| Vigencia
de las lecciones de un gran revolucionario
Escribe:
Gustavo Giménez
En
este año 2007 se cumplen 20 años
del fallecimiento de Nahuel Moreno, el dirigente
trotskista latinoamericano más importante
del pasado siglo XX.
Contemporáneo de la época
revolucionaria que transitamos signada por
la frase del Programa de Transición
“la crisis de la humanidad es la crisis
de su dirección revolucionaria”,
revalorar el aporte de Moreno a la tarea
que se desprende de esta caracterización,
que no fue otra que retomar la tarea inconclusa
de Trotsky y los revolucionarios de las
primeras décadas del siglo, la reconstrucción
de una internacional revolucionaria que
pelee por la dirección de las masas,
solo puede hacerse ubicándolo en
la etapa histórica que le tocó
vivir. Una etapa donde el comienzo de la
derrota del fascismo en Stalingrado en el
43 volvía a cambiar el rumbo de la
historia hacia la revolución.
Etapa de tremendos triunfos revolucionarios
empezando por la derrota del nazismo en
la segunda guerra, la formación de
los estados obreros en los territorios del
Este de Europa ocupados por el ejercito
rojo, la revolución yugoeslava, el
estallido de la revolución colonial,
la revolución china, coreana, cubana,
vietnamita, las enormes victorías
del movimiento de masas al derrotar regímenes
fascistas en América latina y otras
partes del mundo, de importantes sacudidas
en los países imperialistas como
el mayo francés, o las movilizaciones
contra la guerra en EEUU y la caída
de Nixon, la etapa donde se vivirían
las primeras batallas que precedieron al
estallido de la revolución política
a partir de 1989.
Un período histórico difícil
para el trostkismo, ya que lejos de cumplirse
el pronóstico de Trotsky de que “la
IV Internacional iba a tomar el cielo y
la tierra por asalto”, estuvo
signado por el fortalecimiento del stalinismo
y las corrientes nacionalistas burguesas
en el seno del movimiento de masas.
Años de reorganización para
el trotskismo luego de su dispersión
después de la muerte de Trotsky por
los continuos ataques del fascismo y el
stalinismo. Etapa de lucha por salir de
la marginalidad y de enormes dificultades
para lograrlo cuando los dirigentes de la
IV Internacional como Pablo o Mandel, confundían
esta justa pelea, con la mimetización
completa con las direcciones que circunstancialmente
dirigían las grandes acciones del
movimiento de masas. Direcciones enemigas
de desarrollar estos procesos en la perspectiva
de la revolución mundial que terminaban
frenándolos y abortándolos.
El trotskismo
bárbaro… el trotskismo obrero
Difícil para los comienzos del trotskismo
argentino en la decada del ’40, que
se construyó tomando la palabras
de Moreno, como un “trotskismo
bárbaro”, silvestre, alejado
de las direcciones y partidos más
experimentados de la corriente internacional.
En estos primeros pasos de los 40 ya se
perfilaba la calidad de dirigente, que el
tiempo corroboraría, cuando con sus
jóvenes 20 años, aquel militante
de amplio nivel cultural, procedente de
una familia de clase media del interior
oligárquico de la provincia de Bs.
As., conferencista sobre Kant cuando tenía
solo 15 años, decide romper con la
tradición de diletancia intelectual
del trotskismo de café de aquella
época, e irse a vivir con su pequeño
grupo de jóvenes a un conventillo
de Villa Pobladora, uno de los barrios obreros
más industrializados del país.
Allí termina dirigiendo las fábricas
más importantes del conglomerado
industrial, uno de los más importantes
de Latinoamérica de aquellos años.
Y más allá de la unilateralidades
de un joven dirigente (el grupo no aceptaba
a nadie que no fuera obrero y si se acercaba
un estudiante tenía que proletarizarse
para ser considerado militante), de la que
él mismo se autocriticaría
años después, quizás
no pueda entenderse sin aquellos primeros
pasos, como Moreno con el Vasco Bengochea
y el equipo de dirección pudieron
construir esa imponente agrupación
de lo mejor del activismo obrero de la resistencia
peronista, que fue el MAO. O no podría
comprenderse el peso en las coordinadoras
obreras del 70 del PST, o esa impresionante
camada de activistas y dirigentes sindicales
que integraron el MAS (1) de los 80, que
le hicieran temer a la burocracia de Ubaldini
por su futuro.
