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Perú a un año del gobierno de garcía pérez

Crece la protesta social

Escribe: Tito Prado Dirigente de La Lucha Continua, corriente interna del Partido Nacionalista Peruano (PNP)

Entre el 11 y 12 de julio se desarrolló en casi todo el país una amplia jornada de protesta y movilización social a pocos días de cumplirse el primer aniversario del gobierno aprista en el poder. Más que una convocatoria centralizada fue una confluencia de conflictos con epicentro en el paro de campesinos contra el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC), la huelga de maestros del SUTEP y las protestas en las regiones del interior.

Esta vez la influencia de la revolución bolivariana se dejó sentir sobre todo en el sur donde el Presidente del gobierno regional de Puno apoyó la movilización y legalizó la huelga docente que estaba siendo duramente reprimida por el gobierno que llegó a sacar a las Fuerza Armadas a las calles para controlar la situación.
Las declaraciones del Presidente García contra los maestros, a quienes llamó “ociosos” y “comechados”, no hicieron más que echar leña al fuego mientras la prensa culpaba a los agitadores de las jornadas de protestas. Gigantescas movilizaciones de maestros, campesinos, pobladores, jóvenes ocuparon las calles y plazas sobrepasando las amenazas represivas y dejando ver que la paciencia está llegando al límite, expresando a su vez una vigorosa energía social que sigue intacta desde que el pueblo echó a la dictadura de Fujimori en el 2000.

Promesas incumplidas

El trasfondo de esta inmensa convulsión social son, en primer lugar, las promesas electorales incumplidas por el Presidente García, quien burlando sus compromisos en favor de un “cambio responsable”, terminó en un continuismo neoliberal que le ha llevado a aliarse con la derecha más recalcitrante derrotada en las urnas y hasta con los fujimoristas, cuyos 13 escaños en el congreso le resultan negociables para asegurarse mayoría en las votaciones.
Esta suerte de componenda viene asegurando que campee la corrupción y la impunidad y que incluso la extradición del prófugo ex presidente Fujimori se vea muy complicada pues el gobierno no muestra el más mínimo interés en que sea juzgado en el Perú.
En segundo lugar están las expectativas creadas por la propaganda oficial en torno al crecimiento sostenido del PBI que si bien ha permitido cierta recuperación adquisitiva de los sectores medios no llega a los bolsillos de la inmensa mayoría que suman el 50% de la pobreza en el Perú.
En tercer lugar, están las demandas populares que se acrecientan a la par que crece la conciencia antiimperialista bajo la influencia del proceso venezolano, boliviano y ecuatoriano.
Hay un hilo de continuidad entre estas jornadas y todas las precedentes, en donde el común denominador es la convicción de que este modelo neoliberal no va más y hay que cambiarlo, aunque en esta oportunidad no se haya expresado en un programa común de lucha por falta de centralización gremial y política.
Las jornadas del 11–12 marcan un punto de inflexión para el gobierno aprista, pues la dinámica en adelante será de una mayor confrontación social con el modelo neoliberal y el gobierno de turno. García lo sabe y por eso se apresuró en emitir una ley intimidatoria y represiva que da carta blanca a las FF.AA. y policiales para matar sin que tengan que ir a juicio, y busca penalizar a las autoridades locales que se impliquen en los actos de protesta.
Esta ley, lejos de cumplir su objetivo polarizará las tensiones sociales y aislará más al Presidente García al cumplir su primer año con un bajón de 30 puntos en las encuestas. Es por esta razón que el discurso presidencial del 28 de julio tuvo un tono más conciliador pero que ha caído en saco roto pues nadie le cree al presidente.
García cuenta a su favor con la inexistencia de una real oposición política puesto que Ollanta Humala, llamado a liderar esa oposición, ha mantenido en todo este tiempo un perfil bajo y su bancada en el congreso no ha sabido levantar vuelo, pero la real oposición está en la calle y eso no podrá controlar fácilmente.
En su mensaje a la nación, el presidente ha propuesto una tregua y un Pacto Social, pero sin dar un solo paso atrás en todas las medidas represivas y neoliberales que viene consumando con lo cual su propuesta carece de sentido y se cae por si sola.

Quién capitaliza

La situación que se está gestando en el país abre una nueva oportunidad a Ollanta Huma la quien esta vez tuvo el acierto de sumarse a la protesta y pudo capitalizar políticamente la jornada del 11 y 12 de julio.
Aparecer en la marcha central rodeado de los dirigentes de los gremios le da un nuevo aire y reactiva el proyecto nacionalista que estaba bastante en crisis luego de la debacle en las elecciones municipales y regionales de noviembre donde imperó las argollas y el “cuanto pones” para ser candidato del PNP.
Si Ollanta Humala emplea este nuevo oxígeno para pasar a ocupar un papel más consistente en la oposición al gobierno, si no se deja arrastrar por su entorno que aconseja correrse al centro y rebajar el programa para no espantar a los empresarios, entonces, y solo entonces, podrá remontar la crisis del PNP y ver el futuro con optimismo.
La foto de Ollanta con los líderes gremiales habla por si sola: se necesita no sólo reorganizar el PNP para poner el programa en el centro de la vida política del partido, sino también avanzar hacia un gran frente social y político para hacer posible la centralización de las luchas y potenciar una alternativa política al APRA y los viejos partidos, donde el PNP puede llegar a ser su principal animador.
Un gran frente que Ollanta y el PNP están en la posibilidad de ayudar a gestar juntamente con los gremios, frentes regionales, y las organizaciones que se reclaman democráticas, antineoliberales y antimperialistas.
Un frente que retome el programa por el cual votó cerca de la mitad de los electores y que ayude a dar unidad y contenido político a la protesta. Esta es una de las principales tareas que está colocada en el período inmediato y de cara al 2011.

Programa Nacionalista

Estos son algunos de los principales puntos del programa por el cual se moviliza el pueblo peruano y que en gran parte el PNP adoptó como parte de su plataforma electoral.
Es un programa democrático nacionalista muy progresivo que es respaldado por la movilización popular y por más de 6 millones de votos. Eso lo convierte en punto de partida obligado de todo proyecto de cambio en el país.
Por supuesto que no es todo el programa que hace falta, ni están todos los puntos, pero es un programa transicional que abre el camino hacía las grandes transformaciones estructurales que se requieren rumbo al socialismo del siglo XXI que acabe con la explotación social.

* Por el cambio de modelo económico neoliberal, por la recuperación de la soberanía y la independencia plena del país.

* Contra el TLC de manera consecuente, apoyando la movilización de las organizaciones gremiales particularmente del agro que es el sector más afectado directamente.

* Por una Asamblea Constituyente que reorganice el país sobre nuevas bases y dé fin a la constitución fujimorista que asegura la estructura neoliberal de la economía.

* Por la eliminación de los contratos de estabilidad jurídica que permite a las multinacionales evadir sus impuestos, por mayores tributos y regalías a las sobre ganancias mineras.

* Por la recuperación de nuestros recurso energéticos como el gas y el petróleo, no a las privatizaciones.

* No a la impunidad, extradición de Fujimori por ladrón y asesino. Cárcel y castigos a los corruptos con expropiación de sus bienes mal habidos.

* En defensa de la educación pública gratuita y contra la privatización vía la municipa-lización. Por aumento del presupuesto educativo.

* Por la integración latinoamericana en torno al eje Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y dando pasos en torno al ALBA.

 

 


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