| ¿Cómo
abordarla?
Ante
los crecientes casos de violencia ocurridos
en distintas escuelas, lo primero que debemos
señalar es que la violencia de nuestros
alumnos está relacionada en forma
directa con las políticas gubernamentales
que no dan solución a la marginalidad.
Es más, la agudizan con cada medida
que toman, favoreciendo la concentración
económica y manteniendo salarios
de miseria, desocupación y una creciente
marginalidad social.
Por lo tanto, rechazamos cualquier discurso
que intente responsabilizar a los docentes
de las gravísimas situaciones que
toman estado público y a las que
estamos sometidos a diario en las escuelas.
La mal llamada “violencia escolar”
-decimos mal llamada porque de ninguna manera
proviene de la escuela- le llega a las instituciones
desde una sociedad diezmada, empobrecida,
embrutecida, alienada. Que difícilmente
puede ver salidas en un horizonte en el
que no se vislumbra empleo digno, posibilidad
de superación de las condiciones
a las cuales estamos sometidos los alumnos,
padres y docentes. Donde no se vislumbra
el valor del límite, dada la desacreditación
que sufrimos desde el discurso oficial,
empezando por la propia presidenta Cristina
Kirchner que no ha perdido oportunidad de
cuestionar a los docentes.
Esta realidad nos marca la necesidad de
batallar porque los hechos de violencia
que se producen en cada establecimiento
se transformen, de ser una cuestión
aparentemente individual, en un problema
institucional. Involucrando al conjunto
de los docentes, sus autoridades, trabajadores
del establecimiento, así como a toda
la comunidad.
Paralizando las actividades hasta que se
discuta cómo abordarlo entre todos.
Poniendo en común la problemática,
sus causas y posibles alternativas. Movilizando
a la comunidad para exigir a los funcionarios
del distrito y a las autoridades provinciales
que den respuesta a las falencias del establecimiento,
a nuestro reclamo salarial y a la crítica
situación social en que se encuentran
nuestros alumnos y sus familias. Uniendo
el reclamo al de otros establecimientos.
Son los primeros pasos para empezar a abordar
esta grave problemática que expresa
la violencia de una sociedad partida, que
seguirá en aumento si no derrotamos
este modelo de exclusión vigente.
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