| La
decadencia de Kirchner
Escribe:
Carlos Miranda
Después
de dos años y medio de gobierno,
en los que acumuló índices
de popularidad que superaban ampliamente
el resultado electoral con el que había
asumido en mayo de 2003, empezó el
declive de Kirchner. Desde la mitad de 2006
comenzó su desgaste. Para entonces,
empezó el final de su luna de miel
con el movimiento de masas. Este proceso
que se inició en septiembre de 2006
se agudizó ya entrado el 2007.
¿Cuál es la explicación
de este desgaste? ¿Cómo se
explica que lo que era previsto como una
elección presidencial, que iba a
significar un paseo triunfal, se comience
a convertir en una pesadilla? ¿Qué
hizo que resignara su reelección?
¿Por qué, a pesar de una oposición
que no consigue entidad para amenazar la
elección de la esposa del presidente,
Cristina Fernández, el panorama electoral
se ha enturbiado tanto? ¿Cuál
es la perspectiva de esta situación?
Y, ¿cuál el papel de la izquierda,
los trabajadores y los sectores populares,
anticapitalistas y antiimperialistas? Pero
lo más importante: ¿Cuáles
son las razones de fondo para que el país
este recorriendo de nuevo un tembladeral
político y social de futuro incierto?
Para nosotros el trasfondo de estos hechos
y del acelerado desgaste del gobierno se
encuentra en la génesis y desarrollo
del Argentinazo. Repasar este proceso, sus
conclusiones nos ayudará a entender
mejor la realidad actual.
El 2007 se ha convertido en el peor año
del gobierno. En el plazo de unos pocos
meses Kirchner fue derrotado electoralmente,
entre otros lugares, en la Ciudad de Buenos
Aires, uno de los principales distritos
del país, que es la sede del gobierno
nacional.
Se desató una enorme rebelión
popular de más de 40 días
en la Provincia de Santa Cruz,
de la que el presidente fue gobernador por
12 años. Este proceso acaudillado
por los docentes, trabajadores y la población
de la provincia, terminó con el gobernador
de la misma y obtuvo gran parte de los reclamos
que se negaba a dar. Pero es sólo
el más profundo y desarrollado de
un proceso de luchas obreras y populares
que recorre el país.
Fueron estallando de a uno, sin
que pasara una semana sin que ocurrieran,
escándalos de corrupción que
involucran a funcionarios íntimamente
relacionados con el presidente.
El último, una valija con 800.000
dólares entrada sin autorización
por un empresario venezolano, en un vuelo
privado contratado por la empresa estatal
argentina Enarsa, desató una crisis
con el gobierno de Chávez.
Se hizo patente la crisis energética
que atacó en su base a la principal
conquista reivindicada por el gobierno,
el crecimiento económico. Así
se tuvo que proceder a la paralización
de empresas, el despido y suspensión
de trabajadores y el crecimiento de un enorme
mal humor popular.
Y, además, comenzó un proceso
de disparada de la inflación que
ataca fundamentalmente a los sectores populares,
al crecer descontrola-damente los precios
de los principales productos que ellos consumen.
La causa de esta crisis estructural que
se esta concentrando en los últimos
meses hay que buscarlas en que no hubo ningún
cambio de fondo, tan sólo medidas
cosméticas y que se siguió
manteniendo en su esencia el modelo que
llevó a la crisis y revolución
de diciembre de 2001.
La década del triunfo del “neoliberalismo”
Los diez años de gobierno de Menem
fueron los del cambio estructural más
profundo que soportó el país
en medio siglo. Sobre la base de derrotas
importantes del movimiento obrero y popular,
y de una ofensiva ideológica en sintonía
con la política del imperialismo,
asentada en la implosión del llamado
“socialismo real”, el menemismo
consiguió adaptar al país
a los dictados del Consenso de Washington:
el llamado “modelo neoliberal”.
