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A 20 años del fallecimiento de Nahuel Moreno

Vigencia de las lecciones de un gran revolucionario

Escribe: Gustavo Giménez

En este año 2007 se cumplen 20 años del fallecimiento de Nahuel Moreno, el dirigente trotskista latinoamericano más importante del pasado siglo XX.
Contemporáneo de la época revolucionaria que transitamos signada por la frase del Programa de Transición “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”, revalorar el aporte de Moreno a la tarea que se desprende de esta caracterización, que no fue otra que retomar la tarea inconclusa de Trotsky y los revolucionarios de las primeras décadas del siglo, la reconstrucción de una internacional revolucionaria que pelee por la dirección de las masas, solo puede hacerse ubicándolo en la etapa histórica que le tocó vivir. Una etapa donde el comienzo de la derrota del fascismo en Stalingrado en el 43 volvía a cambiar el rumbo de la historia hacia la revolución
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Etapa de tremendos triunfos revolucionarios empezando por la derrota del nazismo en la segunda guerra, la formación de los estados obreros en los territorios del Este de Europa ocupados por el ejercito rojo, la revolución yugoeslava, el estallido de la revolución colonial, la revolución china, coreana, cubana, vietnamita, las enormes victorías del movimiento de masas al derrotar regímenes fascistas en América latina y otras partes del mundo, de importantes sacudidas en los países imperialistas como el mayo francés, o las movilizaciones contra la guerra en EEUU y la caída de Nixon, la etapa donde se vivirían las primeras batallas que precedieron al estallido de la revolución política a partir de 1989.
Un período histórico difícil para el trostkismo, ya que lejos de cumplirse el pronóstico de Trotsky de que “la IV Internacional iba a tomar el cielo y la tierra por asalto”, estuvo signado por el fortalecimiento del stalinismo y las corrientes nacionalistas burguesas en el seno del movimiento de masas.
Años de reorganización para el trotskismo luego de su dispersión después de la muerte de Trotsky por los continuos ataques del fascismo y el stalinismo. Etapa de lucha por salir de la marginalidad y de enormes dificultades para lograrlo cuando los dirigentes de la IV Internacional como Pablo o Mandel, confundían esta justa pelea, con la mimetización completa con las direcciones que circunstancialmente dirigían las grandes acciones del movimiento de masas. Direcciones enemigas de desarrollar estos procesos en la perspectiva de la revolución mundial que terminaban frenándolos y abortándolos.

El trotskismo bárbaro… el trotskismo obrero

Difícil para los comienzos del trotskismo argentino en la decada del ’40, que se construyó tomando la palabras de Moreno, como un “trotskismo bárbaro”, silvestre, alejado de las direcciones y partidos más experimentados de la corriente internacional.
En estos primeros pasos de los 40 ya se perfilaba la calidad de dirigente, que el tiempo corroboraría, cuando con sus jóvenes 20 años, aquel militante de amplio nivel cultural, procedente de una familia de clase media del interior oligárquico de la provincia de Bs. As., conferencista sobre Kant cuando tenía solo 15 años, decide romper con la tradición de diletancia intelectual del trotskismo de café de aquella época, e irse a vivir con su pequeño grupo de jóvenes a un conventillo de Villa Pobladora, uno de los barrios obreros más industrializados del país. Allí termina dirigiendo las fábricas más importantes del conglomerado industrial, uno de los más importantes de Latinoamérica de aquellos años.
Y más allá de la unilateralidades de un joven dirigente (el grupo no aceptaba a nadie que no fuera obrero y si se acercaba un estudiante tenía que proletarizarse para ser considerado militante), de la que él mismo se autocriticaría años después, quizás no pueda entenderse sin aquellos primeros pasos, como Moreno con el Vasco Bengochea y el equipo de dirección pudieron construir esa imponente agrupación de lo mejor del activismo obrero de la resistencia peronista, que fue el MAO. O no podría comprenderse el peso en las coordinadoras obreras del 70 del PST, o esa impresionante camada de activistas y dirigentes sindicales que integraron el MAS (1) de los 80, que le hicieran temer a la burocracia de Ubaldini por su futuro.
¡Y que enseñanza aquel consejo de Mateo Fossa a ese grupo de estudiantes que querían ligarse a la clase!... les “aconsejó a los jóvenes del GOM que organizaran una colecta y la llevarán al comité de huelga del Anglo-Ciabasa. Además, que se ofrecieran para todo servicio y para imprimirles los volantes: <Eso sí, sin tocarles ni una coma ni pretender darles línea>” (Nahuel Moreno Esbozo Biográfico). Pocos meses después el jóven Moreno y el GOM dirigían casi por completo la huelga del frigorífico.
Y qué vigencia tiene aquel consejo cuando en este año hemos presenciado a varias organizaciones que se reclaman trotskistas acusar de traidores y enfrentar a nuevas direcciones sindicales, que más allá de sus debilidades y errores, han dirigido conflictos durísimos que triunfaron frente a un asesino como Sobisch en Neuquén o derrotaron al mismísimo Kirchner en su pago chico de Santa Cruz.

