| NO
a la impunidad. No
al pago de la deuda.
A
34 años del golpe genocida, y en
el año del Bicentenario, este 24
de Marzo vamos a llenar la Plaza de Mayo
y las plazas de todo el país.
Pablo
Vasco
Comenzaba
el ’76. En la Rosada estaba Isabel
Martínez de Perón, con el
Partido Justicialista y su siniestro ministro
López Rega. En medio de la crisis
económica y política, la clase
media se desesperaba y Balbín, el
líder de la UCR, el principal partido
opositor, decía “no tengo soluciones”…
Pero lo que cruzaba toda la situación
eran las luchas, estudiantiles, populares
y sobre todo de los trabajadores, desbordando
a la burocracia de la CGT y comenzando a
romper con el PJ, que era su partido histórico.
Y esa radicalización social y política
configuraba una seria amenaza para el “orden”
burgués.
Para frenar ese poderoso ascenso no bastaron
los crímenes de la Triple A, banda
fascista amparada por el gobierno de Isabel
y precursora de los métodos que luego
multiplicaría la dictadura. El imperialismo
y la dirigencia capitalista local tomaron
la decisión. Y entonces las fuerzas
armadas dieron el golpe, no contra una guerrilla
que ya estaba casi diezmada, sino para aplastar
y descabezar al movimiento de masas.
La noche negra
A partir del golpe, en el país se
vino la noche. La represión se coordinó
con otras dictaduras vecinas en el llamado
“Plan Cóndor”. Siempre
bajo bendición de la cúpula
de la Iglesia pero a diferencia de los golpes
anteriores, ahora el terrorismo de Estado
fue cualitativamente más sangriento.
Isabel Perón fue presa. El Congreso
fue clausurado. La Justicia, intervenida.
Las universidades, también. Los partidos
políticos, suspendidos o disueltos.
La CGT, disuelta, y los sindicatos, intervenidos.
Los centros de estudiantes, prohibidos.
Se instauró la censura y se arrasó
con todas las libertades democráticas.
El Mundial del 78 fue utilizado para la
propaganda oficial. Las torturas, vuelos
de la muerte, robos de bebés, secuestros
y desapariciones fueron moneda corriente.
Se aniquiló así toda organización
popular y de la clase obrera. El 60% de
los 30.000 desaparecidos eran trabajadores.
El objetivo no fue otro que implantar un
plan económico de sometimiento y
explotación, que incluyó liquidar
las conquistas laborales, privilegiar al
capital financiero y endeudar al país.
Los grandes empresarios apoyaron. El PJ,
la UCR, los partidos provinciales, el PS
y el PC, con distintos argumentos, también.
Resistencia y caída
La dictadura causó un genocidio,
ya que liquidó casi por completo
a un grupo social: la vanguardia luchadora.
Pero de a poco, aquí y allá
fue rebrotando la resistencia. Un motor
fundamental fueron las madres y familiares
de los desaparecidos. Y fueron surgiendo
reclamos y niveles parciales de organización
en lugares de trabajo o estudio.
Nuestro partido, en esos años el
PST, fue parte militante de esa resistencia.
Tuvimos un centenar de compañeros
asesinados, muchos presos y exiliados, pero
la dictadura no pudo liquidarnos y aun en
clandestinidad seguimos activando. Y nuestros
abogados fueron de los pocos que presentaban
recursos de hábeas corpus o defendían
a los presos políticos.
Año a año, el descontento
y las luchas parciales fueron ganando extensión
y fuerza. En 1980 la economía empezó
a derrumbarse. Se hacían reuniones
gremiales, en barrios, facultades, ámbitos
culturales. Y una misma consigna fue creciendo,
señalando el objetivo común:
“Se va a acabar, se va a acabar, la
dictadura militar”…
Llegamos así al 30 de marzo del ’82,
con una fuerte huelga general, manifestaciones
y represión. Para desviar la ola
que se le venía, la dictadura no
tuvo mejor idea que ocupar las Malvinas.
Desataron una guerra que no querían
contra el imperialismo británico
y yanqui, y por eso terminaron capitulando.
La movilización popular, que se amplió
a partir del conflicto, volvió con
bronca redoblada contra ellos. “No
sirven para la paz, no sirven para la guerra,
los milicos asesinos no sirven para una
mierda”, sintetizó una consigna.
Y se tuvieron que ir.
Se logró
mucho, hay que ir por más
Si los militares intentaron su Ley de Autoamnistía,
Alfonsín y Menem hicieron mucho por
construirles la mayor impunidad posible.
Que se juzguen a sí mismos. Juzgar
sólo a las Juntas. El Punto Final
y la Obediencia Debida. Los indultos a los
genocidas. Todo bajo la pérfida “teoría
de los dos demonios”, que buscó
igualar las equivocadas acciones guerrilleras
al terrorismo de Estado.
