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la lucha y que el pueblo decida
El
conflicto agrario se convirtió de
finitivamente en un problema nacional que
afecta a todos los sectores. Primero, porque
desde hace diez días los transportistas
se sumaron con sus propias acciones en las
rutas. Además, en el interior del
país son pueblos y ciudades enteras
los que apoyan el reclamo agrario y ya están
sufriendo las consecuencias de un conflicto
al que el gobierno no le da solución.
En las grandes ciudades, tras cien días
de soberbia kirchnerista, la inflación
no se detiene, comenzaron a faltar alimentos,
y falta combustible. La teoría del
gobierno de “un reclamo sectorial”
choca contra la realidad de un país,
que vive su peor crisis desde que el kirchnerismo
asumió el poder nacional.El conflicto
agrario se convirtió definitivamente
en un problema nacional que afecta a todos
los sectores. Primero, porque desde hace
diez días los transportistas se sumaron
con sus propias acciones en las rutas. Además,
en el interior del país son pueblos
y ciudades enteras los que apoyan el reclamo
agrario y ya están sufriendo las
consecuencias de un conflicto al que el
gobierno no le da solución. En las
grandes ciudades, tras cien días
de soberbia kirchnerista, la inflación
no se detiene, comenzaron a faltar alimentos,
y falta combustible. La teoría del
gobierno de “un reclamo sectorial”
choca contra la realidad de un país,
que vive su peor crisis desde que el kirchnerismo
asumió el poder nacional.
El gobierno no tuvo mejor ocurrencia que
responder al reclamo con gendarmería
y represión. Y comenzó por
Gualeguaychu y por De Angeli. La respuesta
no se hizo esperar. En minutos, los chacareros
retomaron la ruta y en todo el país
comenzaron a sucederse cortes y acciones
de repudio. Al anochecer, el regreso de
De Angeli se convirtió en un acto
masivo que terminó fortaleciendo
a los autoconvocados, lo opuesto que los
kirchner habían pensado a la hora
de decidirse a reprimir. La jornada terminó
con una clara derrota del gobierno.
Cachetazo popular al provocador D´Elia
y a sus jefes
El lunes 16 de junio, el vocero favorito
de los kirchner amenazó con alzarse
en armas contra un supuesto golpe. Nuevamente,
quisieron atemorizar a los chacareros y
a los amplios sectores de la población
que apoyan el reclamo. Otra vez, la respuesta
no se hizo esperar. Comenzaron a concentrarse
en todo el país manifestantes en
repudio. No hubo una provincia donde no
hubiera acciones, concentraciones o cacerolazos.
En Gualeguaychu y las ciudades centrales
del conflicto hubo pueblos enteros movilizados.
En las grandes ciudades la concentración
fue muy superior a las anteriores. Miles
llegaron hasta el Congreso en Capital, más
de veinte mil en el Patio Olmos de Córdoba,
más de diez mil en el monumento en
Rosario, Otros miles en 7 y 50 en La Plata.
Hasta en provincias tan diversas como Tucumán
o Santa Cruz hubo miles protestando o directamente
en cacerolazos o en bocinazos masivos. La
crisis con el campo terminó generando
una crisis política de evidente magnitud.
El 16 de junio confirmó que el país
que nació tras el argentinazo el
2001 sigue presente, y la debilidad del
régimen político actual, también.
Esta jornada, terminó en otra clara
derrota del gobierno y el régimen
K.
La ley y la
trampa
Mientras Kirchner confirmaba el 17 de junio
en medio de mentiras, el acto oficial en
Plaza de Mayo, la Presidenta dos horas después
sacaba a la luz su nueva jugada: “si
no alcanza con el apoyo que tuve para decidir
las retenciones, entonces las mando al Congreso”.
Aunque la frase pudiera parecer de fortaleza,
en realidad es la confirmación del
golpe recibido por el gobierno. Diez días
antes, la misma Cristina había decretado
el fin del conflicto y dicho que “no
se habla más”. Con miles en
la calle, no tuvo otra alternativa que seguir
hablando. Además, el anunció
del gobierno esconde una nueva mentira y
maniobra política: el proyecto enviado
al Congreso no admite modificaciones. Es
decir se simula un debate oral, para que
el gobierno aplique luego la mayoría
automática… a esto le llama
más democracia. Muchos sectores venían
reclamando que el Congreso funcionara. Por
la presión social ahora parte del
debate se traslada dentro de esta institución.
Pero poco puede esperarse de este ámbito,
aunque es correcto exigirle a los diputados
opositores y a sectores del kirchnerismo
que dicen apoyar la lucha agraria, que rechacen
el método del gobierno, propongan
la suspensión de la resolución
125 y un debate a fondo, con invitaciones
a los autoconvocados y a los chacareros
para que expresen sus posiciones. Es por
esta razón, que a los miles que en
todo el país vienen garantizando
las asambleas y piquetes, les proponemos:
no bajen la guardia, no salgan de la calle.