El internacionalista

El año 1948 y la participación de Moreno y el GOM del II Congreso de la IV Internacional marcaron un hito importante en la política del partido argentino. Moreno revalora el plan de colonización del imperialismo yanquie sobre Latinoamérica y el rol progresivo que en ese sentido jugaba el enfrentamiento del gobierno peronista a esa colonización abierta, lo cual lo hace empezar a cambiar su política sectaria inicial.
Desde la participación en este congreso de la IV, Moreno dedicó su vida y educó a los cuadros de su partido en que la gran tarea era la construcción del partido mundial. Esto era ser internacionalista. No bastaba con analizar la realidad mundial y realizar alguna campaña internacional de tanto en tanto. Era imprescindible ser parte de la construcción de la Internacional.
“Yo diría que la construcción de los partidos nacionales y la internacional es un proceso combinado. En primer lugar, para intervenir en la lucha de clases es indispensable partir de un análisis correcto de la situación nacional. La tarea de hacer ese análisis y elaborar la política y lo que llamamos la “línea” del partido —es decir, la combinación de tareas y consignas que proponemos para movilizar a las masas y construir el partido— es tarea en primer término del partido nacional. Pero ese análisis sólo puede ser completo en el contexto de una apreciación correcta de la situación internacional…
… Honestamente creo que ningún partido trotskista —y recordemos que estamos hablando del partido que aspira al socialismo con democracia obrera— puede tomar el poder sin la ayuda política y teórica de la internacional, por pequeña y débil que sea…” (Conversaciones sobre el trotskismo)
Y esta concepción lo llevó como lo reconociera Mandel a ser uno de los cuadros fundamentales del trotskismo de pos guerra: Moreno “Fue uno de los últimos representantes del puñado de cuadros dirigentes trotskistas que, después de la Segunda Guerra Mundial, mantuvo la continuidad de la lucha de León Trotsky, en circunstancias difíciles”

El SLATO, la FLT, la Fracción Bolchevique, la CIR-CI, la LIT (1) son algunos de los nombres de las corrientes internacionales que Moreno dirigió o co dirigió. La insurrección campesina dirigida por Hugo Blanco en Perú, la creación del PT en Brasil, la Brigada Simón Bolivar, la captación en masa del Bloque Socialista de Colombia, son solo algunos de los botones de muestra en los que el morenismo dió ejemplo de su actividad internacional. La muerte lo encontró construyendo una corriente muy dinámica, implantada en más de 20 países de América Latina y Europa, la LIT. En ese momento, dado el enorme salto del partido argentino, la corriente trotskista más numerosa de aquellos años.

