| Del
sectarismo al apoyo a Kirchner hay un solo
paso
El conflicto agrario, con sus consecuencias
políticas, económicas y sociales,
ha mostrado también distintas posturas
en la izquierda.
Por fuera de nuestro apoyo a los pequeños
productores se levantan posiciones de “ni-ni”,
que se colocan como comentaristas de la
más importante crisis que vive el
kirchnerismo, y otro sector que trágicamente
llama a estar del lado del gobierno.
Aportamos nuestra opinión al debate
político que es necesario realizar
y no esconder entre las fuerzas de izquierda.
Y esto tiene gran importancia, porque ante
la principal crisis que vive el país,
consideramos una tremenda equivocación
que en nombre de una supuesta posición
de izquierda o independiente, en concreto,
por acción u omisión, se apoye
al gobierno.
Falsedad
1: “Gobierno vs derecha”
El gobierno pretendió mostrar que
el eje del conflicto con el campo es su
supuesta pelea con la derecha.
Lamentablemente, sectores de la izquierda
caen en el mismo y falso argumento. Bajo
ese análisis desarrollan una crítica
a quienes apoyamos a los pequeños
productores. Claudio Katz, miembro de Economistas
de Izquierda (EDI), planteó: “La
incapacidad para registrar los conflictos
de Kichner con la derecha y la obsesión
por ubicar al gobierno como enemigo principal
conduce a compartir los espectros mediáticos
y las acciones prácticas con figuras
de la reacción”. En el mismo
sentido, Eduardo Lucita, también
del EDI, decía: “La derecha
-aun carente de liderazgo y organización-
ha encontrado una base social de importancia”.
Estos respetados compañeros parten
de un problema: su posición no tiene
que ver con la realidad de pueblos y ciudades
del interior, ni con las asambleas autoconvoca-das
de chacareros a los que no se han molestado
en visitar. De hacerlo, hubieran comprobado
que su análisis abstracto no se conduce
con el proceso vivo del conflicto. Ubican
la crisis desde una óptica irreal,
como si estuviéramos ante un gobierno
que toma medidas de izquierda y un movimiento
agrario que se resiste a favor de un modelo
derechista.
La realidad es otra: el gobierno
aplica un modelo regresivo de concentración
en el campo y aplica retenciones indiscriminadas
golpeando sobre todo a los más pequeños,
que se radicalizan y salen a luchar con
planteos que se ubican -si bien distorsionadamente-
a la izquierda del gobierno y no a su derecha.
El masivo acto en Rosario lo evidenció:
más de 250 mil personas, la absoluta
mayoría pequeños productores,
el primer orador fue de los Autoconvocados
y el cierre lo hizo la Federación
Agraria, demostrando en la más importante
acción quiénes llevan la delantera
en este conflicto. En ese contexto actúan
los sectores ligados a la derecha como la
Sociedad Rural, que tampoco pueden desarrollar
sus propuestas a fondo porque no se condicen
con el movimiento por la base que reclama
otras medidas. Por la masividad del conflicto
aparecen los políticos de derecha,
pero por su contenido los referentes de
los sectores pequeños y medios, como
De Angeli y Buzzi, piden por ejemplo que
se apliquen impuestos progresivos a la ganancia
y una ley de arrendamiento para que los
pools no sigan comiéndose a los pequeños
productores. Es parte de la denuncia concreta
de un modelo agropecuario concentrador y
subsidiario de las grandes exportadoras,
aunque sectores de la derecha quieran intentar
aprovecharlo, por ahora sin éxito.
Insólitamente, esta realidad es ignorada
por este sector de izquierda, que actúa
partiendo de los argumentos del gobierno,
dándole cobertura por izquierda.
No ven -o no quieren ver- que el gobierno,
lógicamente, utiliza el argumento
de “luchar contra la oligarquía
o la derecha” para confundir
a sectores de la población. Pero
lo más ilógico es que mientras
el 80% del país no compra ese cuento
y rechaza al gobierno, haya dirigentes de
izquierda que sí lo hagan.
