| El
PSUV: un nuevo fenómeno de la Revolución
Bolivariana
Escribe:
Virginia Marconi Miembro
de la Dirección Nacional de la Liga
Comunista Revolucionaria (LCR) de Francia,
y de Avanti! Militó en PST argentino
y en el MAS. Fue parte del equipo de redacción
de la revista internacional de la LIT (CI).
Es autora de China: la larga marcha de la
revolución a la restauración
y de diversos artículos.
Un balance de la situación actual
muestra que si bien el pueblo venezolano
en general puede decir que su nivel de vida
ha mejorado, dado que las divisas obtenidas
por el aumento del precio del petróleo
se invierten ahora en gasto social, la Revolución
Bolivariana está todavía en
deuda con aquellos que la defendieron en
la calle y en las urnas. El salario mínimo
no cubre las necesidades de una familia,
el desempleo y el subempleo siguen siendo
altísimos, y desde hace meses los
trabajadores reclaman sin éxito la
sanción de una nueva Ley del Trabajo
que garantice nuevas conquistas sociales
como mejores condiciones laborales y la
plena seguridad social y de empleo. Pero
además, todos los avances obtenidos
son de redistribución indirecta,
y podrán perderse en cualquier momento
si llegara a haber una caída del
precio del petróleo.
Tampoco está muy en relación
con las declaraciones a favor del socialismo
la política de nacionalización
y control estatal de los sectores estratégicos
de la economía de la que habla Chávez.
Por tomar sólo un ejemplo, la “nacionalización”
de los yacimientos de la Faja del Orinoco
no consistió en la expropiación
de las empresas petroleras allí establecidas
y su puesta bajo control de los trabajadores,
una medida que tomara Lázaro Cárdenas,
presidente de Méjico, a fines de
la década del ’30"(1),
que nunca se declaró socialista.
Por el contrario, la “nacionalización”
de estos recursos consiste en establecer
empresas de explotación mixta con
las multinacionales, en las que PDVASA tendrá
la mayoría de las acciones. La realidad,
es que las multinacionales petroleras seguirán
teniendo grandes ganancias en Venezuela
no sólo extrayendo su petróleo,
sino también produciendo sus derivados.
Algo similar ocurre con otros sectores como
la industria del sector automotor, las telecomunicaciones,
las finanzas y la banca nacional que está
haciendo pingües ganancias. Y no se
ve de parte del gobierno ninguna intención
de cambiar esta situación.
Estas contradicciones entre la política
del gobierno y el objetivo del socialismo
del siglo XXI se ven también reflejadas
en la actitud hacia el proceso de autoorganización
de las masas, uno de los pilares de la Revolución
Bolivariana. Por un lado las organizaciones
sociales de base independientes, como las
asambleas comunitarias, los sindicatos independientes
agrupados en la Unión Nacional de
Trabajadores (UNT), las corrientes sindicales
como la CCURA, y los partidos y dirigentes
de la izquierda que no participan en el
oficialista Bloque del Cambio (como el Partido
por la Revolución Socialista-PRS,
o Roland Denis, entre otros) quieren profundizar
el proceso de organización autónoma
y la revolución. Por el otro, los
sectores burgueses nacionales e internacionales
y los burócratas sindicales y políticos
enquistados en el gobierno, que sacan provecho
de la confusión y la corrupción
reinantes, no están interesados en
que este proceso siga adelante, le ponen
trabas y tratan de controlarlo. En estos
momentos, por ejemplo, hay denuncias de
que desde esos sectores se desarrolla un
plan cuyo objetivo es controlar a los sectores
sindicales y sociales que presentan críticas.
En estas maniobras está involucrado
el propio Ministerio del Poder Popular para
el Trabajo y la Seguridad Social (MPPTSS),
que está llegando a acuerdos con
los sectores de la burocracia sindical que
participaron en los golpes contra Chávez,
para atacar a corrientes de la Unión
Nacional de Trabajadores (UNT) y liquidar
a los partidarios de un movimiento sindical
libre y autónomo(2).
A caballo entre los dos se encuentra Chávez,
quien, aunque sin querer romper los marcos
del sistema capitalista, intenta centralizar
en manos del estado los mecanismos de control
de los sectores estratégicos de la
economía y llevar adelante una política
nacionalista que lo opone a la burguesía
venezolana y al imperialismo yanqui.
Chávez sabe que para mantenerse en
el poder y llevar adelante su política
necesita el apoyo de las masas movilizadas.
Y lo busca sinceramente a través
de iniciativas como las nacionalizaciones,
las misiones, las subvenciones a los productos
alimenticios, los créditos a los
pequeños emprendimientos, etc. Pero
como no es un dirigente revolucionario clasista,
les tiene pánico e intenta controlarlas
a través de su co-optación
a las estructuras del gobierno. Esa fue
la política que aplicó con
los Círculos bolivarianos, los comités
de base, y los consejos comunales. Es el
mérito de las masas venezolanas que,
a pesar de su falta de experiencia política,
respondieron a cada uno de estos intentos
yéndose de esos organismos y creando
otros nuevos.
Tampoco fueron exitosos los repetidos intentos
de Chávez por construir estructuras
sólidas que aglutinen a las masas
alrededor de su proyecto político.
