| Capeando
el temporal
Con
condimentos de show electoral, pero reflejando
que la crisis del régimen político
y la economía están mucho
peor, gobierno y “oposición”
tensaron demasiado la cuerda. Desde Wall
Street y el establishmen doméstico,
llamaron a descomprimir y a buscar un acuerdo.
Saben que se recalienta el conflicto social
y con la gobernabilidad no se juega. Ambos
bandos quieren que CFK termine su mandato,
pagar la deuda y descargar la crisis hacia
abajo. Sólo difieren en los ritmos
y estilos para hacerlo. Muestran que no
hay salida con ellos y que mientras apoyamos
a los que luchan, hace falta construir algo
nuevo desde la izquierda como proponemos
desde el MST.
Guillermo
Pacagnini
La
crisis política en las alturas desatada
a principios del verano alrededor de la
decisión presidencial de echar mano
a las reservas para hacer caja y pagar la
deuda, transita por un nuevo capitulo y
se ha profundizado.
Cuando muchos creyeron que con la asunción
de Marcó del Pont, que contaba con
un guiño “opositor” se
cerraba la opereta, las peleas entraron
en una espiral que tensó demasiado
la cuerda.
Primero el gobierno, pese a su debilidad
y con la inestimable ayuda de Menem y su
palo de golf, dejó en ridículo
y sin quórum a radicales y pejotistas
disidentes. Luego la oposición le
devolvió la atención quedándose
con la mayoría de las comisiones
y los cargos legislativos, en un frente
único que difícilmente pueda
tener expresión electoral. Con el
discurso presidencial de inauguración
de sesiones parlamentarias y el anuncio
del pago de la deuda con reservas y nuevos
DNU, y la respuesta “opositora”
preparándose para anular los nuevos
decretazos y bajar de un hondazo a la presidenta
del Central, la situación nacional
se recalentó al extremo al punto
que algunos nostálgicos de las épocas
en que el régimen democrático
burgués gozaba de buena salud hablaron
de la peor crisis insti-tucional desde 1983.
La crisis
capitalista en la raíz de las peleas
En primer lugar, el agravamiento de la crisis
económica es el factor fundamental,
estructural, de tamaño despelote
en las alturas. La mayoría de los
trabajadores, desocupados, amas de casa,
ven estas peleas como ajenas a sus necesidades
y eso alimenta su bronca contra toda la
vieja política. Pero la relación
existe. La crisis económica se ha
agravado. Se reactivado la fuga de capitales,
la recaudación no alcanza, la caja
de la ANSES se vacía como antes lo
hizo el superávit fiscal y los dividendos
que entran por la balanza comercial apenas
alcanzan para sostener el dólar con
algunas maniobras desde el Central. Se necesita
plata. En la corte de los Kirchner, que
necesitan maquillar su imagen y todavía
sueñan con recomponer un proyecto,
alentados por algunos sectores que ven que
la oposición todavía no muestra
una dinámica creíble, se resisten
a imple-mentar un ajuste clásico
que pueda hacerlos tambalear. Como antes
echaron mano a la plata de los jubilados,
ahora apuestan al impuesto inflacionario
y a comerse las reservas, para hacer caja
para comprar algunas voluntades y para pagar
la deuda. Radicales, pejotistas disidentes
y demás, son partidarios de un ajuste
más tradicional, achicando “el
gasto público” y pagando del
presupuesto la deuda. Todos están
por pagar la deuda y ajustar, sólo
difieren los estilos. Ya sea por la vía
de la inflación o por la rebaja directa,
unos y otros están por pagar y ajustar.
También las peleas reflejan la crisis
del régimen político. La debilidad
atroz del gobierno, que viene en debacle
creciente, es suplida por un acentuamiento
de sus rasgos autoritarios. Saben que la
oposición es un mamarracho. Y que
desde los sectores más concentrados
del establishmen, los intentarán
sostener si no surge otra variante de recambio
y además porque todavía se
benefician de su “capitalismo de amigos”.
La “oposición” quiere
volver a la normalidad de las instituciones,
sobre todo ahora que controla al parlamento,
sin embargo su fragmentación y ausencia
de propuestas alternativas reales, la vuelven
impotente a la hora de vertebrar una posibilidad
de recabio efectivo. Por eso puede haber
nuevos realineamientos en los intentos de
rearmar un PJ antiK con o sin el macrismo:
un radicalismo, con o sin Cobos, con o sin
la C. Cívica o una tercera variante
hacia la centroizquierda que pueda incluir
a Juez, Binner, Stolbizer y Solanas. Se
verá.
El conflicto
salarial pega desde abajo
La crisis está motorizando varios
conflictos sobre todo en el sector docente
y estatal y crece la presión por
la apertura de paritarias en el sector privado
en gremios importantes. Tienen como común
denominador el agravamiento de la crisis
económica. Lejos de las peleas allá
arriba, se siente la carestía, el
déficit salarial o de trabajo, los
indicadores sociales se deterioran aceleradamente
y ello incentiva el conflicto social. Las
consecuencias se ven en la canasta familiar,
con el febrero más caro de la década.
