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Argentina

La decadencia de Kirchner

Escribe: Carlos Miranda

Después de dos años y medio de gobierno, en los que acumuló índices de popularidad que superaban ampliamente el resultado electoral con el que había asumido en mayo de 2003, empezó el declive de Kirchner. Desde la mitad de 2006 comenzó su desgaste. Para entonces, empezó el final de su luna de miel con el movimiento de masas. Este proceso que se inició en septiembre de 2006 se agudizó ya entrado el 2007.

¿Cuál es la explicación de este desgaste? ¿Cómo se explica que lo que era previsto como una elección presidencial, que iba a significar un paseo triunfal, se comience a convertir en una pesadilla? ¿Qué hizo que resignara su reelección? ¿Por qué, a pesar de una oposición que no consigue entidad para amenazar la elección de la esposa del presidente, Cristina Fernández, el panorama electoral se ha enturbiado tanto? ¿Cuál es la perspectiva de esta situación? Y, ¿cuál el papel de la izquierda, los trabajadores y los sectores populares, anticapitalistas y antiimperialistas? Pero lo más importante: ¿Cuáles son las razones de fondo para que el país este recorriendo de nuevo un tembladeral político y social de futuro incierto? Para nosotros el trasfondo de estos hechos y del acelerado desgaste del gobierno se encuentra en la génesis y desarrollo del Argentinazo. Repasar este proceso, sus conclusiones nos ayudará a entender mejor la realidad actual.
El 2007 se ha convertido en el peor año del gobierno. En el plazo de unos pocos meses Kirchner fue derrotado electoralmente, entre otros lugares, en la Ciudad de Buenos Aires, uno de los principales distritos del país, que es la sede del gobierno nacional.
Se desató una enorme rebelión popular de más de 40 días en la Provincia de Santa Cruz, de la que el presidente fue gobernador por 12 años. Este proceso acaudillado por los docentes, trabajadores y la población de la provincia, terminó con el gobernador de la misma y obtuvo gran parte de los reclamos que se negaba a dar. Pero es sólo el más profundo y desarrollado de un proceso de luchas obreras y populares que recorre el país.
Fueron estallando de a uno, sin que pasara una semana sin que ocurrieran, escándalos de corrupción que involucran a funcionarios íntimamente relacionados con el presidente. El último, una valija con 800.000 dólares entrada sin autorización por un empresario venezolano, en un vuelo privado contratado por la empresa estatal argentina Enarsa, desató una crisis con el gobierno de Chávez.
Se hizo patente la crisis energética que atacó en su base a la principal conquista reivindicada por el gobierno, el crecimiento económico. Así se tuvo que proceder a la paralización de empresas, el despido y suspensión de trabajadores y el crecimiento de un enorme mal humor popular.
Y, además, comenzó un proceso de disparada de la inflación que ataca fundamentalmente a los sectores populares, al crecer descontrola-damente los precios de los principales productos que ellos consumen. La causa de esta crisis estructural que se esta concentrando en los últimos meses hay que buscarlas en que no hubo ningún cambio de fondo, tan sólo medidas cosméticas y que se siguió manteniendo en su esencia el modelo que llevó a la crisis y revolución de diciembre de 2001.

La década del triunfo del “neoliberalismo”