Profundización del brutal endeudamiento
externo, desregulación y flexibilización
laboral, tercerizaciones, privatizaciones
y entrega, con su secuela de desocupación
y profundización de la extranjerización
de la economía. El desmantelamiento
de los emprendi-mientos nacionales que podrían
haber sido base de un desarrollo tecnológico
independiente tuvo como símbolos
la eliminación del Plan Cóndor,
un programa de desarrollo autónomo
de tecnología misilística
y aeroespacial y la liquidación del
presupuesto estatal para la investigación
y el desarrollo.
La extranjerización de la economía
llegó al desembarco de multinacionales
en tradicionales negocios de los principales
grupos económicos locales. Desde
la fabricación de galletitas y caramelos,
supermercados, hasta la concentración
de las exportaciones agrícolas en
manos de dos o tres transnacionales exportadoras.
Se produjo, asimismo, un salto exponencial
en la formación de un enorme ejército
de reserva de los trabajadores. Nunca antes
en el país, uno de los pocos de Latinoamérica
que gozaron de pleno empleo por décadas,
se habían dado tasas de desocupación
y subocupación que llegaron al 30%
de la población económicamente
activa: cinco millones de argentinos quedaron
sin empleo.
En el proceso de entrega, se llegó
a la liquidación total de varios
de los pilares de cualquier economía
de un país semicolonial que pretenda
un desarrollo relativamente independiente.
Se entregaron los recursos naturales, petróleo,
gas, minería y también la
propiedad de la tierra, Enormes extensiones
de tierras cultivables o de pastoreos pasaron
a manos de inversores extranjeros. Se desguazaron
y concecionaron las principales redes de
transporte ferroviario, pluvial y marítimo.
Y se abrió incondicionalmente el
comercio exterior. Mientras que la “liberación”
total del sistema bancario, con la “autonomía
del Banco Central” dejó sin
ningún tipo de control estatal el
flujo de capitales especulativos. Así
se produjo una transferencia monumental
de fondos al exterior. Este proceso se asentó
en una paridad monetaria fija, la llamada
convertibilidad y en una legislación
hecha como un traje a medida para los fondos
buitres.
Esta estructura es la que Kirchner defiende,
no hay un nuevo modelo de acumulación
económica como pretende el presidente,
lo que hay es una adaptación a las
nuevas condiciones internacionales. Las
bases de las contradicciones y el desgaste
de su gobierno hay que buscarla en el mantenimiento
de esas bases estructurales instaladas por
el menemismo.
Esto fue posible por la colaboración
de los dos grandes partidos tradiciones,
el Partido Justicialista y la UCR. Que en
los últimos 20 años se habían
alternado en el poder. Tampoco hubiera sido
posible sin la participación activa
de la burocracia sindical, que se enriqueció
por los servicios prestados, hasta que un
sector se convirtió en empresario.
Pero todavía hay una razón
más y que proviene del campo de los
luchadores y la izquierda. El MAS, un partido
socialista revolucionario que había
logrado influenciar a importantes camadas
de la vanguardia obrera y popular, que había
alcanzado representación parlamentaria
y que comenzaba a influenciar franjas de
masas, estalló provocando un retroceso
del proceso de independencia política
en los trabajadores y elementos de desorganización
y la desmoralización de sectores
importantes de la vanguardia obrera y popular.
Haciendo más lento el proceso de
resistencia.
El comienzo
de la resistencia
Pero como reacción a esta brutal
ofensiva fueron creciendo nuevos movimientos
sociales, algunos de ellos influenciados
por corrientes políticas de izquierda,
que dieron origen a la organización
de los desocupados.
Los fogoneros primero y los piqueteros luego,
que incorporaron los cortes de ruta, las
manifestaciones, los bloqueos de caminos,
puentes y empresas, ocupando el papel en
esta resistencia que no tomaba el movimiento
obrero.