¡Y que enseñanza aquel consejo
de Mateo Fossa a ese grupo de estudiantes
que querían ligarse a la clase!...
les “aconsejó a los jóvenes
del GOM que organizaran una colecta y la
llevarán al comité de huelga
del Anglo-Ciabasa. Además, que se
ofrecieran para todo servicio y para imprimirles
los volantes: <Eso sí, sin tocarles
ni una coma ni pretender darles línea>”
(Nahuel Moreno Esbozo Biográfico).
Pocos meses después el jóven
Moreno y el GOM dirigían casi por
completo la huelga del frigorífico.
Y qué vigencia tiene aquel consejo
cuando en este año hemos presenciado
a varias organizaciones que se reclaman
trotskistas acusar de traidores y enfrentar
a nuevas direcciones sindicales, que más
allá de sus debilidades y errores,
han dirigido conflictos durísimos
que triunfaron frente a un asesino como
Sobisch en Neuquén o derrotaron al
mismísimo Kirchner en su pago chico
de Santa Cruz.
El internacionalista
El año 1948 y la participación
de Moreno y el GOM del II Congreso de la
IV Internacional marcaron un hito importante
en la política del partido argentino.
Moreno revalora el plan de colonización
del imperialismo yanquie sobre Latinoamérica
y el rol progresivo que en ese sentido jugaba
el enfrentamiento del gobierno peronista
a esa colonización abierta, lo cual
lo hace empezar a cambiar su política
sectaria inicial.
Desde la participación en este congreso
de la IV, Moreno dedicó su vida y
educó a los cuadros de su partido
en que la gran tarea era la construcción
del partido mundial. Esto era ser internacionalista.
No bastaba con analizar la realidad mundial
y realizar alguna campaña internacional
de tanto en tanto. Era imprescindible ser
parte de la construcción de la Internacional.
“Yo diría que la construcción
de los partidos nacionales y la internacional
es un proceso combinado. En primer lugar,
para intervenir en la lucha de clases es
indispensable partir de un análisis
correcto de la situación nacional.
La tarea de hacer ese análisis y
elaborar la política y lo que llamamos
la “línea” del partido
—es decir, la combinación de
tareas y consignas que proponemos para movilizar
a las masas y construir el partido—
es tarea en primer término del partido
nacional. Pero ese análisis sólo
puede ser completo en el contexto de una
apreciación correcta de la situación
internacional…
… Honestamente creo que ningún
partido trotskista —y recordemos que
estamos hablando del partido que aspira
al socialismo con democracia obrera—
puede tomar el poder sin la ayuda política
y teórica de la internacional, por
pequeña y débil que sea…”
(Conversaciones sobre el trotskismo)
Y esta concepción lo llevó
como lo reconociera Mandel a ser uno de
los cuadros fundamentales del trotskismo
de pos guerra: Moreno “Fue uno de
los últimos representantes del puñado
de cuadros dirigentes trotskistas que, después
de la Segunda Guerra Mundial, mantuvo la
continuidad de la lucha de León Trotsky,
en circunstancias difíciles”
El SLATO, la FLT, la Fracción Bolchevique,
la CIR-CI, la LIT (1) son algunos de los
nombres de las corrientes internacionales
que Moreno dirigió o co dirigió.
La insurrección campesina dirigida
por Hugo Blanco en Perú, la creación
del PT en Brasil, la Brigada Simón
Bolivar, la captación en masa del
Bloque Socialista de Colombia, son solo
algunos de los botones de muestra en los
que el morenismo dió ejemplo de su
actividad internacional. La muerte lo encontró
construyendo una corriente muy dinámica,
implantada en más de 20 países
de América Latina y Europa, la LIT.
En ese momento, dado el enorme salto del
partido argentino, la corriente trotskista
más numerosa de aquellos años.
El crítico, el teórico
Moreno nos dejo una extensa bibliografía
producto de más de 40 años
de su vida militante. Sus trabajos abarcan
un espectro amplio que va desde el estudio
de la lógica marxista y su relación
con las ciencias modernas, estudios sobre
el método para interpretar la historia
argentina, hasta verdaderos tratados sobre
los principales problemas políticos
y teóricos que le tocó enfrentar
al marxismo revolucionario, esto es al trotskismo
de la segunda mitad del siglo XX. Su elaboración
sobre los regimenes políticos fue
un verdadero aporte en un área poco
trabajada por los marxistas contemporáneos
y su “Partido Mandelista o Partido
Leninista, un documento escandaloso”,
luego publicado como el “Partido y
la Revolución”, una de sus
obras más completas y magistrales,
por solo mencionar dos ejemplos.