Los diez años de gobierno de Menem fueron los del cambio estructural más profundo que soportó el país en medio siglo. Sobre la base de derrotas importantes del movimiento obrero y popular, y de una ofensiva ideológica en sintonía con la política del imperialismo, asentada en la implosión del llamado “socialismo real”, el menemismo consiguió adaptar al país a los dictados del Consenso de Washington: el llamado “modelo neoliberal”. Profundización del brutal endeudamiento externo, desregulación y flexibilización laboral, tercerizaciones, privatizaciones y entrega, con su secuela de desocupación y profundización de la extranjerización de la economía. El desmantelamiento de los emprendi-mientos nacionales que podrían haber sido base de un desarrollo tecnológico independiente tuvo como símbolos la eliminación del Plan Cóndor, un programa de desarrollo autónomo de tecnología misilística y aeroespacial y la liquidación del presupuesto estatal para la investigación y el desarrollo.
La extranjerización de la economía llegó al desembarco de multinacionales en tradicionales negocios de los principales grupos económicos locales. Desde la fabricación de galletitas y caramelos, supermercados, hasta la concentración de las exportaciones agrícolas en manos de dos o tres transnacionales exportadoras.
Se produjo, asimismo, un salto exponencial en la formación de un enorme ejército de reserva de los trabajadores. Nunca antes en el país, uno de los pocos de Latinoamérica que gozaron de pleno empleo por décadas, se habían dado tasas de desocupación y subocupación que llegaron al 30% de la población económicamente activa: cinco millones de argentinos quedaron sin empleo.
En el proceso de entrega, se llegó a la liquidación total de varios de los pilares de cualquier economía de un país semicolonial que pretenda un desarrollo relativamente independiente. Se entregaron los recursos naturales, petróleo, gas, minería y también la propiedad de la tierra, Enormes extensiones de tierras cultivables o de pastoreos pasaron a manos de inversores extranjeros. Se desguazaron y concecionaron las principales redes de transporte ferroviario, pluvial y marítimo. Y se abrió incondicionalmente el comercio exterior. Mientras que la “liberación” total del sistema bancario, con la “autonomía del Banco Central” dejó sin ningún tipo de control estatal el flujo de capitales especulativos. Así se produjo una transferencia monumental de fondos al exterior. Este proceso se asentó en una paridad monetaria fija, la llamada convertibilidad y en una legislación hecha como un traje a medida para los fondos buitres.
Esta estructura es la que Kirchner defiende, no hay un nuevo modelo de acumulación económica como pretende el presidente, lo que hay es una adaptación a las nuevas condiciones internacionales. Las bases de las contradicciones y el desgaste de su gobierno hay que buscarla en el mantenimiento de esas bases estructurales instaladas por el menemismo.
Esto fue posible por la colaboración de los dos grandes partidos tradiciones, el Partido Justicialista y la UCR. Que en los últimos 20 años se habían alternado en el poder. Tampoco hubiera sido posible sin la participación activa de la burocracia sindical, que se enriqueció por los servicios prestados, hasta que un sector se convirtió en empresario. Pero todavía hay una razón más y que proviene del campo de los luchadores y la izquierda. El MAS, un partido socialista revolucionario que había logrado influenciar a importantes camadas de la vanguardia obrera y popular, que había alcanzado representación parlamentaria y que comenzaba a influenciar franjas de masas, estalló provocando un retroceso del proceso de independencia política en los trabajadores y elementos de desorganización y la desmoralización de sectores importantes de la vanguardia obrera y popular. Haciendo más lento el proceso de resistencia.

El comienzo de la resistencia

Pero como reacción a esta brutal ofensiva fueron creciendo nuevos movimientos sociales, algunos de ellos influenciados por corrientes políticas de izquierda, que dieron origen a la organización de los desocupados.
Los fogoneros primero y los piqueteros luego, que incorporaron los cortes de ruta, las manifestaciones, los bloqueos de caminos, puentes y empresas, ocupando el papel en esta resistencia que no tomaba el movimiento obrero.
Luchas heroicas, con enfrenta-mientos y muertos en las rutas no fueron doblegadas, por el contrario comenzaron a encontrar la simpatía de la clase media de las grandes ciudades, que empezaba a ver como se achicaban sus expectativas de mejorar el nivel de vida. La desocupación no había llegado sólo a los trabajadores fabriles había calado en entre los de cuello blanco, y la clase media asalariada: ingenieros, técnicos especializados, profesionales, engrosaban las filas de los que cortaban rutas, manejaban taxis o sucumbían a la angustia de un futuro abruptamente frustrado. Y en la medida que este ascenso y proceso de organización se combinaba con la crisis económica mundial, abierta con la caída de México en el 95 y su secuela en los Tigres Asiáticos en el 97 y luego Rusia y Turquía, comenzaba en proceso de agotamiento del experimento menemista. Y se preparaba su reemplazo por una Alianza entre la UCR y el recientemente constituido Frepaso. Las consignas centrales de este frente, hablaban de una Argentina para Todos, iban contra la corrupción y planteaban un cambio moral. Nada decían sin embargo de terminar con los males que habían conducido a esto. Esta era la experiencia que le faltaba al movimiento de masas populares terminaran de romper con los viejos partidos.