Luchas heroicas, con enfrenta-mientos y
muertos en las rutas no fueron doblegadas,
por el contrario comenzaron a encontrar
la simpatía de la clase media de
las grandes ciudades, que empezaba a ver
como se achicaban sus expectativas de mejorar
el nivel de vida. La desocupación
no había llegado sólo a los
trabajadores fabriles había calado
en entre los de cuello blanco, y la clase
media asalariada: ingenieros, técnicos
especializados, profesionales, engrosaban
las filas de los que cortaban rutas, manejaban
taxis o sucumbían a la angustia de
un futuro abruptamente frustrado. Y en la
medida que este ascenso y proceso de organización
se combinaba con la crisis económica
mundial, abierta con la caída de
México en el 95 y su secuela en los
Tigres Asiáticos en el 97 y luego
Rusia y Turquía, comenzaba en proceso
de agotamiento del experimento menemista.
Y se preparaba su reemplazo por una Alianza
entre la UCR y el recientemente constituido
Frepaso. Las consignas centrales de este
frente, hablaban de una Argentina para Todos,
iban contra la corrupción y planteaban
un cambio moral. Nada decían sin
embargo de terminar con los males que habían
conducido a esto. Esta era la experiencia
que le faltaba al movimiento de masas populares
terminaran de romper con los viejos partidos.
La Alianza
y el preludio del Argentinazo
El triunfo del Radical De La Rúa
y del Frepasista Carlos Chacho Álvarez
aceleró el desenlace. Las ilusiones
con los que la población había
votado a la Alianza, se desvanecieron en
las primeras semanas de gobierno.
Las primeras medidas mostraban una profundización
en toda la regla del modelo menemista. El
ministro Macchinea, propuso inmediatamente
una medida que durante la campaña
electoral había desestimado de plano.
Implementó una reducción nominal
de salarios, la incorporación de
los salarios de los trabajadores al pago
del impuesto a las ganancias y un impuestazo
generalizado. Todo al servicio de hacer
frene a los pagos de la deuda externa que
por otra parte crecían exponencialmente
al tiempo que se desarrollaba la crisis
financiera mundial. Los piqueteros, redoblaron
sus manifestaciones, cortes y luchas, la
simpatía de la clase media urbana
era cada vez más palpable al aplaudir,
acompañar y ayudar con alimentos
y bebidas el paso de las marchas de los
piqueteros. Se empezaba a dar una de las
condiciones clásicas que preparan
las insurrecciones urbanas, la confluencia
entre los sectores más pebleyos y
humildes de los trabajadores, la población
y las clases medias.
Un punto de inflexión en el gobierno
de la Alianza fue el descubrimiento de un
soborno en la Cámara de Senadores
para que estos votaran una nueva ley de
Flexibilización Laboral todavía
peor que la menemista. Esto provocó
con su descubrimiento la renuncia del vicepresidente,
y el aceleramiento de la situación.
Luego la historia es más conocida.
Un ministro de Economía, López
Murphy, que duró una semana, luego
de haber pretendido privatizar la universidad
pública. El advenimiento de Cavallo,
un megacanje de la Deuda Externa, que significó
otro crecimiento gigante del endeudamiento
del país y por fin la fuga de capitales
y la incautación de los ahorros de
centenares de miles de ahorristas, que desataron
una movilización nunca vista entre
la clase media.
Las calles fueron cambiando de dueño.
Corría la segunda mitad de 2001,
la historia ya no se construía desde
los despachos oficiales o sus medios cómplices,
los excluidos, los estafados, los hambrientos,
los humillados la habían tomado por
su cuenta. Empezaban a escribir su propia
historia. Empezaban a dejar el pedido de
justicia para pasar directamente al reclamo
de que se fueran los gobernantes. Y así
ocurrió durante más de un
año. De a poco, paso a paso, el movimiento
que desembocó en el Argentinazo primero
y en las asambleas barriales después,
fue pasando de los reclamos sectoriales
a los reclamos políticos, había
comprendido que el problema radicaba en
el poder, en el gobierno. Sin mucha claridad
de cómo sustituirlo tenían
la certeza de que ya no iba más,
ni los que estaban en ese momento ni los
que los habían precedido. Se acercaba
el momento del desenlace y se olía
en el aire. Así con las masas escribiendo
su propia historia en las calles llegó
diciembre y las jornadas del 19 y 20. Se
derrumbada junto con el gobierno y los que
lo sostenían, la ideología
que había logrado instrumentar la
entrega.