Pero junto a su importante producción
teórica el otro aspecto que hay que
destacar es su permanente búsqueda
de los cambios, de lo nuevo. Lo que lo obligaba
a estudiar mucho la realidad y sacar las
mejores conclusiones de la intervención
en ella… pero fundamentalmente a ser
crítico… muy crítico
incluso de los propios maestros: “Empecemos
por entender qué significa ser verdaderamente
marxista. No podemos hacer un culto, como
se ha hecho de Mao o de Stalin. Ser trotskista
hoy día no significa estar de acuerdo
con todo lo que escribió o lo que
dijo Trotsky, sino saber hacerle críticas
o superarlo, igual que a Marx, que a Engels
o Lenin, porque el marxismo pretende ser
científico y la ciencia enseña
que no hay verdades absolutas. Eso es lo
primero, ser trotskista es ser crítico,
incluso del propio trotskismo.”
(Ser trotskista hoy – 1985)
Y en este camino Moreno tuvo que revisar
a Trotsky en el mejor sentido del término.
Tuvo que, a partir de sus grandes enseñanzas,
corregir sus errores de pronóstico,
sus lagunas producto de que la nueva etapa
histórica generó fenómenos
políticos no previstos por el genial
revolucionario.
Y así, refiriéndose a las
dificultades de la IV en el II Congreso
de 1948 para interpretar correctamente hechos
gigantes, que sacudían el panorama
mundial como la transformación de
los países del Este de Europa en
economías no capitalistas, o las
revoluciones yugoeslava o china, señalaba
“Hay que ver que grado de culpa ha
tenido Trotsky en esto… ¿Por
qué?... Y por que Trotsky en el Programa
de Transición, en ningún lugar
prevee nada de lo que paso en la pos guerra…no
ve una serie de cuestiones como la importancia
que iba a tener la guerra de guerrillas…me
da la impresión que, aún siendo
fanático de Trotsky, yo fui un pensador
independiente, yo hace años que me
cuestionó muchas cosas…Por
ejemplo sobre el pronóstico de él
que los trotskistas íbamos a ser
millones…Pero ya han pasado cincuenta
años desde la fundación de
la Cuarta y seguimos siendo unidades. Un
marxista emplea su método de análisis
para el propio partido. Yo no puedo hacer
una crítica acertada del stalinismo
y ser incapaz de hacer una crítica
de mi organización; de lo contrario,
dejó de ser leninista y trotskista.
Lo mismo respecto de cómo se define
“situación revolucionaria”.
Para mí sin la existencia de partidos
marxistas de masas, hay situaciones revolucionarias.
Toda mi vida he razonado así y más
aún a partir de los años 60
cuando se produce el triunfo en Cuba…”
(El Tigre de Villa Pobladora)
La caída
del Muro, la revolución política
contra la burocracia
Moreno
falleció tan solo dos años
antes de la caída del Muro. Le había
tocado vivir el levantamiento de Berlín,
la Hungría del 52, la primavera de
Praga del 68, la experiencia de Solidaridad
sobre la que escribió muchos trabajos…
pero los acontecimientos del 89 y los primeros
años de los 90 fueron una gigantesca
oleada revolucionaria que hecho por tierra
al aparato mundial stalinista y a la mayoría
de los regímenes en que se asentaba.
Era el momento que los trotskistas, devotos
de la democracia obrera, siempre esperamos.
Moreno había teorizado, en función
de las experiencias que le toco vivir, que
la revolución tendría dos
faces, una democrática general, inconciente
por la falta de una dirección revolucionaria
dada la debilidad del trotskismo. Y que
el triunfo de esta primera revolución
daría espacio al escenario donde
el trotskismo y la clase obrera revolucionaria
agrupada en organismos de doble poder darían
la batalla contra las corrientes restauracionistas,
por llegar al poder y desarrollar la revolución
permanente.
Sin embargo luego de la primera revolución
democrática, las formas de poder
obrero a que dieron origen esas revoluciones
fueron perdiendo paulatinamente su fuerza,
huérfanas de una corriente revolucionaria
que las mantuviera y desarrollara. El trotskismo
resultó nuevamente marginal en este
proceso clave.
Las corrientes restauracionistas, agentes
de la penetración imperialista, profundizaron
el camino iniciado por la nomenclatura,
de cuyo seno nacieron. Los llamados estados
obreros fueron perdiendo paulatinamente
su fisonomía anterior convirtiéndose
en países donde ha avanzado la restauración
capitalista.
