| Los
Kirchner en el tobogán
El
martes el matrimonio presidencial perdió
en la calle, con una multitudinaria Marcha
Federal. Y el miércoles la paliza
se ratificó en el Senado, en una
sesión de crisis, claramente condicionada
por la movilización. Nock out para
la 125! “La página se dio vuelta”…
pero no por la decisión de aquél
discurso bravucón de Cristina. Fue
el corolario de más de 4 meses de
lucha en las rutas de miles de chacareros
autoconvocados y de millones de trabajadores,
sectores medios, comerciantes y pobladores
de los pueblos y provincias del interior.
Y la síntesis que juntó esa
energía con la bronca de trabajadores
y sectores medios y populares de las ciudades
contra la inflación y el autoritarismo.
La gran mayoría de la población
le ha dado la espalda al gobierno y su modelo
y reclama un cambio de fondo.
Ni
la chequera ni la extorsión alcanzaron.
Pero tampoco la tremenda apelación
a la defensa de la estabilidad del gobierno
que hicieron con cara de pánico y
moral derrumbada, varios de los senadores
obsecuentes al kirchnerismo. Era un secreto
a voces que la super-mayoría automática
con la que asumió Cristina hace poco
más de seis meses ya no existía.
Pero no pocos creían que se iba a
repetir lo que había sucedido en
Diputados y el proyecto de los K. saldría
airoso. Que el gobierno se llevaría
un premio consuelo para atenuar la tremenda
licuación de poder sufrida en estos
meses de rebelión agraria y bronca
popular. ¿Qué fue lo que determinó
que un proyecto del oficialismo fuera rechazado
en la institución más arcaica
y aristocrática del viejo régimen?
Caminando
por la cornisa
El fin de semana negro (para el gobierno)
del 14 al 16 de junio creó las condiciones
para esta derrota. Los millones movilizados
en las rutas y pueblos y los cacerolazos,
primero en repudio a la represión
y luego a la convocatoria a Plaza de Mayo
en manos del provocador D’Elía,
habían golpeado muy duro al gobierno
y lo habían dejado al borde de la
crisis terminal. El propio Kirchner lo admitió,
por supuesto, recurriendo al mentiroso argumento
del golpe. Pero la realidad no era de golpe
sino que tenía olor a 2001, porque
se había producido un gran vacío
político en las esferas del poder.
Los temores a un nuevo argentinazo, hicieron
sonar los teléfonos en una apurada
reunión de minigabinete con el matrimonio
K. El 16/6 el acto convocado se caía,
no venían los barones del conurbano,
ni siquiera las huestes del incondicional
Moyano! El espanto a una caída de
Cristina, unieron en un solo grito a todos
los sectores políticos y económicos
del establish-men que presionaron al gobierno
para que de una señal distinta. Allí
improvisaron el envío del proyecto
al Congreso. Pero apenas pudo tomar un poco
de aire, volvieron los problemas. Por más
que presionaron con carpas y patotas, por
más que decoraron la 125 con formato
de proyecto de ley y por más que
se insistió en la tesis del golpe
y en la campaña de demonización
de los chacareros, el gobierno no logró
dejar de caminar por la cornisa.
La Marcha Federal fue decisiva
Sin lugar a dudas la masiva Marcha Federal,
terminó de ejercer una presión
decisiva sobre un PJ fracturado y un gobierno
debilitado. Que obligó a reacomodarse
a senadores propios y ajenos y al mismo
Cobos que debió desempatar. Detrás
de la multitudinaria marcha estaban 4 meses
de lucha y la mirada vigilante de millones
en las provincias y pueblos.
“El ámbito de decisión
política está en las calles”,
dice el analista Rosendo Fraga de Nueva
Mayoría. Y prosigue: “La
crisis 2001-2002, con los cacerolazos y
los cortes, estableció esta regla
no escrita, que no cambia desde entonces
y que se ve ratificada con la crisis de
2008. Si el campo se hubiera movilizado
para el debate del proyecto de retenciones
en Diputados, es posible que el resultado
hubiese sido adverso al oficialismo. Advirtiéndolo,
el miércoles 9 de julio convocó
a una movilización antes de la votación
en el Senado. El efecto fue inmediato: varios
senadores se definieron a favor del campo,
cuya posición pasó a tener
mayoría en la Cámara Alta,
planteando incluso la posibilidad de un
empate que de un rol decisivo al Vicepresidente
Cobos, enfrentado con el oficialismo.”