El crítico, el teórico


Moreno nos dejo una extensa bibliografía producto de más de 40 años de su vida militante. Sus trabajos abarcan un espectro amplio que va desde el estudio de la lógica marxista y su relación con las ciencias modernas, estudios sobre el método para interpretar la historia argentina, hasta verdaderos tratados sobre los principales problemas políticos y teóricos que le tocó enfrentar al marxismo revolucionario, esto es al trotskismo de la segunda mitad del siglo XX. Su elaboración sobre los regimenes políticos fue un verdadero aporte en un área poco trabajada por los marxistas contemporáneos y su “Partido Mandelista o Partido Leninista, un documento escandaloso”, luego publicado como el “Partido y la Revolución”, una de sus obras más completas y magistrales, por solo mencionar dos ejemplos.
Pero junto a su importante producción teórica el otro aspecto que hay que destacar es su permanente búsqueda de los cambios, de lo nuevo. Lo que lo obligaba a estudiar mucho la realidad y sacar las mejores conclusiones de la intervención en ella… pero fundamentalmente a ser crítico… muy crítico incluso de los propios maestros: “Empecemos por entender qué significa ser verdaderamente marxista. No podemos hacer un culto, como se ha hecho de Mao o de Stalin. Ser trotskista hoy día no significa estar de acuerdo con todo lo que escribió o lo que dijo Trotsky, sino saber hacerle críticas o superarlo, igual que a Marx, que a Engels o Lenin, porque el marxismo pretende ser científico y la ciencia enseña que no hay verdades absolutas. Eso es lo primero, ser trotskista es ser crítico, incluso del propio trotskismo.” (Ser trotskista hoy – 1985)
Y en este camino Moreno tuvo que revisar a Trotsky en el mejor sentido del término. Tuvo que, a partir de sus grandes enseñanzas, corregir sus errores de pronóstico, sus lagunas producto de que la nueva etapa histórica generó fenómenos políticos no previstos por el genial revolucionario.
Y así, refiriéndose a las dificultades de la IV en el II Congreso de 1948 para interpretar correctamente hechos gigantes, que sacudían el panorama mundial como la transformación de los países del Este de Europa en economías no capitalistas, o las revoluciones yugoeslava o china, señalaba “Hay que ver que grado de culpa ha tenido Trotsky en esto… ¿Por qué?... Y por que Trotsky en el Programa de Transición, en ningún lugar prevee nada de lo que paso en la pos guerra…no ve una serie de cuestiones como la importancia que iba a tener la guerra de guerrillas…me da la impresión que, aún siendo fanático de Trotsky, yo fui un pensador independiente, yo hace años que me cuestionó muchas cosas…Por ejemplo sobre el pronóstico de él que los trotskistas íbamos a ser millones…Pero ya han pasado cincuenta años desde la fundación de la Cuarta y seguimos siendo unidades. Un marxista emplea su método de análisis para el propio partido. Yo no puedo hacer una crítica acertada del stalinismo y ser incapaz de hacer una crítica de mi organización; de lo contrario, dejó de ser leninista y trotskista. Lo mismo respecto de cómo se define “situación revolucionaria”. Para mí sin la existencia de partidos marxistas de masas, hay situaciones revolucionarias. Toda mi vida he razonado así y más aún a partir de los años 60 cuando se produce el triunfo en Cuba…” (El Tigre de Villa Pobladora)