A la primera ola de entusiasmo general entre
los revolucionarios, le sucedió otra
de pesimismo generalizado: se perdían
los estados obreros, la gran revolución
anhelada, tenía como resultado la
restauración del capitalismo…
El imperialismo luego de los primeros sacudones
y de la pérdida de su aliado privilegiado
desde los acuerdos de Yalta y Postdam, decidía
lanzarse militarmente contra la revolución
obteniendo una victoria importante en la
Guerra del Golfo, mientras avanzaba en dar
un manotazo más contra el nivel de
vida y las conquistas del movimiento de
masas y se preparaba para incorporar a millones
de trabajadores al mercado mundial de explotación
capitalista. Fucuyama pronunciaba solemnemente
“el fin de la historia”.
Las corrientes trotskistas internacionales
quedaban marginadas de la dirección
de estos procesos y se debilitan. La tremenda
energía desplegada por las nuevas
vanguardias, se orientaba hacia otras variantes.
En el terreno de la izquierda adquieren
fuerza los horizontalistas, que expresando
una reacción a la burocracia stalinista
y sus partidos centralistas-burocráticos,
negaban la construcción de partidos
revolucionarios y la toma del poder.
Pero mientras desde las filas desorientadas
de muchos partidos se llamaba a fortalecer
posiciones, a fortificarse en la clase en
una situación desfavorable y ha abandonar
la lucha por la dirección del movimiento
de masas en un terreno inmediato…
la onda expansiva de la revolución
en el Este europeo, hacía simbrar
los cimientos de regímenes muy alejados
en la geografía de su primer epicentro,
logrando importantes triunfos y también
alguna derrota como Tienamen.
Y esta nueva oleada revolucionaria caracterizada
por el enfrentamiento a las direcciones
traidoras del movimiento obrero mundial,
provocaba grandes revoluciones en Latinoamérica,
que no solo volteaban gobiernos elegidos
por las urnas, sino que al calor de sus
estallidos recurrentes, destruían
regímenes democrático burgueses
tradicionales, para dar origen a otros más
débiles, asentados en la crisis general
de las viejas instituciones, en particular
de los partidos y direcciones políticas
que han conducido al movimiento de masas
en las últimas décadas y en
un acenso continuo de la lucha de la clase
obrera y los pueblos.
La falta de una dirección revolucionaria
de masas sigue siendo la clave de esta nueva
oleada de lucha entre la revolución
y la contrarrevolución mundial, donde
el imperialismo herido por la pérdida
de su viejo socio la burocracia, necesita
descargar golpes brutales para intentar
contener el ascenso, como la segunda invasión
a Irak.
El grave empantanamiento yanqui en Irak,
la respuesta de las masas palestinas y libanesas
a la agresión israelí, el
ascenso más general de los pueblos
de Medio Oriente, sumados a las importantes
luchas obreras en los países centrales
como la huelga latina en EEUU y el desarrollo
de la revolución latinoamericana,
confirma que la etapa que estamos viviendo
esta signada por uno de los ascensos más
grandes del movimiento de masas y la crisis
más profunda del imperialismo.
La encrucijada
actual de los revolucionarios
Y en la etapa más revolucionaria
que hayamos vivido, en la cual la caída
del stalinismo y la crisis de todos los
aparatos contrarre-volucionarios del mundo
entero ha liberado una enorme cantidad de
energías, en la cual los golpes de
la contrarrevolución imperialista
no logran consolidar derrotas históricas,
sino al contrario son fuente de nuevas peleas
e insurrecciones de los pueblos, los trotskistas
atravesamos una gran contradicción.
Años de errores y divisiones han
debilitado y provocado un alto grado de
dispersión de nuestras corrientes
internacionales, que a nivel mundial son
débiles como alternativa de conjunto
para la vanguardia de los nuevos procesos.
Pero sin embargo, allí donde dirigentes
y organizaciones insertadas en las luchas
y los procesos políticos de sus países
han tenido políticas correctas para
empalmar con los nuevos fenómenos,
tenemos diputados, dirigentes obreros, corrientes
estudiantiles, resultados electorales, impensados
tan solo hace unos años, incluso
con organizaciones más fuertes.
La tarea de
la hora: reagrupar a los revolucionarios
para pelear por las masas
Los
tiempos avanzan cada vez con mayor velocidad.
