| Liberación
o dependencia
En 1816 se proclamó nuestra independencia
en el Congreso de Tucumán. Años
de luchas y revolución de los patriotas
lograron quebrar los eslabones que nos encadenaban
al imperio español. Pasaron 192
años y ya no son los reyes de España
quienes nos dominan, sino el imperialismo
yanqui y sus socios. Es su odiada presencia
económica, política y militar
la que causa estragos en los pueblos. A
pesar del paso del tiempo, de los cambios
de gobierno y las transformaciones en todos
los ámbitos, sigue planteada la misma
tarea que tuvieron ante sí los libertadores
del 1800: lograr la independencia. El odio
generalizado a Bush y a EE.UU. y las movilizaciones
mundiales en su contra demuestran que es
una tarea viable. En América Latina
fue Cuba la que marcó el rumbo. Hoy
son Venezuela y Bolivia los países
que dan pasos al frente. En Argentina, ¿se
puede avanzar a la liberación con
los Kirchner? Aquí, nuestras propuestas
para lograr la segunda y definitiva independencia
nacional y continental del coloniaje yanqui.
España
conquistó América a sangre
y fuego. Fue un genocidio que duró
siglos. Pero el imperialismo español,
finalmente, fue derrotado.
En el territorio que hoy constituye nuestro
país, las invasiones inglesas desencadenaron
una crisis de la autoridad virreinal y el
armamento del pueblo criollo para derrotar
a los piratas. La posterior ocupación
de España por los franceses reforzó
las posiciones de los patriotas rioplatenses,
lo que desembocó en la imposición
de la Primera Junta de Gobierno, el 25 de
Mayo de 1810. Mientras San Martín
emprendía la liberación de
Chile y Perú, el 9 de Julio de 1816
el Congreso de Tucumán declaró
la independencia. Se abrió así
la oportunidad de construir un país
libre de la opresión imperial.
Sin embargo, las clases dominantes permitieron
y fomentaron que siguiéramos dominados
por el imperialismo inglés primero
y por el yanqui después, situación
que se mantiene en la actualidad.
Un rosario
de dependencia
Con el propósito de sostener el colonialismo
continental, apenas camuflado por los gobiernos
de turno, pretenden hacernos creer que fomentar
el combate al imperialismo es parte de un
“discurso del pasado” y que
ese enfrentamiento “ya no existe”.
No es así. A pesar de las distintas
circunstancias históricas seguimos
siendo víctimas de la dependencia.
Hoy nos oprimen el imperialismo yanqui,
potencias europeas y los socios y protegidos
de ambos: los organismos económicos,
políticos y militares internacionales
y sus empresas de saqueo.
Los efectos de la presencia imperialista
no son perceptibles sólo a los ojos
de “entendidos”, ni se localizan
a miles de kilómetros de distancia:
Argentina fue moldeada a imagen del boceto
del capitalismo dependiente y lo sufrimos
cotidianamente en el terreno económico
y en la infraestructura del país.
Unos pocos contrajeron y usufructuaron una
deuda externa fraudulenta que pagamos y
pagaremos todos durante años. Con
cada dólar girado al exterior por
los militares, Alfonsín, Menem, De
la Rúa , Duhalde y los Kirchner,
se esfumaron miles de puestos de trabajo,
sueldos, escuelas, hospitales y caminos.
En menos de diez años se acabará
el petróleo, ya se importa gas y
electricidad en una enorme proporción.
La privatización-regalo de YPF a
Repsol motivó que se llenaran de
dinero a costa de no invertir en la exploración
de nuevos pozos. Tampoco se invierte en
la producción de energía.
Esto se siente en la falta de gas para calefaccionar
hogares en invierno, en la falta de electricidad
para refrescarlos en verano y en la escasez
y carestía de los combustibles que
utilizan la industria y el transporte tanto
público como privado.
La red ferroviaria nacional fue desmantelada
y privatizada, dejando a miles de obreros
en la calle y a millones de usuarios a merced
de los mezquinos intereses empresariales.
Las fábricas estatales de industria
pesada se liquidaron a bajo precio, con
pocos empleados y manos libres para los
nuevos dueños.
“Mejor que prometer es realizar”
Hubo argentinos que estuvieron de “luna
de miel” con los Kirchner y creyeron
en su moderada y esporádica prédica
antiimpe-rialista. Hoy, aunque muchos menos,
hay quienes siguen sosteniendo esa postura.
Nosotros no lo vemos de esa forma. Hay numerosos
ejemplos que van en sentido contrario. Los
Kirchner le pagaron al Fondo, que sigue
teniendo el derecho de monitorear la economía
local, y proyectan pagarle al Club de París
con la recaudación del superávit
fiscal.
Mientras las tropas de Bush asesinan al
pueblo irakí, Cristina sostiene a
los soldados argentinos que apoyan a las
fuerzas estadounidenses en Haití,
donde son parte de la represión a
las revueltas populares por hambre. Volvieron
los ejercicios navales conjuntos en aguas
argentinas. Fue escandaloso el ataque político
a Irán. El reclamo por las Islas
Malvinas y por el petróleo de sus
áreas marinas no existe.
Más allá del constante martilleo
del matrimonio sureño contra las
nefastas medidas del pasado, principalmente
menemistas, ellos las mantienen y profundizan.
Con la garantía de continuidad a
las empresas privatizadas, Néstor
y Cristina otorgan subsidios millonarios
y permiten ganancias siderales a cambio
de pésimos servicios y tarifas caras.
El colmo es el Tren Bala, un proyecto copiado
de Menem del cual antes se burlaban y ahora
van a llevar a cabo para enriquecer a una
corrupta empresa francesa y hacer grandes
negociados con un puñado de empresarios.
Mientras tanto, millones de argentinos viajamos
cada día como ganado y otros tantos
se ven privados de viajar desde y hacia
el interior o usar los trenes para el traslado
barato de la producción.
Hablar de independencia no significa referirse
exclusivamente al imperialismo, sino también
a sus socios locales, entre los que se cuenta
la oligarquía terrateniente. En este
sentido, fueron los Kirchner quienes fomentaron
la concentración de la tierra y las
ganancias en pocas manos, enriquecieron
a los pooles sojeros basados en la inversión
de capital financiero en perjuicio de los
pequeños productores y chacareros.
Muy lejos del abandono de las relaciones
carnales, están arrodillando a la
Argentina frente a los deseos de los intereses
yanquis y las empresas extranjeras. Esto
no tiene nada que ver con un gobierno popular
luchando por la independencia económica,
la soberanía política y la
justicia social.
Por el camino
de Cuba, Venezuela y Bolivia
Cristina no pierde oportunidad de llamar
a firmar el Acuerdo del Bicentenario, lo
cual seguramente va a repetir este 9 de
Julio. Busca un acuerdo con los grandes
empresarios para llegar al final de su mandato
sosteniendo un modelo económico y
político agotado. Es un callejón
sin salida.
Hay un camino de independencia del imperialismo
y sus socios: es el que tomaron los criollos
y siguió Cuba cuando se liberó
de los norteamericanos y avanzó al
socialismo. Es el que hoy transitan Venezuela
y Bolivia, recuperando empresas y recursos
energéticos empujados por las exigencias
y luchas de sus pueblos. Imitarlos implica
movilizarse por la aplicación de
medidas que terminen con el hambre, la entrega
y la miseria.
No es fácil, pero con la unidad de
los pueblos latinoamericanos movilizados,
y con nuevos dirigentes para que gobiernen
los de abajo, se puede lograr.
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