| ¡Qué
crisis!
Cien días de paro agrario y seis
meses de Cristina en el gobierno y la situación
va de mal en peor. De un lado, centenares
de piquetes de productores y transportistas
autoconvocados, cacerolazos masivos, puebladas,
reclamos sociales diversos y mal humor popular.
En la vereda de enfrente, un gobierno que,
entre autoritarismo y autismo, se sigue
debilitando y está cada vez más
aislado de la población. No quiere
tomar nota del verdadero reclamo en boca
de millones: el modelo político y
económico que inauguraron los K.
hace 5 años ha fracasado y se impone
un cambio.
La
nueva situación política abierta
con la histórica rebelión
chacarera y el avance inflacionario -que
sacó a la luz la verdadera Argentina
que estaba semioculta detrás del
doble discurso K.-, se ha profundizado en
las últimas semanas. Tres elementos
se fueron haciendo cada vez más visibles:
la profundización del paro agrario
quedando cada vez más en claro que
son los pequeños productores autoconvocados
el actor excluyente al cual se sumaron los
transportistas que también protestan
“por cuenta propia”; la mayoría
de la población enfrentada con el
gobierno apoyando el paro agrario y reclamando
por la carestía y la soberbia del
gobierno; y el inédito desgaste de
Cristina que, a seis meses de asumir, ha
caído al 19% de popularidad, el menor
índice de aceptación que ha
tenido un gobierno desde el año 83.
Ya es tarde
para firmar el empate
Frente al desmadre de la situación
y las imprevisibles consecuencias para el
establishmen y los que ostentan el poder,
sin menguar las críticas de propios
y ajenos a las filas del gobierno, llovieron
los reclamos para que el gobierno deje de
lado el autismo y se abra a buscar una salida.
Hablaron Alfonsín, Duhalde y otros
personajes que emergieron del arcón
de los (malos) recuerdos, pasando por gobernadores
e intendentes que ven evaporarse su base
social, hasta la Iglesia que sacó
a relucir su preocupación. También
los oportunistas “opositores”
que aprovechan para criticar pero ruegan
por la “paz social”. Todos emplazaron
al alicaído gobierno para que se
ponga coto a la situación a la par
que pidieron que los chacareros vuelvan
a sus campos.
Parece que han tomado nota que han pasado
los tiempos de dibujar un “empate
técnico”, de pactar una salida
salomónica que disfrace la derrota
política del gobierno y le salve
la ropa a los dirigentes de la mesa de Enlace,
sobrepasados completamente por las bases
autoconvocadas. Porque ya nadie le cree
a un gobierno que ha hecho de la mentira
su modus vivendi, cuando varias veces se
suspendieron las medidas a la espera de
una negociación y porque la irrupción
campesina se ha radicalizado, colocando
varios puntos sobre la mesa de reclamos
que tocan los intereses de los grandes y
los pooles, porque saben que de esta gesta
depende su subsistencia. Por eso el gobierno,
pese a su debilidad, ha decidido salir a
matar o morir. Claro, que una cosa es la
intención, otra la realidad.
El desabastecimiento agrava una situación
que acicatea el mal humor social que señala
al gobierno y su modelo como principales
responsables de no solucionar los males
populares, mientras éste se dedica
a los negociados como el tren bala. Por
eso crecen las voces que temen ver en el
gobierno al Nerón que contaba sus
fortunas y tocaba la lira, mientras la Roma
de entonces se iba incendiando.
Ni las admoniciones de Cristina, ni las
afrentas de Néstor K. y sus socios
patoteros, ni las absurdas denuncias de
golpe (a las que apelaron todos los gobiernos
anteriores cuando entraron en su período
de ocaso), logran efecto. Tampoco los anuncios
unilaterales para el campo o de medidas
“de redistribución social”
que reconocen el problema pero no lo solucionan,
ni mucho menos la represión del sábado
pasado, han amilanado la protesta. Por el
contrario, cada iniciativa del matrimonio
echa más leña al fuego y empuja
a nuevos sectores al reclamo. Mandar al
Congreso un proyecto cerrado, es un tardío
reconocimiento del autoritarismo en las
decisiones, pero a la vez una nueva maniobra
para salir del atolladero. Las masivas protestas
espontáneas contrastando con un acto
en la Plaza basado sólo en el aparato,
muestran que la solución todavía
está muy lejos. Y que el gobierno
no se va a recuperar de tamaño cachetazo
popular.