La nueva etapa
El Argentinazo abre para nosotros una nueva
etapa de la lucha política en el
país. Por su puesto es un debate.
Estos hechos son muy recientes y como todo
gran suceso histórico el proceso
de llegar a las conclusiones y elaboraciones
lleva tiempo, correcciones y cambios. Sin
embargo, algunas de las razones fundamentales
para que sostengamos esta definición
son: en primer lugar la liquidación
del viejo régimen bipartidista que
gobernó las últimas dos décadas.
En segundo lugar el no surgimiento de un
nuevo sistema de partidos o alianzas que
les de estabilidad y la posibilidad de alternancia
en el gobierno. En tercer término
el cambio a nivel de la conciencia del movimiento
de masas que ha roto con las viejas ideologías
de la década del ’90. El cuarto,
la energía y entereza del movimiento
de masas en sus luchas, y el principio de
surgimiento de una nueva conducción
obrera.
Son estos algunos de los temas que queremos
debatir porque son ellos, los que en última
instancia, explican la situación
actual del gobierno de Kirchner y la perspectiva
a la que se encamina el país.
Veinte años consecutivos de alternancia
política de los viejos partido burgueses
hicieron posible que el movimiento de masas
desarrollara con ellos una experiencia a
fondo. Cuando con las contradicciones y
la rebelión se decidieron a terminar
con el gobierno de De la Rúa y la
Alianza, las masas estuvieron dispuestas
también a terminar con el resto de
los políticos patronales. El otro
gran golpeado fue el PJ. Hay muchos ejemplos
de esto, sin embargo diremos que ambos partidos
en distinta medida, se han convertido en
la suma de caudillos locales que controlan
una parte del poder político. Y que
se alían de acuerdo a sus necesidades
de sobrevivencia. Es así que la corriente
conocida como radicales K, son los gobernadores
y algunos intendentes de la UCR que dependen
directamente de las ayudas y los subsidios
del gobierno nacional. Por otra parte ocurre
un fenómeno similar con los sectores
del PJ que acompañan a Kirchner.
Sin embargo la explicación más
de fondo de esta crisis del bipartidismo
es que ambos partidos han perdido su base
popular, su militancia, la pasión
por las banderas o las ideas históricas
que los guiaron durante décadas.
El Argentinazo no es un proceso aislado
en la historia reciente del país.
Su antecedente más inmediato a nivel
nacional es la revolución democrática
que en 1982 liquidó a la Dictadura
Genocida.
Durante casi 70 años, el sistema
político argentino contaba con un
actor que también participaba de
la alternancia en el gobierno en la medida
que las crisis hacían imposible la
aplicación de medidas antiobreras
y antipopulares por parte de los tradicionales
partidos burgueses: el partido militar.
Esta participación permitía
que cuando el desgaste de los militares
era ya pronunciado entraran a jugar nuevamente
los partidos. Pero la revolución
de 1982 liquidó al partido militar.
Se sucedieron entonces dos décadas
de desgaste y crisis ininterrumpidas de
los partidos políticos tradicionales.
Esta es la base material de la crisis y
agonía del viejo régimen.
Así aunque mantengan las banderas,
las insignias, los nombres o los sellos,
el sistema político en el país
ya no podrá volver a ser lo que era
antes. Pero aunque en crisis, los viejos
partidos no terminan de morir, cada uno
de sus componentes es una parte de los nuevos
armados políticos en espacios donde
se mezclan de acuerdo a políticas
e intereses particulares que defienden.
Así podemos encontrar dirigentes
del PJ y la UCR en Concertación Plural
del gobierno, en la Coalición Cívica
de Carrió, en el UNA de Lavagna y
hasta en el PRO de Macri y López
Murphy.
Por otra parte no ha nacido aun un nuevo
sistema político. El debate sobre
como tiene que ser ocupa gran parte de los
trabajos de los analistas y los políticos
patronales. Se concentran en tratar de darle
forma a dos grandes fuerzas, una de centroiz-quierda
y otra de centroderecha, que permitan volver
a darle estabilidad y alternancia al sistema.