La Alianza y el preludio del Argentinazo

El triunfo del Radical De La Rúa y del Frepasista Carlos Chacho Álvarez aceleró el desenlace. Las ilusiones con los que la población había votado a la Alianza, se desvanecieron en las primeras semanas de gobierno.
Las primeras medidas mostraban una profundización en toda la regla del modelo menemista. El ministro Macchinea, propuso inmediatamente una medida que durante la campaña electoral había desestimado de plano. Implementó una reducción nominal de salarios, la incorporación de los salarios de los trabajadores al pago del impuesto a las ganancias y un impuestazo generalizado. Todo al servicio de hacer frene a los pagos de la deuda externa que por otra parte crecían exponencialmente al tiempo que se desarrollaba la crisis financiera mundial. Los piqueteros, redoblaron sus manifestaciones, cortes y luchas, la simpatía de la clase media urbana era cada vez más palpable al aplaudir, acompañar y ayudar con alimentos y bebidas el paso de las marchas de los piqueteros. Se empezaba a dar una de las condiciones clásicas que preparan las insurrecciones urbanas, la confluencia entre los sectores más pebleyos y humildes de los trabajadores, la población y las clases medias.
Un punto de inflexión en el gobierno de la Alianza fue el descubrimiento de un soborno en la Cámara de Senadores para que estos votaran una nueva ley de Flexibilización Laboral todavía peor que la menemista. Esto provocó con su descubrimiento la renuncia del vicepresidente, y el aceleramiento de la situación.
Luego la historia es más conocida. Un ministro de Economía, López Murphy, que duró una semana, luego de haber pretendido privatizar la universidad pública. El advenimiento de Cavallo, un megacanje de la Deuda Externa, que significó otro crecimiento gigante del endeudamiento del país y por fin la fuga de capitales y la incautación de los ahorros de centenares de miles de ahorristas, que desataron una movilización nunca vista entre la clase media.
Las calles fueron cambiando de dueño. Corría la segunda mitad de 2001, la historia ya no se construía desde los despachos oficiales o sus medios cómplices, los excluidos, los estafados, los hambrientos, los humillados la habían tomado por su cuenta. Empezaban a escribir su propia historia. Empezaban a dejar el pedido de justicia para pasar directamente al reclamo de que se fueran los gobernantes. Y así ocurrió durante más de un año. De a poco, paso a paso, el movimiento que desembocó en el Argentinazo primero y en las asambleas barriales después, fue pasando de los reclamos sectoriales a los reclamos políticos, había comprendido que el problema radicaba en el poder, en el gobierno. Sin mucha claridad de cómo sustituirlo tenían la certeza de que ya no iba más, ni los que estaban en ese momento ni los que los habían precedido. Se acercaba el momento del desenlace y se olía en el aire. Así con las masas escribiendo su propia historia en las calles llegó diciembre y las jornadas del 19 y 20. Se derrumbada junto con el gobierno y los que lo sostenían, la ideología que había logrado instrumentar la entrega.