Ni la zanahoria
ni el garrote paran la protesta
Cristina y su marido, han tratado de reposicionarse
con tres medidas sucesivas, frente al estrepitoso
fracaso de su campaña de “gobierno
popular” versus “oligarquía”,
destinada a aislar la protesta agraria y
que la amplia mayoría del pueblo
no creyó. Que arrancan sin decirlo
de tener que reconocer parte de la realidad,
para tratar de “tomar aire”
y seguir la batalla.
Primero modificaron la resolución
125 reconociendo que había que “corregir
las asimetrías”, con tibias
señales a un sector de los productores
pequeños.
Después lanzaron el “plan de
redistribución social” para
tratar de justificar la metida de mano en
el bolsillo a los chacareros, con el verso
de construcción de hospitales, escuelas
y caminos, con un pre “supuesto”
atado al vaivén de los precios internacionales.
Un absurdo inédito, cuando el único
hospital construido bajo la gestión
K. –“El Cruce” de Varela-
está semivacío, con personal
precarizado y sin financiamiento cierto
y el presupuesto de salud es el más
bajo de la historia.
Finalmente reconocen que la medida tiene
que ir al Congreso. Tratan de recomponer
su relación con sectores de sus propias
filas y de la oposición y descomprimir
la protesta. Pero mandan un proyecto cerrado
apostando a que la mayoría automática
oficialista lo apruebe sobre tablas. Una
nueva estafa. Por eso sigue el paro.
Después de hacer propaganda de la
fórmula utilizada por Zapatero para
despejar las rutas y haber intentado reprimir,
la Gendarmería fue rechazada y liberado
De Angeli con puebladas y protestas en todo
el país.
Ni la zanahoria de los anuncios unilaterales,
ni los intentos de garrote, logran apaciguar
los ánimos de la gesta agraria que
va por lo que le corresponde ni de la población
en las ciudades que está harta de
inflación y autoritarismo.
Y aunque sueñen con el pacto del
bicentenario, la realidad muestra a un gobierno
cada vez más solo. Frente a la extrema
debilidad de Cristina, que sufrió
una nueva caída en las encuestas,
su marido parece haber reasumido el gobierno
desde el bunker del “nuevo”
PJ y ha redoblado la extorsión con
la caja del superávit, para tratar
de retener a gobernadores e intendentes
para su proyecto. Hasta el acto de la Plaza
estuvo en duda 24 horas antes de realizarse
y casi sufre un desbande importante. De
todas maneras, se vio una plaza ordenada,
muy lejos de las glorias del pasado, de
las concentraciones peronistas masivas,
con menos gente que el 1º de abril,
pocos trabajadores y pueblo y mucho aparato,
poblada de funcionarios, patotas, burocracia
sindical y movimientos K prebendarios. Eso
sí, logró unir en un solo
grito a D‘Elía, los jerarcas
de la CGT, que postergaron su pelea por
el sillón, Yasky y un sector de la
CTA que se olvidaron del reclamo de la personería
y un variopinto de oportunistas que incluyó,
una vez más, a los dirigentes del
PC.
El paro agrario
sigue y crecen las demandas
Clarín sintetiza la honda preocupación
de los de arriba: “Los fantasmas
de la crisis del 2001 han vuelto (…)
Los dirigentes rurales casi han perdido
el control de la protesta (…) Sucede
en la Argentina una peligrosa desarticulación
de las instituciones en casi todos sus niveles
(…) Pululan los grupos definidos como
autoconvocados que responden sólo
al mandato de las asambleas plebiscitarias,
alejadas de cualquier sentido orgánico.
Los autocon-vocados han tenido un enorme
peso en la estrategia que debieron darse
los dirigentes de las entidades rurales.
Los autoconvocados del transporte fueron
también los que ayudaron a agudizar
el conflicto.”
Ha quedado claro, con el correr de las semanas,
quiénes son los verdaderos protagonistas
del conflicto. Desmitificando el principal
verso con el que el gobierno pretendió
ganar a la población, que se trataba
de un lock out de la oligarquía para
impedir redistribuir su renta y subir los
precios y que se preparaba un golpe de estado.
Salvo un pequeño sector de intelectuales
y, lamentablemente algunos luchadores y
sectores de la izquierda que consumieron
y reprodujeron estos argumentos, la gran
mayoría de la población se
ubicó con claridad en la vereda de
enfrente al gobierno. Apoyando al campo
y/o canalizando su propia bronca por la
inflación, la carestía, la
crisis energética y el autoritarismo
del gobierno. Mostrando que los chacareros
ya no están solos en la pelea. Es
así que se repudió la detención
de De Angeli, se repudió la convocatoria
al acto en manos del provocador D‘Elía,
se masificaron los cacerolazos contra la
soberbia con miles en las calles.