Pero la larga pelea por justicia echó
abajo los obstáculos. No fue mérito
de los K, que se apropiaron de esas banderas
recién cuando fueron gobierno (y
las han desgastado), sino del movimiento
por los derechos humanos, de la izquierda
y con el apoyo de la gran mayoría
del pueblo. Por eso hoy hay 100 genocidas
condenados y otros 634 procesados, 490 de
ellos detenidos. En la sentencia contra
Etchecolatz, además, por primera
vez en el mundo se reconoció la existencia
de un genocidio en el propio país.
Falta juzgar y condenar a muchos represores,
sí. También a empresarios,
políticos, sindicalistas y obispos
cómplices. Y desmantelar el aparato
represivo y los servicios que siguieron
actuando estos años, como la repudiable
infiltración del Batallón
601, que hemos sufrido en carne propia en
Neuquén (ver pág. 15). Pero
señalar todo lo aún pendiente
no nos debe impedir valorar lo conquistado1).
No obstante, más que cifras de condenas,
la mayor conquista de la lucha democrática
es política: se derrotó al
partido militar. Históricamente,
el régimen capitalista argentino
se basó en el bipartidismo PJ-UCR.
Pero cuando uno u otro entraban en crisis,
la tercera pata para “restablecer
el orden” eran las fuerzas armadas.
De los últimos 100 años, 22
gobernaron los militares.
Eso se acabó, al menos por largo
tiempo. Duhalde plantea una amnistía
y Cristina elogia a las fuerzas armadas
buscando recomponerlas. Pero más
allá de todas las trampas de la democracia
burguesa, lo cierto es que ante una crisis
grave acá ya no hay margen político
para imponer una nueva dictadura militar.
El Argentinazo de 2001 lo confirmó.
Ahora la pelea directa es con los partidos
gobernantes.
El 24, marchá
con nosotros
La impunidad no es un tema del ayer. Primero,
porque esos delitos son de lesa humanidad:
o sea no prescriben, no vencen. Y mientras
no se castiguen es impunidad del presente.
Pero segundo, porque los derechos humanos
de la juventud, de los trabajadores y de
todos nosotros también están
afectados hoy. El caso de los buchones del
601 lo confirma. Por eso te invitamos a
marchar con nosotros el 24 de Marzo. Para
no bajar la guardia.
Fijate el caso de Julio López, desaparecido
de nuevo en democracia. O el de Luciano
Arruga, el pibe golpeado y desaparecido
por la Bonaerense. O el del maestro Fuentealba
y nuestro compañero Lázaro
Duarte, asesinados en Neuquén. O
los casos de gatillo fácil y los
abusos de la cana. Fijate los Fino Palacios
y las picanas que Macri quiso poner en su
Metropolitana. Las leyes de mano dura que
Scioli promueve en la Provincia de Buenos
Aires. La trata de personas, siempre con
complicidad policial.
Defender los derechos democráticos
es también marchar contra la represión
a los trabajadores, como los de Kraft o
Bosch, y a los ambientalistas de Andalgalá.
Es marchar contra las patotas de la burocracia
sindical. Contra la persecución judicial
a los luchadores, como al compañero
Segovia y los delegados del subte. Contra
la reforma política K, que quiere
proscribir a la izquierda.
Y también te invitamos a movilizarte
por los derechos básicos que el gobierno
K y la “oposición” patronal
tratan de recortarnos. Por el derecho a
tener trabajo digno, salarios y jubilaciones
que no se devore la inflación. Por
el derecho a la vivienda, la salud y la
educación. Para decirle bien fuerte
no al pago de esa maldita deuda externa
y que toda esa plata se destine a cumplir
con las necesidades del pueblo.
Estas banderas de lucha, más el emocionado
recuerdo de los 30.000 compañeros
detenidos-desaparecidos, las vamos a levantar
en Plaza de Mayo y en todo el país
el miércoles 24 de Marzo. Te invitamos
a venir a la marcha con el MST.
Los
números del terror
* 30.000 compañeras y compañeros
detenidos-desaparecidos
* 400 centros clandestinos de detención,
tortura y asesinato
* 500 bebés y niños apropiados
(400 aún no recuperaron su identidad)
* La deuda externa se multiplicó
seis veces entre 1976 y 1983
* El primer año, el salario real
cayó a la mitad y el desempleo se
duplicó
* La participación de los trabajadores
en el PBI cayó del 49% al 23%
1)
El genocidio nazi, por ejemplo, el peor
de la historia moderna, significó
el asesinato de 10 millones de personas.
Fue juzgado por un tribunal militar internacional
en Nüremberg y otros juicios. En total,
hubo 611 acusados y 194 condenados.
Ver
notas
Genocidio
y deuda externa
Madres
y Abuelas Otra vez, utilizadas por
los K
Infiltración
al MST en Neuquén La lista
de "servicios"del Batallón
601

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