La caída del Muro y los acontecimientos
que le sucedieron crearon una gran confusión
en importantes sectores de la vanguardia
mundial, huérfana de una dirección
revolucionaria que le supiera marcar el
camino. Pero en los tiempos que corren se
empieza a disipar gran parte de esa nube
de polvo que cegó muchas miradas
con la caída del Muro. Y cuando un
Chávez habla del socialismo del siglo
XXI, más allá de sus intenciones
políticas, esta colocando una discusión
que es una necesidad de una vanguardia latinoamericana
y mundial que rompió con el stalinismo,
que abandona electoral-mente a la centro
izquierda y la socialdemocracia en Europa,
que abandona a sus viejas direcciones políticas
como el PJ en la Argentina, el PRI en México,
o los Adecos en Venezuela, para refugiarse
en mediaciones mucho mas débiles.
Nunca más vigente que hoy esas enseñanzas
de Moreno de buscar en una situación
revolucionaria las corrientes de la vanguardia
que rompen con las viejas direcciones con
las que podamos empalmar. Moreno no dudo
en las políticas más audaces
cuando una realidad más dura que
la actual le abrió la oportunidad:
e hizó entrismo en el peronismo en
la década del 60, se largó
a aprovechar con todo los márgenes
legales en la década del 70 cuando
el grueso de la vanguardia era ultra o guerrillera,
no dudo en armar la brigada Simón
Bolivar para intervenir en la revolución
nicaragüense, orientó a empalmar
con la vanguardia obrera brasileña
y las corrientes de la Iglesia que representadas
por Lula empujaban la formación del
PT en Brasil, construyó un partido
que arañó la influencia de
masas con la caída de la dictadura
argentina, y fue fanático del Frente
Único Revolucionario, el Programa
mínimo revolucionario, del Frente
sindical revolucionario, del entrismo…
cuando fueran tácticas útiles
para ir hacia las masas. Por que ese fue
su desafío desde que abandonó
las tertulias de trotskos de café
en la década del 40 para enterrarse
en el barro de los barrio obrero de Villa
Pobladora.
Y en esto Moreno no hacia sino repetir a
su maestro León Trotsky, que repetía
que la próxima internacional de masas,
que la IV no iba a surgir de un crecimiento
paulatino de trotskistas, sino del empalme
con corrientes revolucionarias de otras
procedencias que compartan un programa revolucionario
con nosotros y donde el trotskismo comenzará
siendo una minoría.
Vencer el
sectarismo
Moreno lo señalaba como quizás
nuestro mayor problema. Le dedicaba en “Problemas
de Organización” (2), varias
páginas a explicar como éramos
sectarios para relacionarnos con la vanguardia
y captarla y que contradictoriamente, muchas
veces este defecto era más grave
cuanto más crecía el partido.
Y que esto se reflejaba en nuestras relaciones
con los fenómenos y corrientes políticas
que se dan en la sociedad, impidiendo relacionarnos,
con miles de obreros y estudiantes de vanguardia
para, acompañando su experiencia,
poder ganarlos cuando chocaran con las limitaciones
de las direcciones en las cuales confiaban.
Todo lo que no fuera del partido o no nos
diera la razón de entrada era un
pequeño burgués, contrarrevolucionario,
enemigo nuestro y de la clase obrera.
Y esto que era grave en épocas donde
todavía el peso del peronismo era
aplastante, ahora que, producto de la crisis
de las viejas direcciones, se están
derrumbado muchos de los muros que nos separaban
con la vanguardia es realmente una tragedia.
Es una de las razones por las cuales la
izquierda revolucionaria de la Argentina,
para poner un ejemplo cercano, que tuvo
un importante avance en el terreno social
y sindical después del 2001, ha sido
totalmente incapaz de convertirse en una
alternativa política de masas. Y
al contrario, cuanto más persiste
en esta tendencia pierde incluso ubicaciones
conquistadas.
Y en la actualidad esto es también
el reflejo de una equivocada perspectiva
internacional. Muchos que sostienen en abstracto
que la reconstrucción de una internacional
revolucionaria con influencia de masas solo
se hará posible empalmando con corrientes
que no provienen el trotskismo, en la práctica
cotidiana repiten la lógica de sostener
pequeñas construcciones sectarias
en base a algún partido madre y distintos
grupos satélites, como punto obligado
para nuclear a los revolucionarios.