Asimismo crecen los reclamos obreros y populares.
Reclaman en los barrios por el aumento de
la pobreza, cuyo punto más notable
fue la pueblada que tomó la intendencia
de la quiaca, donde se movilizó casi
el 50% de la población de la región.
Los secundarios se movilizan y cortan calles
por la falta de gas en las escuelas. Se
protesta en la universidad por la crisis
presupuestaria. Y en las filas del movimiento
obrero, crecen los conflictos y los reclamos
por la reapertura de las paritarias, ante
una inflación creciente que se devora
los aumentos salariales conseguidos.
La perspectiva es a mayores reclamos. En
un panorama en que la propia burocracia
sindical, ha reavivado sus internas, porque
al debilitarse el gobierno, está
nuevamente cuestionado su hijo dilecto Moyano.
Caló de la UOM, y hasta Lescano y
Andrés Rodríguez, suenan como
sucesores alternativos y es un secreto a
voces que se va a postergar el congreso
de la CGT. Estas grietas profundas facilitan
las peleas del movimiento obrero y le complican
más aún el panorama a un gobierno
que necesita como el agua solidificar un
acuerdo con las patronales y los dirigentes
vendidos, para acallar los reclamos y barrer
a las expresiones de recambio combativo
en las filas de los trabajadores.
Cuatro tareas para los luchadores
Frente al agravamiento de la crisis cuatro
tareas tenemos los luchadores políticos
y sindicales. En primer lugar redoblar el
apoyo al conflicto agrario. Proponiendo
e impulsando una gran marcha federal sobre
el congreso el día que se trate el
proyecto de Cristina, para que no pase.
Y apoyando todas las medidas que resuelvan
en las asambleas los chacareros movilizados.
Para lograr retenciones diferenciadas y
copar-ticipables, para que paguen los que
más tienen. Porque si ganan, ganamos
todos.
En segundo lugar uniendo estos reclamos
con las reivindicaciones de los trabajadores
y sectores populares, contra la inflación
y por el control popular de los precios,
por aumento de salario y de los planes sociales.
En tercer lugar sumando a los reclamos de
los trabajadores, los desocupados y los
sectores medios y del campo y la ciudad,
una demanda de salida a la crisis del país
que recorre la bronca cotidiana expresada
en los cacerolazos, en las rutas y en todos
los lugares. Todos reclaman que se termine
el autoritarismo. Que este gobierno deje
de resolver con superpoderes entre cuatro
paredes y con los amigos del matrimonio
de la Rosada. Tiene que decidir todo el
pueblo qué medidas tomar. Como deciden
en asamblea los pequeños productores.
Estamos frente a la crisis más importante
producida desde el 2001. Que demanda una
salida global y un mecanismo concreto para
que el pueblo debata democráticamente
y resuelva. No podemos esperar tres años
y medio de soberbia kirchnerista. Proponemos
luchar por la convocatoria a una Asamblea
Constituyente. Donde todo el pueblo participe
y decida qué hacer con el campo,
la inflación y se discuta un nuevo
modelo de país frente al evidente
fracaso del modelo K.
En cuarto lugar, frente al fracaso del modelo
y el gobierno kirchneristas y su PJ reciclado,
se ha producido el vacío político
más importante en muchos años.
Superior incluso al que existía cuando
se dio el argentinazo donde todavía
desde el régimen echaron mano a una
variante de recambio. No son salida las
falsas opciones opositoras que pretenden
aprovechar la crisis. Por eso es necesario
poner en pie una nueva alternativa política
amplia y unitaria para impulsar los reclamos
en curso y postular un nuevo modelo de país.
Desde el MST/Nueva Izquierda proponemos
abrir este debate y dar los pasos necesarios
buscando los puntos de unidad para conformar
un gran movimiento político donde
confluyan todos los sectores que estemos
por recuperar para los trabajadores y el
pueblo todos los recursos del país
que hoy están en manos de las privatizadas
y multinacionales como se hace en Venezuela
y Bolivia, que estemos por romper la concentración
económica en el campo y la ciudad
y redistribuir la riqueza para salario,
trabajo, salud, educación y obras
populares y romper la dependencia del imperialismo
y la deuda, avanzando hacia la segunda independencia
nacional.
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