Una estabilidad que por otra parte esta
muy lejana. La ausencia de la garantía
del partido militar para el relevo de los
partidos gastados obliga a esa búsqueda
con tiempos cortos. La nueva esperanza blanca
de la gran burguesía argentina, el
ingeniero Mauricio Macri no deja de ser
todavía eso, apenas una esperanza,
aún está por ver si podrá
gobernar a la Ciudad que vio nacer al Argentinazo.
El problema de la ruptura ideológica
es también profundo. El repudio a
las privatizaciones, a la entrega de los
recursos naturales, los servicios, el odio
al FMI y los capitales financieros internacionales
es igual que el repudio a las leyes laborales
del neoliberalismo. Gran parte de los conflictos
obreros y de los trabajadores son contra
las prácticas de flexibilización
y tercerización laboral. Por recuperar
conquistas de la Argentina de los ’70,
que por otra parte se consiguen, aunque
no sin grandes luchas y algunas derrotas
parciales. Y así como en los ’90
la dominación ideológica obedecía
a una onda mundial de ofensiva del neolibe-ralismo,
en este principio de siglo y especialmente
en América Latina, las masa rompen
con aquellas ideas y se han vuelto a inclinar
con fuerza por las de igualdad, justicia,
solidaridad y en menor medida pero creciendo
las ideas del socialismo.
Desde el punto del reemplazo de las direcciones
burocráticas del movimiento obrero
se están dando pasos. Todavía
son los primeros, pero se avanza. Por mencionar
un ejemplo importante diremos que el conflicto
de los trabajadores de la educación
que desarrolló por espacio de cuarenta
días en la Provincia de Santa Cruz
y que se transformó en una rebelión
popular tuvo a su frente una conducción
combativa y democrática que se opone
a la conducción nacional del gremio
docente y que encabeza hoy en día
una lista de oposición a nivel nacional.
Lista integrada en su gran mayoría
por dirigentes que encabezaron luchas similares
a los maestros santacruceños y de
la provincia de Neuquén donde hasta
llego a haber un muerto por la represión
gubernamental.
En este marco también juega un papel
altamente progresivo la constitución
y desarrollo del Movimiento Intersincal
Clasista (MIC), que ha sido un protagonista
importante en las campañas de solidaridad
para que triunfen las grandes luchas docentes
y además impulsa la lucha antibu-rocrática
que dará pelea a la conducción
del gremio. Al interior del MIC, también
se organizan otros trabajadores estatales
y privados, de los subterráneos,
ferroviarios, etcétera. Estando en
sus inicios, el proceso de nacimiento de
esta nueva dirección obrera, es uno
de los aspectos más dinámicos
de la situación política en
Argentina.
Estos son algunos de los elementos que se
han seguido desarrollando a veces más
lenta y subterráneamente otras de
manera más abierta en los años
siguientes a la rebelión del 2001.
Si el Argentinazo y la nueva etapa que abrió
no pudieron seguir avanzando y algunos de
los elementos del la convulsión del
2001, como por ejemplo el giro a izquierda
del movimiento de masas, se atemperaron,
tuvo que ver, además con problemas
objetivos, y la política iniciada
por Eduardo Duhalde, con los errores cometidos
por la izquierda. Más adelante entraremos
en algunos de ellos, y como creemos que
debemos encarar los nuevos desafíos
que la izquierda tiene por delante (ver
Hacia una Nueva Izquierda)
Kirchner en
su laberinto
Kirchner
fue electo con la menor cantidad de votos
de la historia Argentina, apenas el 21%
de los votos positivos y el 17% de los ciudadanos
habilitados para votar. Esta es la marca
de origen de su gobierno. Y su política
estuvo signada por este destino. La correcta
lectura del Argentinazo que hizo. La certeza
de que todavía las brasas ardían
debajo de una aparente vuelta a la normalidad,
lo llevó a desarrollar un doble discurso.
