| Chile
al ritmo de América Latina
Escribe:
Francisco Ortiz
La
huelga de los trabajadores contratistas
de CODELCO, la empresa minera de cobre que
aun queda en manos del estado, puso al desnudo
todas las debilidades del régimen
democrático burgués chileno,
heredado de la dictadura militar de Pinochet.
Al calor de las movilizaciones, los trabajadores
y el movimiento de masas aceleran su experiencia
con el gobierno de la concertación
y buscan por fuera del régimen una
nueva alternativa política.
Después
de 30 días de huelga los trabajadores
de las empresas contratistas, conquistaron
uno de los triunfos más importantes
del movimiento obrero chileno en las ultimas
décadas. Obligaron al gobierno a
negociar con todos los trabajadores de las
diferentes empresas contratistas de CODELCO
un pliego único de peticiones, poniendo
a la orden del día el debate sobre
la negociación por rama de la producción,
conquista arrebatada a sangre y fuego por
la dictadura militar en la década
del 70, que los diferentes gobiernos de
la Concertación han mantenido como
uno de los pilares de la anti-obrera ley
laboral chilena.
Este triunfo de los trabajadores ha despertado
todos los temores de la burguesía
chilena, que ven en esta negociación
los peores fantasmas: la clase obrera movilizada
y el fin de la nefasta ley laboral: “Todos
los dardos empresariales hoy apuntan al
ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade. Se
le reprocha ser un promotor de las negociaciones
multisectoriales y le critican «una
actuación ambigua» en el caso
Codelco. Por eso habló esta semana
Eliodoro Matte y por eso el miércoles
25 de julio se vivió una tensa reunión
en la Sofofa. Los asociados criticaron la
actuación de Andrade... le endilgan
promover la negociación interempresas,
actitud que se habría visto reflejada
en su postura frente a la huelga de los
contratistas de Codelco, un hecho que para
los hombres de negocios podría sentar
«un nefasto precedente... al sentarse
Codelco en una mesa con trabajadores de
sus contratistas validó una instancia
que no está contemplada en el mercado
legal chileno, dejando un precedente peligroso
para otras negociaciones”...
“Gonzalo García, secretario
ejecutivo de la CMPC; Alfonso Swett, dueño
de Forus; Jorge Matetic, propietario de
Carnes Ñuble e Inchalam; y Nicolás
Abumohor, ligado a SN Holding (Parque Arauco,
Puerto Velero, Balthus, entre otros), fueron
algunos de los que expresaron abiertamente
-y duramente, según asistentes- su
malestar.
La mayoría coincidió con el
análisis de que «hay una
acción dirigida por alguien para
establecer la negociación por área».
(Revista Que Pasa, agosto de 2007).
El grito de los grandes grupos económicos
chilenos que culpa al ministro de Trabajo
de promover la negociación por rama
de la producción, busca silenciar
que el triunfo de los trabajadores se conquistó
en las calles, con los cortes de ruta, el
enfrentamiento con la policía y la
derrota de las permanentes políticas
del gobierno para dividir a los trabajadores
en medio del conflicto. Para los empresarios
«Jamás en la historia de
la minería del cobre había
existido un conflicto tan agresivo como
éste. Aquí no hubo ni Dios
ni ley. Ni siquiera en los peores momentos
del gobierno militar».
Ante esta lluvia de críticas de los
empresarios al gobierno, el ministro de
Trabajo corrió a reunirse con la
cúpula de la CPC para “malos
entendidos que se suscitan”
El despertar de los trabajadores y el movimiento
popular
En Chile, a partir del año 2000,
el avance de los trabajadores y el movimiento
popular chileno ha sido permanente. Avance
que pegó un salto con el paro general
de actividades que hizo retroceder las reformas
laborales que quiso imponer el gobierno
de Ricardo Lagos, en el año 2003.
Los años 2006 y 2007 no hacen más
que confirmar esta tendencia. El crecimiento
de las movilizaciones de los Deudores Habitacionales
agrupados en ANDHA Chile, el paro del movimiento
estudiantil con toma de liceos, las movilizaciones
populares contra el Transantiago, las huelgas
de los trabajadores del Estado, las huelgas
obreras, etc, son una muestra de que Chile
es parte de la rebelión que sacude
América Latina y en la que se expresan
todos los elementos que caracterizan las
luchas de los trabajadores y el movimiento
de masas del subcontinente americano.
A diferencia de la década del 90,
las luchas hoy conquistan triunfos, lo que
permite que avance el proceso de reorganización
del movimiento obrero y popular chileno
y es un estímulo para nuevas luchas.
Los pobladores de ANDHA Chile lograron detener,
con sus movilizaciones, los remates de casas
y la condonación de 262.000 familias
del SERVIU (deuda estatal) Los estudiantes
impidieron el ajuste que el actual gobierno
quiso imponer al pasaje escolar y, con su
movilización, cuestionaron toda la
Ley de Educación. Los trabajadores
del Estado impidieron que avanzara la ley
contra la estabilidad laboral, y la clase
obrera chilena ha conquistado importantes
aumentos de salario.
