| Negocian
en perjuicio del pueblo
Se
mantiene una heroica y masiva resistencia
que enfrenta nuevos peligros.
Martín
Torres
Tras
el regreso de Manuel Zelaya a la capital
del país, la mediación mostró
un fracaso rotundo, tan rotundo como la
debilidad del régimen del Micheletti.
La movilización popular volvió
a colocar las cosas en máxima tensión,
obligando a los principales actores políticos
(Zelaya incluido) a definir sus posiciones.
El golpe, absolutamente aislado y minoritario,
jugó sus cartas a la represión.
Para eso emitió un decreto suspendiendo
todas las garantías democráticas
por 45 días. El objetivo era sacar
al pueblo de las calles, forzando una negociación
en mejores condiciones para su retirada.
Las ambigüedades políticas de
Zelaya, en parte le han permitido lograrlo.
Zelaya, que durante todo este tiempo mezcló
estridentes llamados a la insurrección
con muestras de expectativas en la acción
diplomática de EE.UU., la OEA y la
ONU, ha decidido sentarse en la mesa de
negociación, a cambio de la suspensión
del decreto. Sectores de la Resistencia
han dicho que no negociarán la lucha
por la Constituyente, como equivocadamente
estaría aceptando Manuel Zelaya.
Tras la caída del decreto y convencidos
de que la tensa calma no durará mucho,
los gobiernos se mueven desesperadamente
para tratar de encontrar la salida a la
crisis política. Una salida, por
supuesto, que debilite el proceso de movilización
popular.
La solidaridad internacional de los pueblos
es el único aliado de la resistencia
hondureña.
100 días
de intransigente resistencia popular
Incluso bajo toques de queda y estados de
sitio, los trabajadores, jóvenes
y sectores populares se han mantenido movilizados.
La última movilización multitudinaria,
el 15 de septiembre, mostró en toda
su magnitud la fuerza de las masas en la
calle, al mismo tiempo que desnudaba la
completa debilidad del régimen golpista.
Los saqueos a supermercados, simultáneos
a las batallas contra la represión
en los barrios populares, iban preparando
el escenario de una explosión social.
Eso hubiera significado el seguro fin del
golpe, pero sobre todo el inicio de una
insurrección de las masas hondureñas
que podía darle un golpe durísimo
a los oligarcas y capitalistas, posibilitando
cambios históricos en el país,
afectando seguramente la región.
El decreto
de Micheletti, última bala antes
del fin
Habiéndose visto en todo el país
la manifiesta debilidad de su régimen,
Micheletti, se juega todo por el todo y
lanza un decreto suspendiendo las garantías
democráticas por 45 días.
Ya estaba visto que no había forma
de detener la resistencia, que con el retorno
de Zelaya se había fortalecido. La
estrategia del desgaste había sido
destruida por la lucha del pueblo. El mismo
resultado estaba teniendo el plan de canalizar
todo hacia unas elecciones manipuladas,
ya que todo el país se concentraba
en la resolución política
de la crisis y no en las elecciones.
Con esta medida, los golpistas apostaron
a sacar de las calles a la población,
y si lo lograban, abrir nuevamente las negociaciones
para lograr una mejor retirada.
Pero, además de no poder detener
completamente la resistencia, el decreto
suspendió la campaña electoral,
generando divisiones entre los sectores
golpistas.
Al estar en un contexto de retroceso claro,
el golpe terminó bloqueando la única
política con la que espera, al menos
trabar el proceso de cambios y lucha popular.
Y con ello aumentó su debilidad.
Si el decreto era derribado por la movilización,
el golpe hubiera quedado en el aire.
Lamentablemente no hubo en la resistencia
decisión política de organizar
el enfrentamiento final a los golpistas,
desaprovechando su momento de mayor debilidad.
Con ello se le ha permitido al régimen
de Micheletti derogar el decreto para sentarse
a negociar en una situación de menor
debilidad.
Zelaya negocia y resigna la Constituyente
Desde que empezó el proceso de lucha
contra el golpe, Manuel Zelaya, presidente
derrocado y máximo referente de la
resistencia, ha mantenido una actitud ambigua.
Ha llamado al pueblo a la insurrección
–últimamente, desde la Embajada
de Brasil, a “la Avanzada Final”-
y, acto seguido, ha agradecido la actitud
de Hillary Clinton y del gobierno de Obama.
Pero desde uno u otro discurso, siempre
declaró que la salida pasaba por
el pacto de San José, propuesto por
Arias, el Presidente de Costa Rica.
