| Verdades
que salen a luz
Desde que se inició el conflicto
con el sector agrario, el gobierno viene
insistiendo en que está atacando
a la oligarquía y que la plata de
las retenciones es para redistribuir la
riqueza. Pero con el correr de las semanas,
ambos dichos se fueron revelando como otras
de las tantas mentiras del gobierno. Nosotros
hemos explicado nuestra opinión sobre
estos temas en numerosas oportunidades.
Pero esta vez son el propio Kirchner y Gustavo
Grobocopatel, presidente del grupo Grobo,
administrador de más de 160 mil hectáreas
y uno de sus principales amigos y socios
del campo, quienes lo confirman.
Los
afectados son los pequeños
El representante de uno de los mas grandes
e importantes pools de siembra, Gustavo
Grobocopatel, después de más
de cien días de conflicto, no tuvo
ningún inconveniente en declarar
al diario Clarín: “Las retenciones
son funcionales a la concentración…
Vengo escribiendo desde hace cuatro años
que las retenciones perjudican sobre todo
a los pequeños y débiles”.
Este señor es uno de los más
importantes socios del gobierno, que hace
unos meses lo llevó en su comitiva
presidencial a Venezuela para mostrarlo
como ejemplo de los “empresarios serios”
del país. Como puede verse, por sus
importantes negocios en Argentina, Grobo
no tiene ninguna intención de enfrentarse
con el gobierno. Sólo dijo lo que
ya es imposible ocultar: la resolución
125 y las modificaciones posteriores que
debatió el Congreso atacan centralmente
a los pequeños productores. Porque
son quienes no pueden hacer frente a esos
niveles de retenciones y, por lo tanto,
terminan arrendando o directamente perdiendo
sus tierras a manos de los grandes del campo.
El propio gobierno se fue viendo obligado
a reconocer la existencia de este problema.
Por eso realizó 17 modificaciones
al proyecto intentando mostrarse abierto
a dar concesiones, aunque las mismas fueron
una nueva farsa. En concreto, el proyecto
del gobierno es regresivo: porque les cobra
a grandes y pequeños por igual. Es
el mismo sistema injusto que el IVA en el
precio final de los productos, donde un
desocupado y un empresario pagan el mismo
impuesto, cuando parten de niveles económicos
antagónicos. Como bien denunció
Buzzi en la Marcha Federal, “no se
puede tratar igual a quienes son distintos”.
Ese ha sido el centro de la crisis: un gobierno
que detrás de discursos quiso imponer
un sistema impositivo para el campo, cobrándole
lo mismo a un pequeño chacarero que
a un gran exportador. Aunque el gobierno
sí hace una diferencia clara entre
chicos y grandes: a 10 grandes empresas
las subsidió durante el 2007 por
1.500 millones de pesos, favoreciendo también
por esa vía la concentración
económica que dice combatir.
Esclavo de
sus palabras
Días
antes de votarse en Diputados el proyecto
del gobierno, y en medio de las negociaciones
o aprietes a distintos diputados, el kirchnerismo
hizo un acto en la UOM. Casi en tono de
desesperación, Néstor Kirchner
se preguntó en voz alta: «¿Con
qué vamos a pagar las obligaciones
externas los argentinos si el gobierno suspende
la resolución 125, como exigen el
agro y la oposición?» En pocas
palabras, tiró por la borda toda
su argumentación anterior. Desde
que empezó el conflicto, él
y Cristina recorren todo el país
diciendo que las retenciones son para redistribuir
la riqueza. En medio de la confrontación,
Cristina incluso informó que con
ese dinero se iban a construir nuevos hospitales,
escuelas y demás. Al final, sale
a la luz la verdad del plan del gobierno:
quieren cumplir con los compromisos de la
deuda externa de este y sobre todo del próximo
año, donde hay nuevos e importantes
vencimientos. Ahí estaba la gran
preocupación del gobierno cuando
se decidió a lanzar su resolución
125 el pasado 10 de marzo.
Desde ya, el desafío de lograr la
redistribución de la riqueza no comienza
con esta crisis, sino que es un drama más
antiguo y profundo. Y hay trabajadores,
jóvenes y sectores medios que tal
vez, ante un conflicto tan complejo como
el actual, tienen dudas si en verdad este
gobierno avanzó en redistribuir,
así sea un poco.
Redistribuir significa achicar la desigualdad
social en base a una política de
Estado y de gobierno. ¿Es eso lo
que los Kirchner vienen haciendo estos años?
Creemos que no. Y lo prueba la propia realidad.
Hoy nuestro país tiene el mismo nivel
de desigualdad social que en los años
del menemismo: hay una diferencia de 30
veces entre los ingresos de los sectores
más ricos y los más pobres.
Esa brecha, que viene en aumento en el último
período, es fruto del modelo económico
de Néstor y Cristina. Y como se puede
ver ahora más claramente, ni aun
cobrando las retenciones esa brecha va a
seguir, porque ese dinero no se va a utilizar
para atacar este grave problema.
Retenciones sí, pero diferenciadas
y al servicio del pueblo
El debate actual no se reduce a estar a
favor o en contra de las retenciones. El
MST está a favor de que haya retenciones.
Lo mismo dice la Federación Agraria.
En nuestro caso, incluso, proponemos que
a las grandes expor-tadoras, grandes productores
de la Sociedad Rural, Coninagro, y los administradores
de pools como los Grobo, se les pongan muy
fuertes retenciones. Pero debe haber un
esquema diferenciado o segmentado, donde
el que menos tiene pague menos, el mediano
pague un poco más y los grandes paguen
todo lo que corresponde a su situación
económica privilegiada.
Además, proponemos poner fuertes
impuestos al sistema financiero, que hoy
goza de exenciones intolerables. A la minería,
que factura por exportación montos
siderales y al petróleo, cuyas ganancias
triplican los montos del campo. A ninguno
de estos sectores hoy el gobierno les toca
la ganancia. Nosotros proponemos que se
tomen de inmediato estas medidas. Pero el
tema decisivo una vez cobradas las retenciones
por el Estado, es saber a qué se
destinan esos fondos. Los Kirchner priorizan
los pagos externos y así condenan
a los pobres a ser cada vez más pobres.
Nosotros, por el contrario, proponemos que
el dinero de las retenciones se destine
a solucionar los problemas sociales de la
población, mediante la coparticipación,
para que vuelva a las provincias y los municipios,
además de problemáticas nacionales
como el empleo.
Por todo esto consideramos que es hora de
descreer de los discursos del gobierno y
de tomar como criterio de verdad la realidad.
Hace falta un modelo económico distinto
y una política impositiva progresiva,
que solo se puede concretar si hacemos que
en el campo y en la ciudad paguen más...
los que más tienen.
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