La caída del Muro, la revolución política contra la burocracia

Moreno falleció tan solo dos años antes de la caída del Muro. Le había tocado vivir el levantamiento de Berlín, la Hungría del 52, la primavera de Praga del 68, la experiencia de Solidaridad sobre la que escribió muchos trabajos… pero los acontecimientos del 89 y los primeros años de los 90 fueron una gigantesca oleada revolucionaria que hecho por tierra al aparato mundial stalinista y a la mayoría de los regímenes en que se asentaba. Era el momento que los trotskistas, devotos de la democracia obrera, siempre esperamos.
Moreno había teorizado, en función de las experiencias que le toco vivir, que la revolución tendría dos faces, una democrática general, inconciente por la falta de una dirección revolucionaria dada la debilidad del trotskismo. Y que el triunfo de esta primera revolución daría espacio al escenario donde el trotskismo y la clase obrera revolucionaria agrupada en organismos de doble poder darían la batalla contra las corrientes restauracionistas, por llegar al poder y desarrollar la revolución permanente.
Sin embargo luego de la primera revolución democrática, las formas de poder obrero a que dieron origen esas revoluciones fueron perdiendo paulatinamente su fuerza, huérfanas de una corriente revolucionaria que las mantuviera y desarrollara. El trotskismo resultó nuevamente marginal en este proceso clave.
Las corrientes restauracionistas, agentes de la penetración imperialista, profundizaron el camino iniciado por la nomenclatura, de cuyo seno nacieron. Los llamados estados obreros fueron perdiendo paulatinamente su fisonomía anterior convirtiéndose en países donde ha avanzado la restauración capitalista.
A la primera ola de entusiasmo general entre los revolucionarios, le sucedió otra de pesimismo generalizado: se perdían los estados obreros, la gran revolución anhelada, tenía como resultado la restauración del capitalismo… El imperialismo luego de los primeros sacudones y de la pérdida de su aliado privilegiado desde los acuerdos de Yalta y Postdam, decidía lanzarse militarmente contra la revolución obteniendo una victoria importante en la Guerra del Golfo, mientras avanzaba en dar un manotazo más contra el nivel de vida y las conquistas del movimiento de masas y se preparaba para incorporar a millones de trabajadores al mercado mundial de explotación capitalista. Fucuyama pronunciaba solemnemente “el fin de la historia”.
Las corrientes trotskistas internacionales quedaban marginadas de la dirección de estos procesos y se debilitan. La tremenda energía desplegada por las nuevas vanguardias, se orientaba hacia otras variantes. En el terreno de la izquierda adquieren fuerza los horizontalistas, que expresando una reacción a la burocracia stalinista y sus partidos centralistas-burocráticos, negaban la construcción de partidos revolucionarios y la toma del poder.
Pero mientras desde las filas desorientadas de muchos partidos se llamaba a fortalecer posiciones, a fortificarse en la clase en una situación desfavorable y ha abandonar la lucha por la dirección del movimiento de masas en un terreno inmediato… la onda expansiva de la revolución en el Este europeo, hacía simbrar los cimientos de regímenes muy alejados en la geografía de su primer epicentro, logrando importantes triunfos y también alguna derrota como Tienamen.
Y esta nueva oleada revolucionaria caracterizada por el enfrentamiento a las direcciones traidoras del movimiento obrero mundial, provocaba grandes revoluciones en Latinoamérica, que no solo volteaban gobiernos elegidos por las urnas, sino que al calor de sus estallidos recurrentes, destruían regímenes democrático burgueses tradicionales, para dar origen a otros más débiles, asentados en la crisis general de las viejas instituciones, en particular de los partidos y direcciones políticas que han conducido al movimiento de masas en las últimas décadas y en un acenso continuo de la lucha de la clase obrera y los pueblos.
La falta de una dirección revolucionaria de masas sigue siendo la clave de esta nueva oleada de lucha entre la revolución y la contrarrevolución mundial, donde el imperialismo herido por la pérdida de su viejo socio la burocracia, necesita descargar golpes brutales para intentar contener el ascenso, como la segunda invasión a Irak.
El grave empantanamiento yanqui en Irak, la respuesta de las masas palestinas y libanesas a la agresión israelí, el ascenso más general de los pueblos de Medio Oriente, sumados a las importantes luchas obreras en los países centrales como la huelga latina en EEUU y el desarrollo de la revolución latinoamericana, confirma que la etapa que estamos viviendo esta signada por uno de los ascensos más grandes del movimiento de masas y la crisis más profunda del imperialismo.

La encrucijada actual de los revolucionarios

Y en la etapa más revolucionaria que hayamos vivido, en la cual la caída del stalinismo y la crisis de todos los aparatos contrarre-volucionarios del mundo entero ha liberado una enorme cantidad de energías, en la cual los golpes de la contrarrevolución imperialista no logran consolidar derrotas históricas, sino al contrario son fuente de nuevas peleas e insurrecciones de los pueblos, los trotskistas atravesamos una gran contradicción.
Años de errores y divisiones han debilitado y provocado un alto grado de dispersión de nuestras corrientes internacionales, que a nivel mundial son débiles como alternativa de conjunto para la vanguardia de los nuevos procesos. Pero sin embargo, allí donde dirigentes y organizaciones insertadas en las luchas y los procesos políticos de sus países han tenido políticas correctas para empalmar con los nuevos fenómenos, tenemos diputados, dirigentes obreros, corrientes estudiantiles, resultados electorales, impensados tan solo hace unos años, incluso con organizaciones más fuertes.