Todo lo que no encaja en su cerrada y dogmática
visión de la realidad constituiría
una variante de centrismo regresivo, de
electoralismo y adaptación a la democracia
burguesa, o de claudicación a las
corrientes reformistas. Así cualquier
táctica audaz para actuar sobre el
movimiento de masas y pelear por su dirección
es condenada como una ruptura de los principios
que no hace sino confundir a las nuevas
vanguardias inexpertas llevándolas
por el camino del reformismo.
Frente a la crisis de los viejos aparatos,
esta incapacidad de diferenciar entre las
corrientes que mantienen cursos oportunistas,
con las tendencias que rompen hacia posiciones
progresivas o revolucionarias, es fatal
a la hora de disputar y empalmar con miles
de luchadores que buscan una alternativa
revolucionaria.
Perder de vista que los profundos cambios
operados en los últimos 20 años
por la debacle del aparato mundial stalinista
y la crisis de las viejas direcciones, sumado
a la crisis del imperialismo y el ascenso
de las masas, generan cada vez más
estas corrientes, pero que la inexistencia
de una fuerte alternativa revolucionaria
a nivel mundial da orígenes a mediaciones
y fenómenos nuevos de los cuales
hay que participar para disputar a las nuevas
vanguardias, constituye una enorme dificultad
a la hora de luchar por romper con la marginalidad
y avanzar en la difícil tarea de
superar la crisis de dirección revolucionaria.
Las discusiones sobre como reagrupar a los
revolucionarios latinoamericanos y del mundo
en la perspectiva de crear las condiciones
para una internacional dinámica,
hacia las masas. Las polémicas en
torno a como agrupar a la vanguardia que
rompe sindical y políticamente en
la Argentina. El fenómeno del PSOL
en Brasil y la relación entre la
pelea por fortalecer la UNT y dar respuesta
al fenómeno político del PSUV
en Venezuela, son expresiones de este dilema
que hoy tenemos que enfrentar los revolucionarios.
Moreno fue
un ejemplo de vida para las jóvenes
generaciones de revolucionarios
Incansable
constructor del partido y la Internacional,
militante y teórico, dirigente y
maestro de miles de cuadros, Hugo Miguel
Bressano Capacete, Nahuel Moreno, fue sin
duda un grande. Para aquellos que tuvieron
la suerte de militar a su lado también
una gran persona como lo describiera el
recientemente fallecido Ernesto González:
“todos hemos sido tocados por su influencia,
no solo en los político y en lo metodológico,
sino en lo personal, en lo íntimo.
Porque Hugo como muy pocas personas en el
mundo, cumplía aquello que tanto
le gustaba repetir de Marx <nada de lo
humano me es ajeno>.”
Durante su vida nos trasmitió su
pasión por las luchas de la clase
obrera y los explotados. Su optimismo…
él decía que no se podía
ser un revolucionario sin ser bien optimista.
Y también pese a tener una enorme
autoridad política sobre todos los
compañeros, nos enseñaba que
lo mejor era aprender de los errores, más
que vanagloriarse de algunos aciertos. Justamente
él, que si hubiera querido tenía
muchos logros que mostrar… Sin embargo
repetía “ desde hace 20
años yo acostumbro a decir en las
reuniones internacionales que somos una
organización bárbara e ignorante
y que tenemos récord mundial de errores.
La nuestra es la primera organización
que conozco que hizo su historia en base
a errores”
Y discutiendo con André Günder
Frank en el 84 sobre las perspectivas de
la revolución mundial decía
“Yo no creo que sea inevitable
el triunfo del socialismo. Entonces lo indispensable
es luchar, luchar con rabia para ver si
triunfamos, eso es indispensable, porque
podemos triunfar. No hay ningún Dios
que haya fijado que no podemos hacerlo”
Notas
(1)LIT-CI
(Liga Internacional de los Trabajadores
– Cuarta Internacional) y MAS (Movimiento
Al Socialismo): nombres de la corriente
internacional que Moreno fundara en la década
del 80 y la denominación que tomo
el partido argentino a partir del año
82. Si bien ambas siglas son utilizadas
en la actualidad por organizaciones trotskistas
de origen morenista, estas no representan
sino un pequeño sector de las decenas
de organizaciones y miles de militantes
en el mundo que se reclaman de esa tradición
luego de la diáspora que significó
el estallido del MAS y la LIT en el año
1992.
(2) Problemas de Organización: Trabajo
publicado en marzo de 1988 en base a la
desgravación de una charla dada por
Moreno a la Juventud Socialista en julio
de 1984 sobre los problemas de organización
del partido.
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