Y el aumento exponencial de la brecha entre
ricos y pobres.
El centro es la pelea salarial. Por abrir,
reabrir o adelantar las paritarias, que
se inician en los principales gremios. Los
industriales pretenden enchalecar los aumentos
en menos del 14%. El gobierno en menos del
19% y para ello convocó a Moyano
y la CGT a cambio del plata de las obras
sociales. Pero desde abajo hay presión
y las brechas entre la propia burocracia
hace que se reclame en varios gremios más
del 30%, como en la Carne, e incluso que
se reclamen cláusulas de indexación
salarial trimestral. En el estado recrudecen
los conflictos. El gobierno, con la ayuda
de la burocracia de la CETRA, debió
poner algo de plata y logró postergar
por el momento la pelea en Buenos Aires
y capital, en base a un aumento en dos partes.
Pero son varias las provincias donde sigue
la lucha, los estatales por el contrario
tienden a profundiza los reclamos, y los
municipales de Capital están en alerta
y movilización.
Se impone un aumento general de salarios
con reajuste automàtico y la resapertura
de paritarias libres. El reclamo de no pagar
la deuda, aparece como la medida que posibilita
estas reivindicaciones.
Calmando las
aguas
Sobre el cierre de esta edición,
había febriles negociaciones en busca
de un acuerdo. Los que quieren manotear
las reservas para pagar la deuda (los K
y aliados) o los que las quieren ponerlas
como garantía y pagar con el presupuesto
(oposición peronista y radical) coincidirían
en una ley. ¿Habrá fumata?
Es probable, porque hubo un febril llamado
desde el empresariado de afuera y local
a no poner en riesgo la gobernabilidad,
ya que el gobierno está débil
y no hay recambio “sustentable”.
El propio Clarín, que se especializa
en denigrar a los K., bajó los decibeles
y llamó a la cordura: “Si se
pretende disolver los modos brutales del
kirchnerismo con otros métodos parecidos,
se cambiará de collar pero el perro
seguirá siendo el mismo. Sería
un grave error que cometerían quienes
aspiren a ser sucesores de este ciclo de
poder que se va agotando. Tanto como, con
el habitual afán fundacional argentino,
derrumbar lo positivo, en lo económico
y social, que deje tras su paso el kirchnerismo”.
Los consultores del imperialismo hicieron
lo suyo a través de informes reservados
de Wall Street: el Barclays Bank y el Goldman
Sachs elogiaron el compromiso de pago que
confirma los nuevos decretos «legalmente
más prolijos» pero alertaron
que la crisis política agrava la
tormenta económica. «el ruido
político de esta movida podría
generar una escalada y traería riesgos
adicionales».
Seguramente podrán capear el temporal
por un breve perìodo, pero en la
medida que no resuelvan la crisis del modelo
y crezcan las peleas desde abajo, la gobernabilidad
seguirá amenazada y el fantasma de
un nuevo argentinazo va a sobrevolar de
la mano de la movilización obrera
y popular.
Hay otra salida
a la crisis
Junto al apoyo a las luchas y la exigencia
a la CGT y la CTA de un plan de lucha nacional
por salarios y asistencia social, hay tres
planteos políticos que hacemos desde
el MST y queremos debatir con los luchadores,
para responder a la crisis nacional.
El primero es la necesidad de dejar de pagar
la deuda. Como primer paso para que haya
salario como reclaman trabajadores, para
que no haya ajuste a las provincias, para
que haya asistencia social y trabajo genuino
como reclaman los desocupados. Y que sea
la primera medida de un plan económico
alternativo para que la crisis la paguen
los de arriba y pelear por una segunda independencia
nacional.
El segundo es la necesidad que el pueblo
debata y decida colec-tivamenteun nuevo
proyecto de país, que para nosotros
debería ser una Argentina socialista.
Ni los enjuagues del oficia-lismo y la oposición
en el parlamento, de espaldas al pueblo,
ni las medidas autoritarias de los Kirchner.
Se necesita una Asamblea Constituyente libre
y soberana.
El tercero es la necesidad de cambiar y
sumarse a trabajar con el MST para poner
en pie una nueva alternativa de izquierda.
Porque esta crisis que nos hacern pagar
muestra que tanto los K. como las variantes
de los Carrió, los radicales, los
Duhalde, etc. no van más. que la
centroizquierda tampoco es salida. Que hace
falta poner en pie una nueva alternativa
de izquierda amplia y unitaria, con propuestas
anticapitalistas, para impulsar la pelea
por dejar de pagar la deuda, por una Constituyente,
por la Segunda Independencia Nacional en
el camino de un nuevo proyecto de país,
una Argentina Socialista. En función
de ello te invitamos a sumarte al MST.

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