Perón decía que “en
política, cuando hay que doblar a
la derecha hay que guiñar a la izquierda”.
Kirchner lo sabe. Por eso su política
es un plan económico que de contenido
consolida un curso a derecha, mientras en
sus discursos simula que lucha contra la
oligarquía. También deberían
saberlo estos sectores de la intelectualidad
que agitan el fantasma de la derecha. Es
decir, toman nota del guiño pero
olvidan el curso real de la política
del gobierno y sus consecuencias.
Falsedad 2:
“La Rural es el actor principal”
La declaración titulada “Otro
camino para superar la crisis”, firmada
por integrantes del EDI, el Frente Darío
Santi-llán, algunos dirigentes sindicales
y otros pequeños grupos, dice:
“Escaló un conflicto que ha
concluido instalando una polarización
política entre el gobierno y las
entidades del campo… con el acompañamiento
y la fuerza social de los pequeños
productores que han quedado entrampados
en un lock-out agrario que favorece a los
grandes capitalistas del sector y apunta
a crear las condiciones favorables a una
restauración neoliberal”.
En verdad, parecieran escribir sobre otro
conflicto. Hablan de una pelea reducida
al gobierno contra las entidades y con “el
acompañamiento de pequeños
productores”. Todo el país
vioo que las entidades no han podido tomar
ninguna decisión por su cuenta, porque
las asambleas autoconvocadas imponían
qué hacer. Más de una vez
la Sociedad Rural o Coninagro quisieron
levantar el conflicto y no pudieron. Hasta
Kirchner y los Fernández decían
que no podía ser que las entidades
no controlaran las rutas y los piquetes.
El diario Clarín, enemigo de toda
decisión de las bases, tuvo que reconocerlo
y lo definió así: “Los
dirigentes rurales casi han perdido el control
de la protesta… Pululan los grupos
definidos como autoconvo-cados que responden
sólo al mandato de las asambleas
plebiscitarias, alejadas de cualquier sentido
orgánico. Los autoconvocados han
tenido un enorme peso en la estrategia que
debieron darse los dirigentes de las entidades
rurales». Esta realidad imposibilitó
que pasara la política del gobierno,
y también que no primara la posición
de las entidades sino de las bases chacareras.
Como bien lo explica Luis Bilbao, director
de la revista América XXI, tras el
acto de Rosario: “Después
del 25 se puede afirmar que la radicalización
dio lugar a un vuelco en las relaciones
de fuerza y ahora el protagonismo principal
lo tienen los chacareros, no sólo
en sentido numérico sino también
político. Con el oído afinado
de la más rancia oligarquía,
el diario La Nación registró
lo ocurrido y alertó que el discurso
de Buzzi desplazó ‘al campo,
en bloque, hacia la izquierda’. Es
una interpretación exacta de lo ocurrido.
Los terratenientes no pudieron defender
su propio programa, porque la inabarcable
multitud que los escuchaba hubiera reaccionado
violentamente contra ellos”.
Es un grave error no ver que la Sociedad
Rural y su sector social siempre son un
peligro a enfrentar. Pero no ver que en
este proceso no es el elemento determinante
es un error tanto o más grave, que
conduce a comprar las publicitarias denuncias
del gobierno contra la oligarquía…
a la que subsidia y defiende por detrás.
O directamente lleva a cambiar la realidad
para argumentar una posición política
equivocada. Claudio Katz, queriendo explicar
que el movimiento de lucha acompaña
y apoya a la derecha del campo, dice que
“ni a Buzzi ni a De Angeli se les
ha escapado una sola palabra contra el establishment
agrario”.
Desmintiendo ese comentario, en el acto
del 25 de Mayo en Rosario Buzzi planteó
que “es mentira que las retenciones
son para redistribuir la riqueza, son para
pagar los 12 mil millones de dólares
de deuda externa al FMI por los acuerdos
con el Club de París… los beneficiarios
del plan de Kirchner son Nidera, La Serenísima,
Grobocopatel. Esta es la verdad que niega
la señora presidenta”. Más
allá de las diferencias que podamos
tener con Buzzi o De Angeli, no se puede
negar la realidad ni tergiversar sus planteos,
que muchas veces denuncian correctamente
el modelo agropecuario y económico
oficial que afecta al conjunto del país.