Apoyado en consignas democráticas,
en una supuesta reivindicación de
los derechos humanos y en algunas medidas
cosméticas, trató de normalizar,
en el sentido de lo que exigen los grandes
grupos económicos y los dirigentes
políticos burgueses el país
y las instituciones de un régimen
herido de muerte. Este discurso, confundió
a una parte muy grande del movimiento de
masas y empezó un proceso de cooptación
a derecha e izquierda. El objetivo de lograr
alguna base de apoyo territorial, esta lejos
de haberse concretado.
El otro elemento que lo favoreció
provino de la situación internacional.
La excelente performance de los precios
internacionales de los commodities, el defalut
o suspensión de los pagos de la deuda
arrancados por el Argentinazo, y la devaluación
provocada por el gobierno transicio-nal
de Eduardo Duhalde, le permitieron encontrar
apoyo en una economía que rebotó
del pozo en el que había caído
desde el 2001, y siguió creciendo.
El discurso populista y la marcha económica
lo ayudaron un tiempo a mantener el engaño
sobre el movimiento de masas.
Pero al no tomar ninguna medida de fondo
para romper con el modelo neoliberal instalado
durante los 90, los problemas estructurales
empezaron a manifestarse con toda crudeza.
Sin embargo el primer golpe fue en relación
a su principal caballito de batalla: los
derechos humanos. La desaparición
de Jorge Julio López, en septiembre
de 2006 y su silencio, empezó a marcar
el camino de la decepción. Pero desde
entonces una seguidilla de acontecimientos,
y las respuestas del propio gobierno no
hicieron más que profundizar su desgaste
y la ruptura de sectores importantes del
movimiento de masas con su gobierno.
Algunos de los fundamentales son los que
señalamos al principio. La rebelión
popular desencadenada por el conflicto docente
en Santa Cruz, mostró el verdadero
rostro del presidente en su propia provincia.
Después de un mes de negarse a dialogar
con los dirigentes de ese conflicto, de
acusarlos de matones y de desmentir las
afirmaciones de los trabajadores, tuvo que
retroceder a riesgo de que el huracán
patagónico arrasara con toda su credibilidad.
La intervención en el Instituto de
Estadísticas y Censos (INDEC), para
manipular los datos relativos a la inflación
y el aumento de precios de los productos
básicos aumentaron el descrédito.
Y al tiempo comenzaron a explotar casos
de corrupción que comprometieron
y comprometen a figuras principales de su
gobierno. Se descubrieron coimas en la construcción
de un gasoducto, hecho conocido como el
caso Skanska. Se descubrió una bolsa
con supuesto dinero negro en el baño
de la oficina de la ministra de Economía,
Felisa Micelli, sobresuel-dos y pagos excesivos
en la secretaria de Medio Ambiente, contrabando
de armas que comprometen a la ministra de
Defensa y Ahora una valija procedente de
Venezuela, conteniendo 800.000 dólares
que ingresaron al país en un avión
privado rentado por directivos de la empresa
Enarsa. Este caso involucra a uno de los
hombres de más confianza de Kirchner,
el ministro de Obras Públicas, Julio
De Vido.
A todo esto hay que sumarle que las turbulencias
de la economía internacional empiezan
a complicar la marcha de la economía
Argentina. Y, lo que es más grave,
por el mantenimiento de la estructura de
las privatizaciones el suministro energético
esta en la cuerda floja del colapso. Así
el doble discurso de Kirchner ha quedado
completamente al desnudo y de la misma manera
que es poco creíble para sectores
importantes de la población es una
excusa para ser presionado por los empresarios
que piden aumentos de tarifas.
Todo esto en medio del proceso electoral
en el que el presidente presenta como sucesora
a su esposa, Cristina Fernández.
