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Juicio a Darío Poblete, asesino material de Carlos Fuentealba:

"Vi cuando apunta y dispara, no se me olvida más"

Marcela Roa es una docente de perfil bajo, que siempre está presente en cada lucha. Una docente que adquirió protagonismo a partir de su «impecable» declaración en el juicio el pasado viernes 6 de junio. Es una mujer inmensamente valiente y de una gran convicción, que siguió a un asesino en el medio de la represión y mantuvo su fortaleza para contarlo a viva voz, a través de su declaración.

Marce, ¿qué fue lo que pasó el 4 de abril del año pasado?

Llegamos a las 8,30 hs a la estación de servicio; 6 transportes completos y muchos autos con centenares de personas. Al llegar, los transportes se retiraron por lo que tuvimos que continuar a pie. Cuando nos acercamos, la ruta estaba cortada por muchos uniformados con sus superiores, entre ellos Rinzafri, y el camión hidrante.
Marcelo Guagliardo, Gustavo Aguirre y otros compañeros estaban diciéndole que nos permitieran reunirnos cuando llegara más gente para poder retirarnos; ellos no contestaron nada. Comenzaron a llegar compañeras y compañeros, nos retirábamos y alguien grita de atrás “CORRAN, NOS VAN A GASEAR!”. En ese instante, no habían pasado diez minutos, no habíamos llegado a la banquina cuando comenzaron los gases y las balas de goma. Nos corrían, algunos/as nos refugiamos en la estación de servicio y los gases rebotaban en el techo, en los surtidores y en un camión que estaba descargando combustible. Era una locura, disparaban y se reían. Otros/as corrieron hacia el campo abierto, entre ellos/as personas mayores, jubilados/as militantes. Pude ver como dejaban que se reunieran, les tiraban gases y se dispersaban. En ese momento, los policías que se encontraban uno al lado del otro con una rodilla en tierra, les disparaban balas de goma, hacían esto una y otra vez, como un juego perverso.
Al costado de la estación un compañero discutía con un hombre de camisa y corbata, que tenía un arma reglamentaria en la cintura y algo así como un rifle. El compañero le mostraba su espalda herida y cuando se da vuelta para subirse a su auto, el hombre no cesó de dispararle. Se llama Benito Mattus, un policía que estaba de civil, guardaespaldas personal de Jorge Omar Sobisch.
Se acercan dos policías con ropa común a la estación y nos piden que salgamos de a dos, “así no nos pasaba nada”. Nos negamos y salimos todas juntas; los empleados estaban con un ataque de nervios.
Subimos a la ruta, muchos caminando y muchos autos repletos, ibamos a paso de hombre cuando nuevamente comenzaron a corrernos con gases y balas de goma. Subimos a distintos autos pero estaban tan llenos que muchos nos bajamos. La camioneta de ATEN Capital, conducida por Osvaldo Peña, impedía que el hidrante nos alcanzara. Comenzaron los gases y las balas de goma nuevamente; logramos acomodarnos en autos los que estábamos a pie. Me siento en la parte trasera de un Renault 12, mirando hacia atrás por la luneta. Alguien grita desde atrás ¡AMBULANCIA! pero no era una ambulancia lo que venía, sino dos trafics policiales repletas de uniformados que ocuparon más de la mitad de la ruta. Un grupo se desplaza rápidamente y logra hacer a un lado la camioneta de ATEN, pasa el hidrante y mientras esto sucedía los policías le daban culatazos a un 147 que quedó atrapado. El auto salió zigzagueando de allí, buscando un lugar. Los otros uniformados que bajaron, se habían quedado formados al costado del transporte menos uno que estaba solo, al lado de la formación, como si no perteneciera a ella. El 147 le pasa cerca, el policía hace gestos de enojo, camina en dirección al auto, se levanta la visera, apunta y dispara con el arma lanzagases a una distancia aproximada de un metro o metro y medio. Yo grito ¡LES DISPARARON! Y nos largamos del auto en movimiento. Dos compañeros, rompiendo la luneta, sacaron a Carlos  que convulsionaba y despedía sangre a borbotones por la nariz, la boca y un agujero que tenía en su cabeza. El hidrante relanza agua a la cabeza del compañero que estaba en el piso. Como yo no podía ayudar, decidí correr al asesino pues tenía miedo que se mezclara con el resto y lo perdiéramos de vista. Mientras corría le gritaba: ¡ASESINO HIJO DE PUTA, YO TE VI, VOS LO MATASTE! Nunca se dio vuelta, cruzó el cordón policial, tenían escudos, dos policías vestidos como él se le acercaron y pusieron uno a cada lado. Lo condujeron hacia una trafic y se escondieron. Me dio una crisis de nervios, se me acerca un compañero, Víctor Jacomo y le digo “negro, lo tienen ahí”. Él se acerca al lugar, yo lo sigo y Benito Mattus me apunta con el arma a la cabeza. Le digo “dispará, total está lleno de medios”; se sonríó y se corrió del lugar.
Nos volvimos después de increpar a todos los uniformados que encontramos. En el regreso, por la banquina nos seguían las trafics repletas de policías que nos apuntaban, se reían , se agarraban los testículos, nos insultaban…

 ¿Qué sentiste cuando declaraste? 


Mientras declaraba tenía mucho odio, pero hubo un momento de satisfacción: cuando señalé a Poblete y no pudo sostenerme la mirada, cerró los ojos y agachó la cabeza.
Cuando salí, me dio mucha emoción encontrarme con mis compañeros y compañeras, nos abrazamos y lloramos mucho.

¿Qué opinión te merece el juicio?

En cuanto al juicio, todavía falta declarar mucha gente a favor y en contra del acusado pero tengo confianza que el asesino no sale libre, tenemos que lograr la pena máxima. Esto no termina el 23 de junio o el día que lean la sentencia. Debemos seguir por la cadena de mando hasta encarcelar también a Sobisch... por el compañero Carlos Fuentealba y por todos/as nosotros/as.

¿Qué le dirías a l@s compañer@s que lean este artículo?

Quisiera que todos los que lean este artículo ayuden desde el lugar que estén a que no suceda nunca más algo así. Para eso debemos seguir luchando por nuestros derechos, en la calle, en nuestros lugares de trabajo, en los sindicatos, partidos políticos y no sentirnos amedrentados sino más fuertes que nunca porque como dicen nuestra queridas Madres de Neuquén “La única lucha que se pierde, es la que se abandona” 

 

 Entrevistó: Priscila Otton
 


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