| Una
reconciliación preventiva
El encuentro entre el presidente venezolano
Hugo Chávez y el colombiano Álvaro
Uribe, ocurrido en Venezuela, es un intento
por cerrar la crisis abierta luego de la
invasión de suelo Ecuatoriano por
parte del ejército genocida de Colombia
apoyada por Estados Unidos, y el fracaso
del intercambio humanitario de retenidos
por las FARC a cambio de prisioneros del
gobierno de Bogotá. En la reunión
terminaron de normalizar las relaciones
diplomáticas y se buscaron nuevos
acuerdos comerciales y políticos.
La izquierda del proceso bolivariano rechazó
de manera clara ese encuentro, mientras
que gran parte de la población asistió
perplejo a un evento que tiene como telón
de fondo la profundización de la
polarización social y política
en América Latina.
Uribe
y Chávez quizás sean símbolos
de los extremos opuestos, hoy en día,
en la relación de los gobiernos sudamericanos
con los Estados Unidos. El colombiano trabaja
bajo la supervisión permanente de
altos funcionarios yanquis, incluidas tropas
de elit y bases militares más o menos
clandestinas, utilizando el método
del terrorismo de Estado, mientras que el
venezolano no pierde opurtinad de criticar
duramente al “imperio del norte”
y encabeza un régimen donde las libertades
democráticas formales y algunos derechos
sociales están presentes cotidianamente,
mientras que juega de arbitro de las fuerzas
sociales en lucha, en una oscilación
donde el péndulo de su política
tiende con más fuerza a la derecha.
El retiro de la representación diplomática
venezolana, la dureza de las declaraciones
de ambos, en una escalada, una vez fracasado
el proceso llamado de intercambio humanitario
fueron tensando las relaciones. Se llegó
a la militarización de la frontera
común, cuando ocurrió la invasión
de territorio Ecuatoriano por parte de las
tropas colombianas. Esa incursión
tenía por objetivo asesinar al, hasta
ese momento, segundo comandante de esa guerrilla,
Raúl Reyes, el impulsor mas activo
de la política de intercambio que
en los hechos se estaba convirtiendo en
una liberación unilateral de los
retenidos por las FARC. La reunión
y los acuerdos que en ella se alcanzaron,
es la culminación de una serie de
cambios políticos de Chávez
hacia el conflicto, en relación al
gobierno de Uribe y al trato específico
del venezolano hacia las FARC, en el marco
de una vuelta a la política previa
a la nacionalización de SIDOR tanto
al interior de Venezuela como en lo exterior.
¿Cuáles son las razones políticas
de fondo de este cambió?
América
Latina: escenario convulsivo
La nacionalización de SIDOR, es decir
la potencia de la lucha de los obreros sidoristas
y la profundidad del proceso bolivariano
que arrancaron esa medida al gobierno del
presidente Chávez, coincidió
o si se quiere estimuló, a nivel
continental el ritmo de las luchas sociales
y políticas profundizando la convulsión
que vive el continente.
El inicio de una profunda crisis política
en Argentina y del desprestigio acelerado
del gobierno del matrimonio Kirchner por
la justa lucha de los pequeños productores
del campo. Las iniciativas separatistas
de los estados más ricos de Bolivia
impulsada por una oligarquía blanca,
racista y con ideología nazi. La
derrota del Partido Colorado en Paraguay
después de casi 70 años de
dominio dictatorial. La reciente huelga
general en Perú. La reacción
de gran parte de la población Mexicana
a al iniciativa de privatización
del petróleo por parte de Calderón,
la puesta en actividades de la IV Flota
yanqui y la ofensiva militar colombiana
sobre las FARC sin respetar fronteras al
tiempo que profundiza su método genocida
no sólo contra las formaciones armadas,
sino contra miles de dirigentes y luchadores
sociales. Estos y una larga lista de otros
hechos, muestran que la polarización
se ha ido profundizando. Sin embargo esta
polarización no es una ecuación
de suma cero. Por el contrario en la confrontación
de clases avanza el proceso antiimperialista,
democrático, revolucionario que impulsan
las masas explotadas y oprimidas. Esto ayudado
por un escenario de crisis económica
en Estados Unidos y a nivel internacional
que esta debilitando a los yanquis como
potencia hegemónica.