Este ascenso permanente es el que permitió
a los trabajadores contratistas de CODELCO
lograr el gran triunfo que han obtenido
estos días.
Las razones
del ascenso obrero y popular
El
golpe de estado del año 1973 estuvo
dirigido principalmente contra la clase
obrera y popular. Durante más de
10 años el gobierno de Pinochet liquidó
una a una todas las conquistas de los trabajadores,
imponiendo a sangre y fuego el modelo neoliberal
orquestado por Estados Unidos.
Se terminó con la negociación
por rama de la producción, se privatizó
la jubilación entregando los ahorros
de los trabajadores a los grandes grupos
económicos, se privatizó la
educación, se flexibilizó
la ley laboral legalizando los despidos
por necesidad de la empresa, en los hechos
se terminó con el derecho a huelga
autorizando a los empresarios a contratar
trabajadores en medio del conflicto, se
privatizó la salud y se entregaron
a la rapiña imperialista los recursos
naturales: Madera, Pesca, Cobre etc.
Durante los cuatro gobiernos de la concertación
este modelo se ha profundizado, convirtiendo
a Chile en uno de los países de peor
distribución del ingreso del mundo:
el 10% más rico mostraba un ingreso
148 veces superior a los más pobres
en el 2006.
La crisis
del gobierno
Michelle Bachelet es un cuadro medio salido
de las filas del Partido Socialista (PS).
Su llegada al gobierno es fruto de una mala
maniobra del PS, que la propuso como precandidata
de la concertación cuando todas las
encuestas daban como ganador de las elecciones
presidenciales al candidato de la derecha
Joaquín Lavín, con más
del 50% de los votos en primera vuelta.
El objetivo era no gastar a un cuadro de
dirección cuando las elecciones estaban
perdidas.
Esta maniobra del PS no consideró
dos hechos que se dieron en la realidad:
primero salieron a la luz publica las cuentas
secretas de Pinochet. Mostrándolo
no solo como un dictador sino como un ladrón,
lo que llevó a una parte importante
de la población a romper con Lavín,
que se mostraba como claro continuador de
la “obra de Pinochet”. El segundo
hecho fue el giro a izquierda que venía
mostrando la población chilena, aunque
sin romper aún con la Concertación
y apostando por un candidato del PS.
Estos dos hechos llevaron a que la precandidata
del PS subiera en las encuestas llegando
a tener mas del 65% de intención
de voto, mientras el candidato de la derecha
bajó al 25% de intención de
voto. Bajo este nuevo escenario todos los
esfuerzos de la cúpula del PS por
bajar a la Bachelet fracasaron y esta llega
al gobierno con el apoyo popular el año
2006.
La llegada al gobierno de un cuadro medio
sin peso político no es un problema
menor en un régimen presidencialista
que tiene que llevar adelante un plan de
ajuste permanente sobre los trabajadores
chilenos, y que enfrenta a un movimiento
obrero y popular que no está dispuesto
a aceptar nuevos ajustes sobre su nivel
de vida, y que sale a las calles para derrotar
la política del Poder Ejecutivo.
El gobierno es incapaz de golpear con unidad
las movilizaciones, dividiéndose
el gabinete ante cada conflicto que tiene
que enfrentar. Veamos lo que dice una revista
especializada sobre la permanente crisis
del gobierno: “Las dos crisis
que han acaparado la atención del
país durante estos días -la
huelga de Codelco y el informe del Transantiago-
tienen un mismo telón de fondo: sucesivos
rounds de poder al interior de un gabinete
donde conviven, al menos, dos visiones difícilmente
conciliables.
A nadie debiera sorprenderle el informe
a través del cual el Metro advirtió
al gobierno sobre los riesgos del Transantiago.
Si se trata de sorpresas, mucho más
inaudito fue el modo que escogió
La Moneda para inaugurar el plan: pese a
las advertencias y a que se trataba de la
gran reforma del transporte en un siglo,
casi todo el gabinete y la propia presidenta
se fueron de vacaciones.
Algunos hicieron muecas de incredulidad
al enterarse de que Bachelet había
leído el informe del Metro. Si lo
hizo o no, lo cierto es que importa muy
poco, porque la decisión la adoptó
de todos modos. La alternativa de que el
texto no hubiera llegado a sus manos alienta
peores conclusiones.
Pero más que los detalles, el informe
vuelve a echar luz sobre la pugna de criterios
que entonces expuso las primeras grietas
del gabinete, atenazado entre un equipo
político que bregaba por retrasar
la puesta en marcha del Transantiago y un
equipo económico que remaba en la
dirección opuesta. Los mismos polos
que han emergido impulsados por la crisis
de Codelco, ahora separados respecto de
las estrategias para encarar las demandas
sindicales.