Las estructuras burocráticas y los
funcionarios corruptos de su propio partido,
el Movimiento Quinta República (MVR)
y los de los partidos que conforman el Bloque
del Cambio (MVR, Podemos, Patria Para Todos,
Partido Comunista de Venezuela, Unidad Popular
Venezolana y Liga Socialista, entre otros)
se han transformado en distribuidores de
las “dádivas” del régimen,
fomentando el clientelismo político
y concentrando la desconfianza y el rechazo
de las masas. Es en ese marco que, en diciembre
de 2006, luego de su última victoria
electoral, Hugo Chávez hizo la propuesta
de fundar el nuevo partido que agrupará
a todos los que están a favor del
“Socialismo del Siglo XXI”:
el Partido Socialista Unido de Venezuela
(PSUV).
Más allá de las intenciones
de Chávez, el lanzamiento del PSUV
y el éxito de su llamado -más
de cinco millones y medio de solicitudes
de adhesión al partido- han conmocio-nado
a la izquierda mundial. Las discusiones
sobre si los revolucionarios y sus organizaciones
deben entrar o no en el PSUV atraviesan
y dividen las organizaciones dentro y fuera
de Venezuela. Los análisis y caracterizaciones
de este proceso en curso van desde el rincón
sectario que plantea que el PSUV es un partido
“del Estado”, y que los 5 millones
y medio de aspirantes no son trabajador@s
que buscan una salida política sino
clientes a la pesca de favores y del reparto
de bienes(3), al de los extremadamente optimistas,
que ven en él, a pesar de la diferencia
en sus orígenes de clase y dinámica,
a un heredero del PT brasileño(4).
Nosotros preferimos hacer nuestras las palabras
de Sergio García, dirigente de la
CCURA y miembro del sector del PRS que decidió
adherir al PSUV: “El PSUV está
en su proceso de construcción, hay
luchas, peleas políticas, debates,
intentos de exclusión y sobre todo
mucha expectativa y ganas de sectores de
masas por construirlo. Ahí están
los millones que quieren sumarse a la vida
política para ser protagonistas y
derrotar a los burócratas que quieren
controlarlos. Esta pelea podrá ganarse
o no, pero nosotros preferimos darla junto
a gran parte de la vanguardia de la revolución
para defender un proyecto revolucionario
dentro del PSUV. El tiempo, la lucha de
clases y el resultado al que llegue el nuevo
partido dirá que haremos después.”(5)
Y la batalla va a ser muy dura, comenzando
por la decisión sobre quienes tienen
derecho a formar parte del PSUV. La tendencia
de los sectores reformistas y pro-capitalistas
del gobierno es a transformarlo en un movimiento
policlasista, permitiendo la adhesión
de empresarios “socialistas”
y de todo tipo de representantes de la burguesía,
mientras que el MPPTSS está tomando
iniciativas para dejar fuera del PSUV a
los sectores obreros y sindicales críticos
del gobierno. Así se repetiría
la experiencia que vació de contenido
a los Círculos Bolivarianos, al permitir
el ingreso de los enemigos de la revolución
y poner en peligro la participación
de los trabajadores en la construcción
del partido.
Fueron justamente este tipo de dudas sobre
el futuro y la viabilidad del PSUV los que
provocaron la división de los compañeros
del PRS y de la CCURA en dos sectores: un
sector mayoritario, dirigido por Stalin
Pérez Borges, que solicitó
su ingreso al PSUV; y otro dirigido por
Orlando Chirino, que decidió no entrar
pero que discute todavía el camino
a seguir, sabiendo que el PRS como proyecto
está terminado.
Más allá de las razones y
los objetivos por los que Chávez
llama a la fundación del PSUV, lo
real es que más de cinco millones
y medio de trabajadores, estudiantes, hombres
y mujeres quieren sumarse a la vida política
y ser parte de un proyecto político
revolucionario. Y que hay un grupo de marxistas
revolucionarios que están dispuestos
a luchar contra las maniobras del gobierno
y de los sectores burocráticos y
pro-capitalistas, para construir una corriente
que agrupe a los que, conciente o inconcientemente,
luchan por la autoorganización independiente
y la toma del poder por los trabajadores,
única garantía de hacer avanzar
el proceso de la Revolución Bolivariana
hacia la revolución socialista.
Notas
(1)OEuvres, Tome 18 (juin 1938 / septembre
1938), page 118, Institut Léon Trotsky,
Paris, 1984.
(2)Stalin Pérez Borges, Ismael Hernández,
Gonzalo Gómez, Sergio García,
“Debates decisivos en la lucha por
el socialismo”, Revista de América
– Edición Especial Venezuela,
30/04/07
(3)José Luis Rojo, “Trotsky,
Mariátegui y el PSUV”, Socialismo
o Barbarie, 19/07/07.
(4)Stuart Piper, “The Challenge of
Socialism in the 21st Century: some initial
lessons from Venezuela”, IV Online
Magazine, IV 389, May 2007.
(5) Sergio García, “El PSUV
y la revolución”, Alternativa
Socialista Nº 453, 23/05/07.
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