Falsedad 3:
“Intervención del Estado vs
restauración liberal”
También se dice que detrás
de la protesta está la intención
del campo de no permitir que el Estado intervenga
y lograr una liberización de las
exportaciones para quedarse con toda la
renta extraordinaria. Parten de una supuesta
intervención estatal progresiva sobre
el libre mercado de exportaciones. El Estado
siempre interviene, de una u otra forma.
El problema es si lo hace correctamente
y a favor de las mayorías populares
y pobres del país.
Estos años permitió la libre
exportación al punto de aceptar declaraciones
juradas y ventas anticipadas de las exportadoras
y que seis grandes empresas decidan cuáles
y cuántos alimentos salen del país,
mientras millones no comen o comen mal.
Lo mismo hace en el petrólero y la
minería, que exporta montos que triplican
al campo, y en la renta financiera, donde
no se cobra ningún impuesto.
Nosotros defendemos que el Estado intervenga
con fuerza en la política exportadora,
que es precisamente lo que no hace ni antes
ni después de la resolución
125. Una intervención estatal a favor
de las mayorías populares sería
controlar el comercio exterior, para lo
cual debería nacionalizarlo. Los
Kirchner buscan aprovechar los precios internacionales
para hacer caja para un proyecto político
que no es intervencionista en función
del pueblo, sino de aplicar un modelo económico
regresivo, que no distribuye la riqueza,
aumenta la pobreza y concentra la ganancia.
Y se desesperan por recaudar para los vencimientos
de deuda externa del resto de este año
y del 2009.
Los grandes productores quieren que el Estado
no intervenga en sus negocios. Pero de nuevo,
no es ése el motor central del conflicto.
Por la situación del país,
que no es de giro político hacia
la derecha, tienen que aceptar que las retenciones
existen. De hecho no hubo conflicto hasta
el tope del 35%. El conflicto nació
-y volvemos a la realidad- cuando el gobierno
en su afán de recaudar superó
la capacidad de los pequeños y medianos
productores de producir a ese nivel de retención.
Y esta medida, que lleva a la quiebra a
miles de chacareros, no tiene nada de progresivo.
Si se aplicara, los grandes terminarían
resistiendo vía subsidios del gobierno
y parte de sus fabulosas ganancias. Pero
los pequeños chacareros no, quedando
sus tierras también en manos de los
pools de siembra.
Esa es la consecuencia de este tipo de «intervención»
del gobierno, favorable a su caja política
por un lado y liquidadora de los pequeños
productores por otro. Por eso es falsa la
visión de tomar como elemento central
una supuesta lucha contra la ingerencia
del Estado.
En realida, lo que está en juego
es si puede haber un modelo agropecuario
donde se intervenga fuerte... pero contra
los grandes pools de siembra y empresas
y en favor de los pequeños, cuestión
que no se plantea el modelo K y este gobierno
proimperialista, que sigue en sociedad económica
y política con los Urquía
y los Grobocopatel y enfrentado a los autoconvocados
y a pueblos enteros del interior.
Falsedad
4: “Nada que ver con el 2001”
Para estos sectores de izquierda, el proceso
que abrió el Argentinazo ya no existe.
Y estamos ante un régimen político
fuerte, que solo ven amenazado desde la
derecha. Se esfuerzan por meter la realidad
por el ojo de esta visión: “Los
cacerolazos que hemos visto en la Capital
y otros centros urbanos, pese a su heterogeneidad
inicial, se han ido configurando en la antítesis
de la rebelión del 2001, motorizados
por sectores altos de la sociedad, muchos
de ellos rentistas, y por la oposición
de derecha que ya se había manifestado
en las elecciones legislativas y en las
presidenciales de octubre pasado”.