Si las crisis per sé son complejas,
un gabinete en pugna sólo puede enredarlas
aún más. Y eso es justamente
lo que ha venido pasando desde que los equipos
político y económico hicieron
cortocircuito.
Lo que se necesita es simple: que la presidenta
Bachelet fije una línea, una sola
línea, y la imponga a sus ministros.
Si todos saben cuál es el camino,
nadie puede apartarse de él sin pagar
un alto costo. Hoy eso no sucede. No hay
camino, ni se pagan costos.
El problema es que esa línea no se
determina a punta de cartillazos o repentinos
cambios de gabinete. Se fija apelando a
lo único que cabe en un régimen
como el chileno: la autoridad presidencial”.
Más claro imposible.
La ruptura del movimiento de masas con los
partidos del régimen
Una
encuesta realizada en el mes de julio muestra
que más del 50% de la población
no cree en ninguno de los dos bloques en
los que descansa el régimen democrático
burgués. La misma encuesta muestra
que el gobierno cuenta con un 41% de apoyo
y con más del 40% de rechazo.
Esta ruptura del movimiento de masas, es
consecuencia de que los dos bloques, tanto
la Concertación (Democracia Cristiana,
Partido Socialista y Partido por la Democracia)
y la Alianza por Chile (Unión Demócrata
Independiente y Renovación Nacional)
son los responsables de la entrega de las
grandes riquezas del país a las transna-cionales
y el imperialismo, la impunidad a los geno-cidas
responsables de las violaciones a los derechos
humanos en el gobierno de Pinochet, los
escándalos de corrupción,
el robo llevado adelante por los fondos
privados de pensiones (AFP), la crisis del
sistema de salud, el negociado de la educación,
la actual ley laboral, el robo a los deudores
habitacionales a los cuales le son rematadas
sus casas ante el atraso de las cuotas,
la represión a los mapuches, los
estudiantes, los pobladores y los trabajadores
que salen a luchar por sus derechos, etc.
Los permanentes acuerdos entre los dos bloques
para legislar en el parlamento, votar la
entrega de la economía al imperialismo
y las leyes antiobreras que garantizan el
aumento de la explotación a los trabajadores,
han llevado al movimiento de masas a sacar
la conclusión de que tanto la Concer-tación
como la Alianza por Chile son en esencia
lo mismo.
Este proceso de ruptura con los partidos
del régimen está acompañado
por la búsqueda permanente de una
nueva dirección política del
movimiento de masas.
Giro a izquierda
En medio del creciente proceso de luchas
los trabajadores y el pueblo de Chile han
iniciado desde el año 2000 un importante
giro a izquierda. Un sector importante de
la población rompió con la
Democracia Cristiana y giró al Partido
Socialista llevando al gobierno primero
a Ricardo Lagos y ahora a Michelle Bachelet.
Este giro a izquierda que comenzó
dentro de la coalición de gobierno,
hoy avanza por fuera de esta.
En las últimas elecciones municipales
se formó un frente de izquierda (PODEMOS)
liderado por el Partido Comunista (PC),
que se convirtió en un punto de referencia
para importantes sectores de la población,
llegando a sacar más del 15% de los
votos en algunos distritos.
Sin embargo este importante triunfo electoral
de la izquierda no significó un fortalecimiento
del PODEMOS sino su liquidación por
parte del PC, que busca su integración
al régimen democrático burgués
por medio de una reforma a la ley electoral
que le permita sacar uno o dos diputados.
La política criminal del PC de reventar
la única alternativa electoral que
se levantaba por fuera del régimen,
llevó a importantes sectores de la
vanguardia a levantar una nueva alternativa
política.
El ANDHA Chile, agrupación de deudores
habitacionales, en una Asamblea General
resolvió la construcción de
un nuevo partido político junto a
los trabajadores y diferentes partidos y
grupos de izquierda entre los cuales se
encuentra Izquierda Socialista de Chile
y que ya dio sus primeros pasos en la búsqueda
de la legalidad.
Las perspectivas
La huelga de los trabajadores contratistas
puso al desnudo todas las debilidades del
régimen democrático burgués
chileno.Al calor de las movilizaciones,
los trabajadores y el movimiento de masas
aceleran su experiencia con el gobierno
y buscan por fuera del régimen una
nueva alternativa política.
El giro a izquierda del movimiento de masas
profundizará la ruptura con los partidos
del régimen creando un vacío
de dirección que pone a la orden
del día la construcción de
una nueva alternativa política anticapitalista,
antiimperialista y socialista.
Este año una nueva crisis amenaza
a la economía capitalista mundial
obligando a la burguesía a avanzar
en sus planes de ajuste, lo que acelerará
los enfrentamientos entre las clases.
De esta manera los trabajadores chilenos
se unirán a los pueblos de América
Latina en su punto más alto, retomando
el lugar en la vanguardia que tuvo hasta
el 11 de septiembre de 1973. La cobarde
burguesía con su olfato de clase
ve esta dinámica, y se divide porque
no ve en el actual gobierno una presidente
a la altura de los desafíos.
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