Lo que hasta hace apenas unos meses se presentaba
como un paseo electoral, se ha complicado
de manera impensada para el gobierno de
Kirchner. No es por la existencia de una
oposición fuerte o que avanza. Por
el contrario es por que se ha abierto el
proceso de ruptura de franjas importantes
de masas con su gobierno. Los últimos
resultados electorales, los más simbólicos
así lo demuestran. La derrota en
la Ciudad de Buenos Aires o Tierra del Fuego
muestra ese corrimiento electoral hacia
lo primero que encuentra el electorado para
castigar al gobierno. En un caso el ganador
fue un candidato de derecha, en otro es
una candidata de perfil progresista. El
resultado de la elección de Buenos
Aires ha abierto un debate entre la vanguardia,
¿el triunfo de Macri representa un
giro a la derecha del movimiento de masas?
Nuestra opinión es que ese triunfo
no es un giro a derecha como tampoco significa
el nacimiento de un nuevo progresismo el
triunfo del ARI en Tierra del Fuego. Creemos
que los sectores que han roto con el gobierno
han optado por espacios que le pueden ganar
a Kirchner y no miran si sus dirigentes
son de derecha o progresistas.
Este desgaste se acelerará. Es cierto
que no hay una oposición patronal
que hoy por hoy pueda capitalizarlo. Pero
hace apenas cuatro meses la elección
presidencial era vista como un trámite
y hasta como una maniobra para la alternancia
entre la familia Kirchner en el gobierno.
Hoy nada de eso es así. Al mismo
tiempo la propia elección porteña
mostró otro dato importante de la
realidad. La izquierda, en las listas del
MST Nueva Izquierda, volvió a sacar
un diputado, alcanzando el 4% de los votos
en una elección extremadamente polarizada.
El laberinto en el que está Kirchner
es que tiene que responder a las presiones
crecientes de sectores burgueses a meses
de las elecciones y que ha perdido su romance
con una parte del electorado.
Una gran oportunidad
para la izquierda
El desgaste de Kirchner abre una enorme
oportunidad a la izquierda. Tanto en el
terreno de la luchas como en campo político.
Pero para saber aprovecharlo hay que aprender
de los errores del pasado. El proceso por
una Nueva Izquierda que iniciamos del MST
junto a decenas de compañeros independientes,
y otras organizaciones políticas
y sociales, parte de las primeras conclusiones
que sacamos de nuestra propia actuación
durante el Argentinazo, al igual que de
la actuación del resto de la izquierda.
El sectarismo, el dogmatismo, y el oportunismo
son peligros que creemos que hay que combatir.
En este camino estamos empalmando con compañeros
de distintas experiencias y tradiciones.
Es una política estratégica
en el camino de construir el partido revolucionario
en nuestro país, y su ámbito
de actuación son las luchas, los
movimientos sociales, los procesos políticos
y las elecciones.
En este terreno frente a las próximas
presidenciales de octubre creemos que está
planteado un gran desafío. Ya se
probó en las elecciones de Buenos
Aires, como lo señalamos más
arriba. Pero el avance del desgaste y la
ruptura de nuevos sectores nos obligan,
a buscar conformar una herramienta mucho
más amplia buscando acordar con nuevos
sectores con los que podemos coincidir programáticamente
en medidas de fondo para el país.
Por ejemplo en las que hacen a la reestatización
de los recursos naturales entre muchas otras.
Creemos que un acuerdo de izquierda con
sectores que provienen del antiimperialismo
consecuente puede ser un paso adelante en
la pelea por poner en pie una verdadera
alternativa en el terreno electoral (resoluciones
del Plenario por una Nueva Izquierda). Si
esto no llegará a darse, si todavía
el tiempo de maduración de este proceso
no hubiera llegado, sería apenas
un retraso momentáneo, y el espacio
por una Nueva Izquierda daría la
batalla electoral con todas sus fuerzas
por la candidatura de Vilma Ripoll como
presidente. Mientras tanto, en la pelea
cotidiana, en el día a día
de la lucha contra el modelo que defiende
el kirchnerismo nos disponemos a avanzar
trabajando en común con los miles
y miles de anónimos luchadores que
ya han roto con sus ilusiones en el doble
discurso del presidente y su señora,
allí hay también la enorme
oportunidad de dar pasos en la construcción
de un gran partido de izquierda y revolucionario
que batalle por la influencia de masas.
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