Venimos de cacerolazos enormes en distintos
barrios de la Capital. Más de 20
mil en Córdoba, 10 mil en Rosario,
miles y miles en todas las ciudades del
interior de la Provincia de Buenos Aires,
Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos
y la mayoría de las provincias. También
en lugares del Gran Buenos Aires. Los datos
indican, tomado el país de conjunto,
que más de un millón de personas
salió a la calle contra el gobierno.
¿Motorizados por la alta sociedad?
No, motorizados por el repudio general
a la represión, la soberbia, las
patotas de D’Elía y la CGT,
la inflación y la pobreza.
Solo esto explica que en los actos y cacerolazos
hubiera distintos sectores sociales, incluyendo
por supuesto a pobres, sectores medios y
estudiantes. Que no tienen que ver con los
partidos de derecha, sino que en primer
lugar nada quieren con un gobierno que no
responde a sus demandas. Después
de esas jornadas los diarios decían
que “los fantasmas de la crisis
del 2001 han vuelto”. Y el propio
Kirchner, un poco más ubicado en
la realidad que este sector de la izquierda,
les dijo en privado a su grupo mas íntimo
antes de ratificar su acto en Plaza de Mayo:
“Si no salimos fuerte terminamos como
De la Rúa”.
Solo entendiendo a fondo el proceso del
Argentinazo, que sigue golpeando sobre el
régimen político, se puede
actuar ante una crisis de tanta envergadura
sin quedar haciendo análisis funcionales
al gobierno. Es este proceso de fondo el
que ahora actúa sobre el Congreso,
donde tras el retroceso obligado del gobierno
se debaten las retenciones. Aunque no haya
cortes de ruta, no ha cambiado el malestar
social ni la desconfianza en las instituciones.
Por lo cual nos atrevemos a decir que si
consolidan en el Congreso una nueva trampa
el conflicto se va a reiniciar… y
los cacerolazos, muy probablemente, también.
Lejos del
reclamo chacarero y cerca del gobierno kirchnerista
La citada declaración “Otro
camino para superar la crisis” se
define en relación a qué ubicación
tener ante esta lucha. Por más que
en sus argumentos hagan algunas críticas
al gobierno, la conclusión no admite
dudas: “No puede haber neutralidad
ante la amenaza de que la derecha logre
parte de sus demandas y coloque sobre la
agenda futura su programa de restauración
neoliberal”. Y en su segunda
declaración lo ratifican: “No
soportamos el falso neutralismo que nos
convierte en espectadores de una crisis”.
Bastante claro: hay que apoyar al gobierno.
Lo único que parecen no tomar en
cuenta en nombre de “la lucha contra
la derecha” es la realidad: es
este gobierno el que aplica una política
de derecha en el campo y en la ciudad, no
los chacareros autoconvocados.
Olvidan que es el mismo gobierno el que
utiliza las retenciones planteadas para
pagar la deuda y consolidar su poder político,
no para solucionar problemas sociales ni
distribuir riqueza. Y con su posición
terminan cayendo en una capitulación
a un gobierno enemigo de los intereses populares
del país.
El “ni-ni”
esconde también un apoyo objetivo
al gobierno
Por otro lado, un sector de la izquierda
sectaria (PO-PTS-MAS) llama a no ser parte
del conflicto, quedando como espectadores
o en la ridícula (y vacía)
carpa roja del Congreso, ajenos a la confrontación
real. Por esa vía, aunque se disfracen
con discursos radicalizados, también
avalan al gobierno, ya que la política
es concreta: quien sostiene que
no hay que estar con la lucha de los chacareros
queda inevitable y objetivamente del lado
de los Kirchner.
El Partido Obrero incluso agita el peligro
de “un golpe”, llevando
al ridículo su posición por
tanto repetir las denuncias falsas del impresentable
D’Elía. En el 2001 veían
a Nito Artaza como “piquetero”,
pero ahora no quieren apoyar a los chacareros.
El PO vive un desconcierto completo.
Partiendo del “ni-ni” o del
apoyo directo al gobierno, tanto la izquierda
sectaria como la oportunista están
contra la justa lucha chacarera y por ende
en el lugar equivocado, de sostener al modelo
kirchnerista.