La tarea de la hora: reagrupar a los revolucionarios para pelear por las masas

Los tiempos avanzan cada vez con mayor velocidad. La caída del Muro y los acontecimientos que le sucedieron crearon una gran confusión en importantes sectores de la vanguardia mundial, huérfana de una dirección revolucionaria que le supiera marcar el camino. Pero en los tiempos que corren se empieza a disipar gran parte de esa nube de polvo que cegó muchas miradas con la caída del Muro. Y cuando un Chávez habla del socialismo del siglo XXI, más allá de sus intenciones políticas, esta colocando una discusión que es una necesidad de una vanguardia latinoamericana y mundial que rompió con el stalinismo, que abandona electoral-mente a la centro izquierda y la socialdemocracia en Europa, que abandona a sus viejas direcciones políticas como el PJ en la Argentina, el PRI en México, o los Adecos en Venezuela, para refugiarse en mediaciones mucho mas débiles.
Nunca más vigente que hoy esas enseñanzas de Moreno de buscar en una situación revolucionaria las corrientes de la vanguardia que rompen con las viejas direcciones con las que podamos empalmar. Moreno no dudo en las políticas más audaces cuando una realidad más dura que la actual le abrió la oportunidad: e hizó entrismo en el peronismo en la década del 60, se largó a aprovechar con todo los márgenes legales en la década del 70 cuando el grueso de la vanguardia era ultra o guerrillera, no dudo en armar la brigada Simón Bolivar para intervenir en la revolución nicaragüense, orientó a empalmar con la vanguardia obrera brasileña y las corrientes de la Iglesia que representadas por Lula empujaban la formación del PT en Brasil, construyó un partido que arañó la influencia de masas con la caída de la dictadura argentina, y fue fanático del Frente Único Revolucionario, el Programa mínimo revolucionario, del Frente sindical revolucionario, del entrismo… cuando fueran tácticas útiles para ir hacia las masas. Por que ese fue su desafío desde que abandonó las tertulias de trotskos de café en la década del 40 para enterrarse en el barro de los barrio obrero de Villa Pobladora.
Y en esto Moreno no hacia sino repetir a su maestro León Trotsky, que repetía que la próxima internacional de masas, que la IV no iba a surgir de un crecimiento paulatino de trotskistas, sino del empalme con corrientes revolucionarias de otras procedencias que compartan un programa revolucionario con nosotros y donde el trotskismo comenzará siendo una minoría.

Vencer el sectarismo

Moreno lo señalaba como quizás nuestro mayor problema. Le dedicaba en “Problemas de Organización” (2), varias páginas a explicar como éramos sectarios para relacionarnos con la vanguardia y captarla y que contradictoriamente, muchas veces este defecto era más grave cuanto más crecía el partido. Y que esto se reflejaba en nuestras relaciones con los fenómenos y corrientes políticas que se dan en la sociedad, impidiendo relacionarnos, con miles de obreros y estudiantes de vanguardia para, acompañando su experiencia, poder ganarlos cuando chocaran con las limitaciones de las direcciones en las cuales confiaban. Todo lo que no fuera del partido o no nos diera la razón de entrada era un pequeño burgués, contrarrevolucionario, enemigo nuestro y de la clase obrera.
Y esto que era grave en épocas donde todavía el peso del peronismo era aplastante, ahora que, producto de la crisis de las viejas direcciones, se están derrumbado muchos de los muros que nos separaban con la vanguardia es realmente una tragedia.
Es una de las razones por las cuales la izquierda revolucionaria de la Argentina, para poner un ejemplo cercano, que tuvo un importante avance en el terreno social y sindical después del 2001, ha sido totalmente incapaz de convertirse en una alternativa política de masas. Y al contrario, cuanto más persiste en esta tendencia pierde incluso ubicaciones conquistadas.
Y en la actualidad esto es también el reflejo de una equivocada perspectiva internacional. Muchos que sostienen en abstracto que la reconstrucción de una internacional revolucionaria con influencia de masas solo se hará posible empalmando con corrientes que no provienen el trotskismo, en la práctica cotidiana repiten la lógica de sostener pequeñas construcciones sectarias en base a algún partido madre y distintos grupos satélites, como punto obligado para nuclear a los revolucionarios.
Todo lo que no encaja en su cerrada y dogmática visión de la realidad constituiría una variante de centrismo regresivo, de electoralismo y adaptación a la democracia burguesa, o de claudicación a las corrientes reformistas. Así cualquier táctica audaz para actuar sobre el movimiento de masas y pelear por su dirección es condenada como una ruptura de los principios que no hace sino confundir a las nuevas vanguardias inexpertas llevándolas por el camino del reformismo.
Frente a la crisis de los viejos aparatos, esta incapacidad de diferenciar entre las corrientes que mantienen cursos oportunistas, con las tendencias que rompen hacia posiciones progresivas o revolucionarias, es fatal a la hora de disputar y empalmar con miles de luchadores que buscan una alternativa revolucionaria.
Perder de vista que los profundos cambios operados en los últimos 20 años por la debacle del aparato mundial stalinista y la crisis de las viejas direcciones, sumado a la crisis del imperialismo y el ascenso de las masas, generan cada vez más estas corrientes, pero que la inexistencia de una fuerte alternativa revolucionaria a nivel mundial da orígenes a mediaciones y fenómenos nuevos de los cuales hay que participar para disputar a las nuevas vanguardias, constituye una enorme dificultad a la hora de luchar por romper con la marginalidad y avanzar en la difícil tarea de superar la crisis de dirección revolucionaria.
Las discusiones sobre como reagrupar a los revolucionarios latinoamericanos y del mundo en la perspectiva de crear las condiciones para una internacional dinámica, hacia las masas. Las polémicas en torno a como agrupar a la vanguardia que rompe sindical y políticamente en la Argentina. El fenómeno del PSOL en Brasil y la relación entre la pelea por fortalecer la UNT y dar respuesta al fenómeno político del PSUV en Venezuela, son expresiones de este dilema que hoy tenemos que enfrentar los revolucionarios.