El rol Mercosur:
una política de contención
La
última reunión del Mercosur,
más Venezuela, realizada en San Miguel
de Tucumán, lo mismo que todos los
eventos que a un ritmo mensual junta a los
presidentes de Brasil, Argentina y Venezuela,
a veces con unos y otras con otros presidentes,
mostró claramente una política
desarrollada por estos: dar pasos en la
contención de los procesos revolucionarios
que cruzan el continente. El apoyo irrestricto
a Cristina Kirchner, llamar un gran amigo
a Lula, y esconder detrás de las
justas críticas al imperialismo europeo
por la pretendida ley de expulsión
de los inmigrantes, la preparación
de la estabilización del continente
la política de llamar a las FARC
a dejar las armas sin ningún tipo
de garantías. Fueron el preludio
de la operación Betancourt, y del
encuentro entre Chávez y Uribe. El
otro dato significativo de esa reunión
fue el compromiso de Chávez de aportar
a la construcción de una siderúrgica
en Brasil, ubicada en un lugar geográfico
similar a los márgenes del Orinoco
donde se encuentra Sidor, esta participación
no puede ser sino entendida como una compensación
por el pecado de nacionalizar SIDOR, una
compensación a Usiminas de Brasil
y Techint de Argentina dueños, entre
otros, de la siderúrgica venezolana
nacionalizada. Este anunció sucedió
simultáneamente con otra declaración
del presidente venezolano que pasó
casi desapercibida en la prensa internacional,
la invitación de Chávez a
Techint a que no deje de invertir en Venezuela,
que se completa con la oferta actual que
la trasnacional de los Rocca conserve un
10% del paquete accionario de la Siderúrgica
del Orinoco. El papel de Lula, representante
de la gran burguesía brasilera ha
sido fundamental en la política de
Chávez hacia las FARC y hacía
Uribe. Pero esto es posible justamente porque
la búsqueda de estabilización
entre la relación Colombia Venezuela
es para intentar contener, enchalecar, el
proceso latinoamericano.
Los encuentros mensuales entre Chávez
y Lula están siendo acompañados
por las posteriores declaraciones políticas
de Chávez en el sentido de abandonar
la política de intercambio humanitaria
para pasar a pedir la capitulación
a las FARC, más allá de las
diferencias que podamos tener con su política
y métodos, sin garantías ninguna,
en un país donde la tradición
muestra que la política de acuerdos
de paz que utiliza la oligarquía
colombiana lleva a una paz de los cementerios.
Sólo así se puede comprender
el giro de 180º en la política
del presidente venezolano hacia su, ahora
amigo, Uribe. Es una reconciliación
preventiva frente a los desbordes que el
ascenso de las masas latinoamericanas pueda
obligar a tomar nuevas medidas de relativa
independencia nacional como la nacionalización
de SIDOR en otros países del continente.
Por ahora, Chávez se ha sumado a
esta política, habrá que ver
como se desenvuelve la lucha política.
Los
derechos y las obligaciones de Chávez
La respuesta del presidente Chávez
a los sectores de izquierda que repudiamos
la visita de Uribe. Fue la reivindicación
del derecho y la obligación que como
Jefe de Estado tiene de mantener relaciones
con todos los Jefes de otros gobiernos.
Y más todavía con los de los
países de pueblos hermanos y vecinos.
Sin embargo no es eso lo que se le cuestiona.
Por el contrario se cuestiona que bajo esa
formula general, se oculte que se realizan
acuerdos con gobiernos genocidas. Porque
a eso no tiene derecho ningún presidente
que se reivindique democrático, no
ya socialista y revolucionario como se define
Hugo Chávez a si mismo, por el contrario
es obligación y más todavía
por tratarse de un pueblo hermano, es reclamar
por la vida, la libertad y derechos civiles
y democráticos de los dirigentes
y los sectores populares que están
siendo perseguidos y asesinados por el gobierno
de Uribe. Y ya no se trata del trato que
le brinda a las FARC o al ELN, se trata
del método sistemático y planificado
de eliminación de la oposición
social y política. El asesinato de
miles de dirigentes sindicales, campesinos
y sociales, el ambiente de persecución,
amenazas, detenciones y torturas para mantener
un régimen de terror.
El otro derecho que no tiene Chávez,
como líder de la revolución
bolivariana, es no mencionar esos hechos,
lo que es similar a ocultarlos para embellecer
a su interlocutor. Es son hechos conocidos
por todo el mundo y que fueron denunciados
públicamente por el delegado de los
trabajadores Venezolanos en la OIT, Stalin
Pérez Borges, llamando a hacer una
campaña internacional para detener
esos asesinatos y persecuciones, en presencia
del ministro de Trabajo.
Y por ultimo no tiene derecho a intentar
crear expectativas en la población
de su país sobre que los posibles
acuerdos con los “lacayos del imperialismo”,
como él mismo lo ha llamado a Uribe,
innumerable cantidad de veces, sean positivos
para Venezuela y menos para el pueblo colombiano.
La lógica del proceso revolucionario
es inexorable, al fortalecer a Uribe, lo
que Chávez está haciendo es
debilitar la revolución bolivariana
y fortalecer a la derecha reaccionaria dentro
su propio gobierno.
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