La Marcha Federal finalmente convocó
para el martes 16/7 y logró reunir
cerca de 300.000 personas.
Sobre el cierre de esta edición se
confirmaba la derrota del gobierno en el
Senado. Un Cobos nervioso, tal vez pensando
en el síndrome del Chacho Alvarez
y tomando nota de la gigantesca movilización
popular, se definió contra los K.
¡Qué crisis!
Y a la luz de ese resultado, una primera
conclusión se impone: para ganar
sólo hay que confiar en la movilización,
como nos mostraron los chacareros autoconvocados
y como veníamos planteando desde
el MST, cuando insistíamos en la
necesidad de movilizar nacionalmente el
día en que se trató en Diputados.
Sin embargo, las cosas no salieron como
esperaban. A pesar que oficialistas y opositores
llamaron fervorosamente a la paz social…
de los que estaban luchando por supuesto.
A pesar que las entidades llamaron a desmovilizar,
a dejar las rutas e incluso luego a desarmar
la carpa en el Congreso que tanto apoyo
popular había concitado. A pesar
que todos llamaron a “confiar en el
Congreso”, la cosa se les complicó.
El proyecto, retocado y disfrazado, ganó
por muy poco en Diputados y aumentó
la bronca de los sectores en lucha de la
población que tomaron nota que los
reclamos estaban lejos de satisfacerse.
Haberle dejado la cancha libre a la presión
del gobierno el día de la votación
en Diputados, le había permitido
esa victoria muy pírrica. Y la bronca
volvió con más fuerza, los
tractores se movieron, las rutas empezaron
a poblarse de gente y centenares de intendentes
y productores de los pueblos viajaron a
Buenos Aires a presionar. Desde abajo se
impuso la Marcha Federal y el gobierno fue
derrotado.
Una negra
perspectiva para el matrimonio K
Sin lugar a dudas, en estos momentos de
profunda crisis, los K. y sus amigos estarán
pensando cómo seguir. Tres espadas
de Damocles tiemblan sobre sus cabezas.
En primer lugar cómo seguir ahora
enfrentando la situación agraria,
luego de este cachetazo a la soberbia y
a la concentración económica.
Esta derrota categórica para los
pooles y los pulpos agroexpor-tadores. Y
que fortalece a los chacareros para pelear
por un cambio de modelo donde paguen los
que más tienen.
En segundo lugar cómo reposicio-narse
luego de la derrota, con un PJ quebrado,
un Frente para la Victoria que tiene como
exponentes residuales a los D’Elía
y Depetri y una Concertación Plural
que se ha evaporado y encima con Cobos en
la vereda de enfrente. Con exponentes de
la vieja política como Duhalde que
recoge heridos para su Movimiento Productivo.
Y con una CGT dividida, que baila al ritmo
de la debacle del kirchnerismo. Ya ni piensan
en el pacto del Bicentenario. Y el paquete
de relanzamiento que viene anunciando Alberto
Fernández, con retoques jubilatorios,
aumento del mínimo no imponible y
un plan de “seguridad alimentaria”,
se ha quedado sin escenario de presentación.
En tercer lugar, porque la inflación,
la necesidad de reabrir paritarias y aumentar
salarios, jubilaciones, planes y presupuestos
sociales, la crisis de combustibles y energía,
la bancarrota de Aerolíneas, preanuncian
un escenario de conflictos sociales y nuevas
crisis políticas.
En definitiva, cómo logra evitar
que se siga profundizando su debacle y divorcio
con los trabajadores, sectores medios y
populares. Con una imagen positiva que apenas
ronda el 15 al 17% y una negativa que ha
trepado al 75%, números récord
e inéditos que muestran que la mayoría
del pueblo reclama cambiar y busca un nuevo
rumbo político para el país.
Seguramente los chacareros y pueblos que
tanto pelearon, no deben dar por terminada
la batalla. Aún malherido, desde
el gobierno puede intentarse una nueva maniobra
para tratar de revivir un proyecto que murió
en las calles. Los trabajadores por el salario
y la reapertura de paritarias, los desocupados
y sectores populares por los planes sociales,
están en mejores condiciones para
intensificar los reclamos.
Junto con estas peleas inmediatas, hay que
encarar las respuestas al debate nacional
que se abrió en el país acerca
de la necesidad de un nuevo modelo y una
nueva alternativa política para lograrlo,
debates que el fracaso del kirchnerismo
ha colocado a la orden del día.
Guillermo
Pacagnini
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