La nueva etapa

El Argentinazo abre para nosotros una nueva etapa de la lucha política en el país. Por su puesto es un debate. Estos hechos son muy recientes y como todo gran suceso histórico el proceso de llegar a las conclusiones y elaboraciones lleva tiempo, correcciones y cambios. Sin embargo, algunas de las razones fundamentales para que sostengamos esta definición son: en primer lugar la liquidación del viejo régimen bipartidista que gobernó las últimas dos décadas. En segundo lugar el no surgimiento de un nuevo sistema de partidos o alianzas que les de estabilidad y la posibilidad de alternancia en el gobierno. En tercer término el cambio a nivel de la conciencia del movimiento de masas que ha roto con las viejas ideologías de la década del ’90. El cuarto, la energía y entereza del movimiento de masas en sus luchas, y el principio de surgimiento de una nueva conducción obrera.
Son estos algunos de los temas que queremos debatir porque son ellos, los que en última instancia, explican la situación actual del gobierno de Kirchner y la perspectiva a la que se encamina el país.
Veinte años consecutivos de alternancia política de los viejos partido burgueses hicieron posible que el movimiento de masas desarrollara con ellos una experiencia a fondo. Cuando con las contradicciones y la rebelión se decidieron a terminar con el gobierno de De la Rúa y la Alianza, las masas estuvieron dispuestas también a terminar con el resto de los políticos patronales. El otro gran golpeado fue el PJ. Hay muchos ejemplos de esto, sin embargo diremos que ambos partidos en distinta medida, se han convertido en la suma de caudillos locales que controlan una parte del poder político. Y que se alían de acuerdo a sus necesidades de sobrevivencia. Es así que la corriente conocida como radicales K, son los gobernadores y algunos intendentes de la UCR que dependen directamente de las ayudas y los subsidios del gobierno nacional. Por otra parte ocurre un fenómeno similar con los sectores del PJ que acompañan a Kirchner. Sin embargo la explicación más de fondo de esta crisis del bipartidismo es que ambos partidos han perdido su base popular, su militancia, la pasión por las banderas o las ideas históricas que los guiaron durante décadas.
El Argentinazo no es un proceso aislado en la historia reciente del país. Su antecedente más inmediato a nivel nacional es la revolución democrática que en 1982 liquidó a la Dictadura Genocida.
Durante casi 70 años, el sistema político argentino contaba con un actor que también participaba de la alternancia en el gobierno en la medida que las crisis hacían imposible la aplicación de medidas antiobreras y antipopulares por parte de los tradicionales partidos burgueses: el partido militar. Esta participación permitía que cuando el desgaste de los militares era ya pronunciado entraran a jugar nuevamente los partidos. Pero la revolución de 1982 liquidó al partido militar. Se sucedieron entonces dos décadas de desgaste y crisis ininterrumpidas de los partidos políticos tradicionales.
Esta es la base material de la crisis y agonía del viejo régimen. Así aunque mantengan las banderas, las insignias, los nombres o los sellos, el sistema político en el país ya no podrá volver a ser lo que era antes. Pero aunque en crisis, los viejos partidos no terminan de morir, cada uno de sus componentes es una parte de los nuevos armados políticos en espacios donde se mezclan de acuerdo a políticas e intereses particulares que defienden. Así podemos encontrar dirigentes del PJ y la UCR en Concertación Plural del gobierno, en la Coalición Cívica de Carrió, en el UNA de Lavagna y hasta en el PRO de Macri y López Murphy.
Por otra parte no ha nacido aun un nuevo sistema político. El debate sobre como tiene que ser ocupa gran parte de los trabajos de los analistas y los políticos patronales. Se concentran en tratar de darle forma a dos grandes fuerzas, una de centroiz-quierda y otra de centroderecha, que permitan volver a darle estabilidad y alternancia al sistema. Una estabilidad que por otra parte esta muy lejana. La ausencia de la garantía del partido militar para el relevo de los partidos gastados obliga a esa búsqueda con tiempos cortos. La nueva esperanza blanca de la gran burguesía argentina, el ingeniero Mauricio Macri no deja de ser todavía eso, apenas una esperanza, aún está por ver si podrá gobernar a la Ciudad que vio nacer al Argentinazo.
El problema de la ruptura ideológica es también profundo. El repudio a las privatizaciones, a la entrega de los recursos naturales, los servicios, el odio al FMI y los capitales financieros internacionales es igual que el repudio a las leyes laborales del neoliberalismo. Gran parte de los conflictos obreros y de los trabajadores son contra las prácticas de flexibilización y tercerización laboral. Por recuperar conquistas de la Argentina de los ’70, que por otra parte se consiguen, aunque no sin grandes luchas y algunas derrotas parciales. Y así como en los ’90 la dominación ideológica obedecía a una onda mundial de ofensiva del neolibe-ralismo, en este principio de siglo y especialmente en América Latina, las masa rompen con aquellas ideas y se han vuelto a inclinar con fuerza por las de igualdad, justicia, solidaridad y en menor medida pero creciendo las ideas del socialismo.
Desde el punto del reemplazo de las direcciones burocráticas del movimiento obrero se están dando pasos. Todavía son los primeros, pero se avanza. Por mencionar un ejemplo importante diremos que el conflicto de los trabajadores de la educación que desarrolló por espacio de cuarenta días en la Provincia de Santa Cruz y que se transformó en una rebelión popular tuvo a su frente una conducción combativa y democrática que se opone a la conducción nacional del gremio docente y que encabeza hoy en día una lista de oposición a nivel nacional. Lista integrada en su gran mayoría por dirigentes que encabezaron luchas similares a los maestros santacruceños y de la provincia de Neuquén donde hasta llego a haber un muerto por la represión gubernamental.
En este marco también juega un papel altamente progresivo la constitución y desarrollo del Movimiento Intersincal Clasista (MIC), que ha sido un protagonista importante en las campañas de solidaridad para que triunfen las grandes luchas docentes y además impulsa la lucha antibu-rocrática que dará pelea a la conducción del gremio. Al interior del MIC, también se organizan otros trabajadores estatales y privados, de los subterráneos, ferroviarios, etcétera. Estando en sus inicios, el proceso de nacimiento de esta nueva dirección obrera, es uno de los aspectos más dinámicos de la situación política en Argentina.
Estos son algunos de los elementos que se han seguido desarrollando a veces más lenta y subterráneamente otras de manera más abierta en los años siguientes a la rebelión del 2001.
Si el Argentinazo y la nueva etapa que abrió no pudieron seguir avanzando y algunos de los elementos del la convulsión del 2001, como por ejemplo el giro a izquierda del movimiento de masas, se atemperaron, tuvo que ver, además con problemas objetivos, y la política iniciada por Eduardo Duhalde, con los errores cometidos por la izquierda. Más adelante entraremos en algunos de ellos, y como creemos que debemos encarar los nuevos desafíos que la izquierda tiene por delante (ver Hacia una Nueva Izquierda)

