transportados en vagones, como ganado:
apretados y en las peores condiciones. Literalmente,
con cada boleto que sacamos, adquirimos
el “derecho” a correr el serio
riesgo de un accidente, de tener que cambiar
de formación, de llegar a cualquier
hora al trabajo y otros serios contratiempos,
dignos de viajar en un tren fantasma, comandado
por las empresas privadas. Miles de pueblos
están aislados por el cierre de ramales
que los coloca al borde de la marginalidad.
La respuesta de los Kirchner frente a esta
tremenda realidad es ignorarla y favorecer
a los casi ricos que puedan pagar un boleto
de entre $ 300 y 600. Durante el gobierno
de Perón se hizo algo completamente
distinto. El de Cristina no es un gobierno
popular ni de inclusión social, sino
que está al servicio de los ricos
y de empujar a millones de argentinos hacia
la marginalidad.
¿Un
País en serio?
Está absolutamente demostrado en
el mundo que utilizar trenes abarata cualitativamente
costos de traslado de la producción,
disminuye la cantidad de accidentes en las
rutas al trasladar los camiones en vagones
y que cumple una enorme función social,
uniendo a las distintas poblaciones del
país. Considerar esta realidad palpable
en los países “desarrollados”
sería un elemental síntoma
de seriedad. El tren bala, no puede hacer
ninguna de estas cosas. Lejos de ser un
gobierno serio para lograr una Argentina
seria, los Kirchner encabezan un gobierno
de aventureros, pocos serios, acostumbrados
a gobernar una provincia como patrones de
estancia, no son capaces de lograr un desarrollo
serio ni siquiera en los limi-tadísimos
márgenes del capitalismo que defienden.
¿Se enfrenta la concentración
y la corrupción?
Las medidas gubernamentales favorecen a
las multinacionales y a los grandes patrones.
Por eso, el empren-dimiento lo realizará
la multinacional francesa Alstom S.A. que
embolsará siderales ganancias. Dicho
sea de paso, esta empresa tiene inversiones
en varios países del mundo. Uno de
ellos es Brasil en dónde está
siendo investigada por pago de coimas y
corrupción. Con el tren bala, el
gobierno de los Kirchner, sigue concentrando
la riqueza en pocas manos y lejos de la
trasparencia, se envuelve cada vez más
en la corrupción propia y la que
llevan a cabo los socios que elige.
¿Hay
distribución de la riqueza?
El enorme superávit fiscal y los
fondos del estado se usan para pagar la
deuda externa al FMI y al Club de París.
La construcción del tren bala se
hará emitiendo deuda pública
por 400 millones de dólares en 30
años, sólo al inicio. Aunque
nadie sabe cuánto costará
realmente, de dice que serán 10 mil
millones. Esto no hará más
que acarrear mayor endeudamiento. A la población
no llega nada, se podría reactivar
los ramales nacionales y, en distintas etapas,
hacerlo extender para llegar a todo el país,
invirtiendo en plantas de laminado de rieles,
locomotoras, vagones de cargas, coches de
pasajeros, arreglo y construcción
de estaciones y talleres. Se podría
aprovechar la experiencia de miles de ferroviarios
que fueron despedidos con la privatización.
La puesta en ejecución de semejante
obra pública generaría miles
y miles de puestos de trabajo genuino para
atacar la desocupación. Con el tren
bala, la riqueza acumulada del país
no llega a la mayoría del pueblo
trabajador, ni al campo, no llega a los
de abajo. El gobierno de los Kirchner no
distribuye la riqueza sino que laconcentra.
Los Kirchner son lo mismo que los anteriores
gobiernos que nos hundieron, “para
muestra, basta un tren bala...”
Rubén
Tzanoff
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largó la campaña por el tren
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