| Ahora,
por el salario y contra la inflación
No
hace falta ninguna encuesta para saber que
para la inmensa mayoría de los habitantes
de este país la inflación
es un problema central. No hay un solo día
en que dejemos de padecerla, de pensar qué
malabarismo hacer cuando vamos al supermercado,
cómo pagar las cuentas o el alquiler,
cómo llegar a fin de mes.
Y da bronca, claro. ¿Cómo
no va a dar bronca ver que los precios suben
y suben, mientras los aumentos de salario
ya se hicieron humo? ¿Cómo
sobrevivir, si sos desocupado o desocupada,
y más si tenés chicos, con
un ‘plan social’ de apenas 150
ó 200 pesos al mes? ¿Cómo
parar la olla si uno depende de una jubilación
o una pensión tan bajas como las
de hoy? ¿Cómo no tener bronca
si el INDEK de los Kirchner dice que la
suba de precios de junio fue del 0,6 por
ciento? ¿Cómo no indignarse
si el secretario de Comercio Interior, el
patotero Guillermo Moreno, dice sin vergüenza
por la tele que la inflación “es
una sensación”?
¡Sensación, las p...! ¡Hasta
un niño sabe que la carestía
subió mucho más que el 0,6!
La inflación es un latigazo que nos
golpea cada día a nosotros, a nuestras
familias, a todo el pueblo. Por eso tenemos
que unir fuerzas para enfrentarla. Y para
eso, en el camino de pelear por cambios
más de fondo, te proponemos organizarnos
juntos para luchar por tres medidas de emergencia:
1. Reclamar aumento de salarios y paritarias
ya
Si vos sos un trabajador o una trabajadora,
sabés en carne propia que los sueldos
ya quedaron muy atrás. Y más
si sos estatal... y más todavía
si trabajás en negro o por contrato.
Por eso en todos los gremios, desde cada
lugar de trabajo, fábrica, oficina,
banco, hospital o escuela, es necesario
que salgamos a exigir un inmediato aumento
de salarios y la reapertura de las negociaciones
paritarias. No podemos esperar a la dirigencia
sindical, en su gran mayoría burocrática
y socia del gobierno y las patronales, sea
de la CGT de Hugo Moyano, de la “nueva”
CGT de Luis Barrionuevo o -aunque en menor
medida- de la CTA de Hugo Yasky.
El primer paso es impulsar asambleas y reuniones
de delegados para decidir entre todos, democráticamente,
por cuánto y cómo salir a
pelear por el salario. Ya los docentes están
en lucha en varias provincias. El sueldo
básico debería equivaler al
costo de la canasta familiar, y ser indexado
al menos trimestralmente según la
inflación. Para defender el salario
también hay que exigir la suba del
mínimo no imponible del Impuesto
a las Ganancias. ¡Ganancias deben
pagar las empresas, no los trabajadores!
Lo mismo vale para las compañeras
y compañeros desocupados, para salir
a movilizar por el aumento de los planes
sociales y de la entrega de comida para
los comedores. Y lo mismo para los jubilados
y pensionados.
2. Anular el IVA a los alimentos
básicos
Néstor Kirchner repite una y otra
vez que a este gobierno le preocupa “la
mesa de los argentinos”. Y Cristina,
desde un frigorífico de propiedad
brasilera, dijo días atrás
que ella es “experta” en alimentos...
La verdad, no tienen cara. Y más
aún sabiendo que es justamente en
comida que los sectores más humildes
gastan la mayor parte de sus ya exiguos
ingresos. Si tuviera un mínimo de
preocupación real, el gobierno podría
tomar una sencilla medida que permitiría
de un día para el otro mejorar en
un 15 por ciento promedio esa “mesa”.
¿Cómo? Anulando el IVA a los
productos de la canasta básica.
Porque el IVA es el más injusto y
regresivo de todos los impuestos: los pobres
pagan igual que los ricos. Además,
para el consumidor final -o sea nosotros-
es imposible evadirlo porque va incluido
en el precio. Si le dijéramos a la
cajera del super “Descontame el IVA,
que este mes no lo puedo pagar”, nos
miraría con cara rara... ¡Pero
con una ley sí se puede hacer! Como
algunos productos básicos pagan de
IVA el 10,5 por ciento y otros el 21, si
esto se eliminara, nuestro dinero tendría
en forma automática un 15 por ciento
más de poder adquisitivo, o sea tendríamos
un 15 por ciento más de alimentos
en nuestra mesa familiar.
3. Control popular de precios y
Ley de Abastecimiento
Los famosos “acuerdos de precios”
de Moreno ya son un cuento más chino
que los dueños de los mercaditos.
Esos productos jamás aparecen en
las góndolas. Por eso desde cada
barrio hay que motorizar un verdadero control
de precios sobre los hipermercados, por
ejemplo mediante comisiones de vecinos junto
a las entidades de consumidores y las organizaciones
populares.
Frente a la inflación y el riesgo
de desabastecimiento, el gobierno culpa
a los chacareros. ¡Es otro verso!
Los pequeños y medianos productores
siguen recibiendo muy poco por sus productos,
por ejemplo 3,20 pesos el kilo de novillo
vivo y 0,85 el litro de leche, mientras
que para nosotros la carne es un lujo, el
pan cuesta 4, 5 ó hasta 6 pesos y
la leche 3. ¿Quién embolsa
la diferencia? Los grandes frigoríficos,
lácteas, aceiteras y demás
pulpos formadores de precios, a los cuales
el gobierno subsidia, y las cadenas de hiper,
con las cuales el gobierno hace sus “acuerdos”
truchos.
El gobierno podría poner en vigencia
ya mismo la Ley Nº 20.680 de Abastecimiento.
Dicha ley permite establecer precios máximos
y, para las empresas que los incumplan o
acaparen productos, duras sanciones como
el decomiso de las mercaderías o
hasta la prisión. Pero Cristina sólo
lo haría bajo una fuerte presión
popular.
Con estas tres medidas de emergencia los
trabajadores y los sectores populares podemos
salir a enfrentar la inflación de
los Kirchner y las grandes empresas. El
triunfazo de los chacareros puso blanco
sobre negro, ante todo el país, que
a este gobierno se le puede ganar. Para
dar esta pelea, te invitamos a organizarte
junto con nosotros.
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