Kirchner en su laberinto

Kirchner fue electo con la menor cantidad de votos de la historia Argentina, apenas el 21% de los votos positivos y el 17% de los ciudadanos habilitados para votar. Esta es la marca de origen de su gobierno. Y su política estuvo signada por este destino. La correcta lectura del Argentinazo que hizo. La certeza de que todavía las brasas ardían debajo de una aparente vuelta a la normalidad, lo llevó a desarrollar un doble discurso. Apoyado en consignas democráticas, en una supuesta reivindicación de los derechos humanos y en algunas medidas cosméticas, trató de normalizar, en el sentido de lo que exigen los grandes grupos económicos y los dirigentes políticos burgueses el país y las instituciones de un régimen herido de muerte. Este discurso, confundió a una parte muy grande del movimiento de masas y empezó un proceso de cooptación a derecha e izquierda. El objetivo de lograr alguna base de apoyo territorial, esta lejos de haberse concretado.
El otro elemento que lo favoreció provino de la situación internacional. La excelente performance de los precios internacionales de los commodities, el defalut o suspensión de los pagos de la deuda arrancados por el Argentinazo, y la devaluación provocada por el gobierno transicio-nal de Eduardo Duhalde, le permitieron encontrar apoyo en una economía que rebotó del pozo en el que había caído desde el 2001, y siguió creciendo.
El discurso populista y la marcha económica lo ayudaron un tiempo a mantener el engaño sobre el movimiento de masas.
Pero al no tomar ninguna medida de fondo para romper con el modelo neoliberal instalado durante los 90, los problemas estructurales empezaron a manifestarse con toda crudeza.
Sin embargo el primer golpe fue en relación a su principal caballito de batalla: los derechos humanos. La desaparición de Jorge Julio López, en septiembre de 2006 y su silencio, empezó a marcar el camino de la decepción. Pero desde entonces una seguidilla de acontecimientos, y las respuestas del propio gobierno no hicieron más que profundizar su desgaste y la ruptura de sectores importantes del movimiento de masas con su gobierno.
Algunos de los fundamentales son los que señalamos al principio. La rebelión popular desencadenada por el conflicto docente en Santa Cruz, mostró el verdadero rostro del presidente en su propia provincia. Después de un mes de negarse a dialogar con los dirigentes de ese conflicto, de acusarlos de matones y de desmentir las afirmaciones de los trabajadores, tuvo que retroceder a riesgo de que el huracán patagónico arrasara con toda su credibilidad. La intervención en el Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC), para manipular los datos relativos a la inflación y el aumento de precios de los productos básicos aumentaron el descrédito. Y al tiempo comenzaron a explotar casos de corrupción que comprometieron y comprometen a figuras principales de su gobierno. Se descubrieron coimas en la construcción de un gasoducto, hecho conocido como el caso Skanska. Se descubrió una bolsa con supuesto dinero negro en el baño de la oficina de la ministra de Economía, Felisa Micelli, sobresuel-dos y pagos excesivos en la secretaria de Medio Ambiente, contrabando de armas que comprometen a la ministra de Defensa y Ahora una valija procedente de Venezuela, conteniendo 800.000 dólares que ingresaron al país en un avión privado rentado por directivos de la empresa Enarsa. Este caso involucra a uno de los hombres de más confianza de Kirchner, el ministro de Obras Públicas, Julio De Vido.
A todo esto hay que sumarle que las turbulencias de la economía internacional empiezan a complicar la marcha de la economía Argentina. Y, lo que es más grave, por el mantenimiento de la estructura de las privatizaciones el suministro energético esta en la cuerda floja del colapso. Así el doble discurso de Kirchner ha quedado completamente al desnudo y de la misma manera que es poco creíble para sectores importantes de la población es una excusa para ser presionado por los empresarios que piden aumentos de tarifas.
Todo esto en medio del proceso electoral en el que el presidente presenta como sucesora a su esposa, Cristina Fernández. Lo que hasta hace apenas unos meses se presentaba como un paseo electoral, se ha complicado de manera impensada para el gobierno de Kirchner. No es por la existencia de una oposición fuerte o que avanza. Por el contrario es por que se ha abierto el proceso de ruptura de franjas importantes de masas con su gobierno. Los últimos resultados electorales, los más simbólicos así lo demuestran. La derrota en la Ciudad de Buenos Aires o Tierra del Fuego muestra ese corrimiento electoral hacia lo primero que encuentra el electorado para castigar al gobierno. En un caso el ganador fue un candidato de derecha, en otro es una candidata de perfil progresista. El resultado de la elección de Buenos Aires ha abierto un debate entre la vanguardia, ¿el triunfo de Macri representa un giro a la derecha del movimiento de masas? Nuestra opinión es que ese triunfo no es un giro a derecha como tampoco significa el nacimiento de un nuevo progresismo el triunfo del ARI en Tierra del Fuego. Creemos que los sectores que han roto con el gobierno han optado por espacios que le pueden ganar a Kirchner y no miran si sus dirigentes son de derecha o progresistas.
Este desgaste se acelerará. Es cierto que no hay una oposición patronal que hoy por hoy pueda capitalizarlo. Pero hace apenas cuatro meses la elección presidencial era vista como un trámite y hasta como una maniobra para la alternancia entre la familia Kirchner en el gobierno. Hoy nada de eso es así. Al mismo tiempo la propia elección porteña mostró otro dato importante de la realidad. La izquierda, en las listas del MST Nueva Izquierda, volvió a sacar un diputado, alcanzando el 4% de los votos en una elección extremadamente polarizada.
El laberinto en el que está Kirchner es que tiene que responder a las presiones crecientes de sectores burgueses a meses de las elecciones y que ha perdido su romance con una parte del electorado.