No se confíen de este gobierno. Mantengan
el reclamo y sus acciones, soliciten reuniones
con los diputados y los bloques. Y sobre
todo, ya es hora de preparar una gran marcha
Federal al Congreso el día que se
trate el tema. Que sientan toda la fuerza
del movimiento de lucha. Para que caiga
la resolución 125 y para forzar que
surja una nueva ley que contenga las retenciones
diferenciadas, segmentadas y coparti-cipables,
para que los pequeños productores
logren soluciones y que la plata de las
retenciones a los grandes vuelva a los pueblos
y ciudades y no se vaya a la deuda y a la
chequera K.
¿Quien
debe decidir? Elecciones a una Asamblea
Constituyente
La crisis que vivimos estos meses, puso
en evidencia también el fracaso del
régimen político que tenemos.
En nuestro país, detrás de
los discursos, lo que existe en verdad es
que cuatro personas deciden sobre todo.
Los Kirchner y los Fernández tienen
poder absoluto y están llevando al
país a una catástrofe, que
como siempre, la pagan los que menos tienen.
¿Cómo puede ser que tras 100
días de crisis los afectados del
campo y la ciudad no sean escuchados? Alberto
Fernández, lo dijo con toda claridad
en su última Conferencia de Prensa:
“no puede ser que para tomar una decisión
sobre un sector haya que consultar al sector,
así no hay gobernabilidad”.
Más claro imposible, el círculo
cerrado decide y el país tiene que
aceptarlo. Para desgracia del gobierno,
el país no lo acepta y por eso crecen
las movilizaciones y cacerolazos. Pero esta
crisis muestra que es necesario buscar una
salida política y democrática.
Nos oponemos a un régimen donde el
pueblo no decide, y también a los
llamados de algunos opositores a esperar
hasta el 2009 para cambiar la situación.
En el Congreso, el kirchnerismo impulsa
una nueva farsa y no habrá soluciones.
Por eso proponemos que se convoquen a elecciones
a una Asamblea Constituyente. Que se elijan
representantes en todo el país, para
que se debata y se decida que hacer con
el campo, con la inflación. Y con
otros grandes temas como el petróleo
y la minería, el sistema ferroviario
nacional, la situación salarial,
los hospitales y la salud pública
y todos los problemas sociales que afectan
a las mayorías. Porque en el fondo,
el gobierno vive su peor momento y también
el régimen político que lo
sustenta. Para solucionar los grandes problemas
que tenemos hay que lograr que seamos las
mayorías afectadas las que decidamos
democráticamente que hacer con el
presente y el futuro del país. Por
eso los trabajadores, los sectores y populares
y también los votantes y simpatizantes
de la izquierda, tenemos que apoyar con
fuerza a los pequeños productores
autoconvocados, y unir nuestros reclamos
a su lucha, para que triunfen todos los
procesos que enfrentan la política
y el antidemocrático régimen
de los Kirchner.
5
medidas para el campo y contra la oligarquía
1)
Retenciones diferenciadas, regionalizadas
y coparticipables. Diferenciadas para que
paguen mas retenciones los que mas tienen.
Regionalizadas para tomar en cuenta las
zonas del país y sus distintas posibilidades.
Coparticipables para que el dinero vuelva
a pueblos y ciudades para salud, educación,
rutas y otras necesidades.
Impuestos progresivos a la ganancia. Estamos
a favor que se les cobre a los que mas ganan
en el país. Y proponemos que se le
apliquen impuestos en todos los sectores
de la economía. Y que ese dinero
vaya al gasto social.
2) Reforma agraria. El país tiene
millones de hectáreas, muchas en
pocas manos y otras tantas sin utilizar.
Debatiendo una reforma que ponga la tierra
en manos de las mayorías y termine
con la concentración se mejoraría
enormemente la capacidad productiva del
país y la situación de miles
de pequeños productores, dándole
a la vez posibilidades de trabajar la tierra
a otros más.
3) Nacionalización del comercio exterior.
Hoy, las grandes exportadoras que el gobierno
apoya, deciden que exportar y se quedan
con la ganancia mientras millones en el
país no comen o lo hacen mal. Si
el estado recupera el control del comercio,
puede decidir que exportar y cuanto, priorizando
en primer lugar las necesidades populares
en materia de alimentación.
4) Subsidios efectivos a los pequeños
productores. Basta de subsidiar grandes
empresas. Son los pequeños productores
los que necesitan subsidios al gasoil, precios
diferenciales a sus gastos de producción
y que el estado priorice la compra de su
producción en forma directa, y no
que los grandes pools o exportadores los
estafen con su trabajo.
Sergio
García
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Hay
una nueva derecha… y esta en la Rosada
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