Moreno fue un ejemplo de vida para las jóvenes generaciones de revolucionarios

Incansable constructor del partido y la Internacional, militante y teórico, dirigente y maestro de miles de cuadros, Hugo Miguel Bressano Capacete, Nahuel Moreno, fue sin duda un grande. Para aquellos que tuvieron la suerte de militar a su lado también una gran persona como lo describiera el recientemente fallecido Ernesto González: “todos hemos sido tocados por su influencia, no solo en los político y en lo metodológico, sino en lo personal, en lo íntimo. Porque Hugo como muy pocas personas en el mundo, cumplía aquello que tanto le gustaba repetir de Marx <nada de lo humano me es ajeno>.”
Durante su vida nos trasmitió su pasión por las luchas de la clase obrera y los explotados. Su optimismo… él decía que no se podía ser un revolucionario sin ser bien optimista. Y también pese a tener una enorme autoridad política sobre todos los compañeros, nos enseñaba que lo mejor era aprender de los errores, más que vanagloriarse de algunos aciertos. Justamente él, que si hubiera querido tenía muchos logros que mostrar… Sin embargo repetía “ desde hace 20 años yo acostumbro a decir en las reuniones internacionales que somos una organización bárbara e ignorante y que tenemos récord mundial de errores. La nuestra es la primera organización que conozco que hizo su historia en base a errores”
Y discutiendo con André Günder Frank en el 84 sobre las perspectivas de la revolución mundial decía “Yo no creo que sea inevitable el triunfo del socialismo. Entonces lo indispensable es luchar, luchar con rabia para ver si triunfamos, eso es indispensable, porque podemos triunfar. No hay ningún Dios que haya fijado que no podemos hacerlo”

Notas

(1)LIT-CI (Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional) y MAS (Movimiento Al Socialismo): nombres de la corriente internacional que Moreno fundara en la década del 80 y la denominación que tomo el partido argentino a partir del año 82. Si bien ambas siglas son utilizadas en la actualidad por organizaciones trotskistas de origen morenista, estas no representan sino un pequeño sector de las decenas de organizaciones y miles de militantes en el mundo que se reclaman de esa tradición luego de la diáspora que significó el estallido del MAS y la LIT en el año 1992.

(2) Problemas de Organización: Trabajo publicado en marzo de 1988 en base a la desgravación de una charla dada por Moreno a la Juventud Socialista en julio de 1984 sobre los problemas de organización del partido.


 


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