Una gran oportunidad para la izquierda

El desgaste de Kirchner abre una enorme oportunidad a la izquierda. Tanto en el terreno de la luchas como en campo político. Pero para saber aprovecharlo hay que aprender de los errores del pasado. El proceso por una Nueva Izquierda que iniciamos del MST junto a decenas de compañeros independientes, y otras organizaciones políticas y sociales, parte de las primeras conclusiones que sacamos de nuestra propia actuación durante el Argentinazo, al igual que de la actuación del resto de la izquierda.
El sectarismo, el dogmatismo, y el oportunismo son peligros que creemos que hay que combatir. En este camino estamos empalmando con compañeros de distintas experiencias y tradiciones. Es una política estratégica en el camino de construir el partido revolucionario en nuestro país, y su ámbito de actuación son las luchas, los movimientos sociales, los procesos políticos y las elecciones.
En este terreno frente a las próximas presidenciales de octubre creemos que está planteado un gran desafío. Ya se probó en las elecciones de Buenos Aires, como lo señalamos más arriba. Pero el avance del desgaste y la ruptura de nuevos sectores nos obligan, a buscar conformar una herramienta mucho más amplia buscando acordar con nuevos sectores con los que podemos coincidir programáticamente en medidas de fondo para el país. Por ejemplo en las que hacen a la reestatización de los recursos naturales entre muchas otras. Creemos que un acuerdo de izquierda con sectores que provienen del antiimperialismo consecuente puede ser un paso adelante en la pelea por poner en pie una verdadera alternativa en el terreno electoral (resoluciones del Plenario por una Nueva Izquierda). Si esto no llegará a darse, si todavía el tiempo de maduración de este proceso no hubiera llegado, sería apenas un retraso momentáneo, y el espacio por una Nueva Izquierda daría la batalla electoral con todas sus fuerzas por la candidatura de Vilma Ripoll como presidente. Mientras tanto, en la pelea cotidiana, en el día a día de la lucha contra el modelo que defiende el kirchnerismo nos disponemos a avanzar trabajando en común con los miles y miles de anónimos luchadores que ya han roto con sus ilusiones en el doble discurso del presidente y su señora, allí hay también la enorme oportunidad de dar pasos en la construcción de un gran partido de izquierda y revolucionario que batalle por la influencia de masas.

 

 


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