Esta dualidad de planteos, siempre concluida
con la aceptación de los planes estadounidenses
para salir del conflicto, contribuyó
a confundir políticamente a amplios
sectores de la resistencia, constituyendo,
tristemente, una ventaja para los golpistas.
Esta manera de actuar se mantuvo aún
después del retorno de Zelaya a Tegucigalpa,
que paradójicamente, demostraba el
fracaso de la política de los gobiernos,
la OEA y la ONU. Así se mantiene
hoy, cuando se retoman las reuniones con
los golpistas.
Días antes de las nuevas rondas de
negociación, trascendió la
decisión de Zelaya de abandonar la
convocatoria a la Asamblea Constituyente,
si se permite su retorno.
Sectores de la resistencia han dicho que
no aceptarán dejar en el camino esta
lucha, que es incluso la razón del
golpe.
No se puede certificar cuál será
el resultado final, ya que con la caída
del decreto, la movilización volverá
a ganar las calles. Pero es evidente que
el proyecto de Zelaya manifiesta muy serias
limitaciones, que el pueblo deberá
superar si de verdad espera lograr los cambios
que necesita el país.
Organizar la “Avanzada Final”
y derrotar a los golpistas
En más de 100 días, los sectores
políticos y empresarios que organizaron
y financiaron el golpe, han demostrado que
su objetivo es mantener las cosas como están,
para garantizarle los negocios a las multinacionales
extranjeras y a los capitalistas locales.
No pasa un día sin que repitan que
hay que sacar a los comunistas del país,
que hay que defender la propiedad de los
empresarios, que la constitución
no se tiene que tocar.
Aún con la enorme campaña
mediática desplegada, no han logrado
convencer a sectores importantes de la población
hondureña. Su único sostén
son las FF.AA. y algunos créditos
del FMI, que ya están acabándose.
En lugar de aceptar negociaciones con la
sangre del pueblo derramándose en
las calles, Zelaya debe organizar la movilización
para derrotar a los golpistas.
Es urgente aprovechar la caída del
decreto represivo para convocar a la movilización
de toda la población del país,
a bloquear todas las carreteras, detener
los puertos, las fábricas, la administración
central, los hospitales y escuelas.
No es posible continuar luchando contra
los fusiles del ejército, sin organizar
la respuesta a esa represión, con
las medidas de autodefensa necesarias para
ello.
Los golpistas son minoritarios y débiles,
el pueblo tiene la decisión y la
fuerza.
¡Ninguna negociación con los
asesinos!
¡Hay que poner en marcha la “Avanzada
Final” y aplastarlos de una vez!
Mantener la solidaridad y reclamar movilización
continental urgente
La realidad política del continente
americano se va polarizando paulatinamente.
El proceso revolucionario, encabezado por
los pueblos de Venezuela, Bolivia y Ecuador,
pero con manifestaciones en las luchas de
todos los países, se presenta como
un complica-dísimo obstáculo
para los intereses del imperialismo y los
capitalistas de la zona.
El golpe de Honduras, como las acciones
separatistas de la Media Luna boliviana
y, por supuesto, la instalación de
bases militares en Colombia, muestran que
los empresarios y sus gobiernos pelearán
para que paguemos los platos rotos de la
crisis internacional.
Estas razones terminan ubicando como importante
el resultado de la pelea contra el golpe
de Micheletti. Estamos seguros que mientras
peores sean los resultados de estos “ensayos”,
complicados estarán los planes imperialistas.
Por eso, es imprescindible mantener la solidaridad
internacional, haciendo movili-zaciones,
actos, concentraciones, festivales, juntando
firmas de pronunciamientos, etc. También
haciendo charlas y debates para publicitar
la verdad de la lucha hondureña y
sumar nuevos adeptos a ella.
Junto con eso, es urgente que Chávez,
Castro, Evo, Correa, los dirigentes del
FSLN (Nicaragua) y los del FMLN (El Salvador)
pasen de las declaraciones a los hechos.
Debe hacerlo el propio Lula cuya embajada
está sitiada por el ejército
golpista.
Tienen que convocar a una Movilización
Continental Contra el Golpe y por la Asamblea
Constituyente en Honduras.
Estamos seguros de que millones saldrían
a las calles en toda nuestra América
Latina, dejando contra las cuerdas al golpista
Micheletti y a su régimen asesino.

Ver
notas
Posicionamiento
del Frente Nacional de Resistencia Contra
el Golpe de Estado sobre el diálogo
y el Acuerdo de San José
Campaña
en solidaridad con la Resistencia:
Charlas con Martín Torres
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