Hoy en nuestro país hay millones
en un proceso de ruptura política
con el gobierno, que asusta incluso a la
propia burguesía industrial y financiera,
que pide parar con esta situación.
Por el momento no hay en este proceso variantes
de derecha -Macri, Sobisch, López
Murphy- que se estén fortaleciendo.
La izquierda, en cambio, si actuara unida
junto a los chacareros, se podría
postular como alternativa y llegar a cientos
de miles, en el campo y en la ciudad. Pero
lamentablemente sectores de izquierda, cuando
más se derrumba el kirchnerismo,
más hacen lo posible por atarse a
sus pies... con el peligro de quedar arrastrados
en esa misma caída.
Con los chacareros,
para enfrentar a la derecha y fortalecer
un proyecto por cambios de fondo
Cuando Vilma Ripoll y nuestro partido salimos
con fuerza -junto a otras organizaciones
de izquierda- a brindarle apoyo a los pequeños
productores, el sector de izquierda que
no apoya a los chacareros, a tono con D’Elía,
manifestó que era un error participar
en escenarios con la Sociedad Rural o quedar
compartiendo actos con figuras de la reacción.
En primer lugar, el MST-Nueva Izquierda
jamás compartió un palco y
ni siquiera un diálogo con la Sociedad
Rural. A los actos vamos a darles apoyo
a los pequeños productores y a expresar
nuestras propuestas, que son contra el gobierno
y la oligarquía.
A la presencia de dirigentes de la derecha
en actos masivos quieren resolverla por
la vía de no disputar con ellos,
abstenerse y así de hecho fortalecerlos,
regalándoles la conciencia de miles
y miles de pequeños productores y
de millones que simpatizan con su reclamo.
No vemos en esa actitud una posición
revolucionaria, sino la mejor manera de
hacerle el juego a la derecha.
Hay un proceso abierto de lucha y un actor
social medio -los pequeños productores-
que recibe el apoyo de millones.
No hay manera de intentar acercar a un sector
de ellos a la izquierda si no somos parte
de su lucha y de sus acciones reales, disputando
contra las posiciones de derecha. Si los
chacareros rompen con el gobierno y sólo
ven alternativas por derecha es una cosa.
Pero si ven que la izquierda tiene propuestas
concretas para ellos y les plantea que se
unan a los trabajadores, es otra muy distinta.
Nosotros nos jugamos por esta última
propuesta, porque es fundamental para el
desarrollo de un proceso y un proyecto político
revolucionario. En el Argentinazo
del 2001 había que apoyar a los sectores
medios de la ciudad que reclamaban sus ahorros.
Ahora hay que apoyar a sectores medios del
campo que reclaman contra un gobierno que
los grava igual que a los grandes. Y ese
apoyo es siempre en disputa con otras direcciones
políticas.
Ante tamaña lucha y crisis política,
los socialistas participamos para que millones
de trabajadores, sectores populares y pequeños
productores del campo conozcan que hay otra
salida. Ubicarse sectariamente, comentando
desde afuera la lucha viva y real, no sirve
para nada más que para el autoconsuelo
sin futuro. Apoyar al gobierno, sirve todavía
menos.
Por todas estas razones llamamos una vez
más desde la izquierda a los trabajadores
y a los sectores populares a que apoyemos
a los pequeños productores y sus
acciones. A que levantemos también
nuestras propias reivindicaciones. A que
unamos los reclamos contra un gobierno y
un régimen político que nos
está llevando al fracaso. Y a que
en ese camino vayamos construyendo una nueva
alternativa política, amplia y unitaria,
que luche por otro modelo, que termine con
la concentración en el campo y con
la oligarquía. Que recupere el petróleo
y la minería, cuyas ganancias triplican
a las del sector agropecuario. Un modelo
que reestatice los trenes y demás
servicios privatizados, combata la inflación,
aumente los salarios y jubilaciones, y termine
con la dependencia de Estados Unidos y las
multinacionales.
Sergio
García
Ver
nota
Ante
la solicitada de Proyecto Sur: El
apoyo a los chacareros debe ser claro y
decidido
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