| El
PSUV no debe ser de los explotadores
Escriben:
Gonzalo Gómez
Miembro de la C-CURA inscripto en el PSUV
e integrante del equipo editor del periódico
Marea Clasista y Socialista. Es Co-fundador
de Aporrea.org
Mas
de cinco millones y medio se han inscrito
en el PSUV. Gruesos sectores de la clase
trabajadora, campesinos, gente que vive
en las barriadas, profesionales y técnicos,
jóvenes estudiantes de las clases
populares, mujeres del hogar que asumen
un creciente protagonismo comunitario, pobladores
aborígenes, pequeños comerciantes
y trabajadores de la economía informal,
constituyen el componente ampliamente mayoritario
y principal, identificado con las capas
explotadas y no explotadoras de la población,
dentro de esta nueva organización
en formación. Aún cuando sólo
una parte de los inscritos asumiera la militancia
activa, sería el partido de masas
de mayor tamaño en la historia venezolana
y sería un partido de izquierda,
que se proclama socialista, bolivariano
y antiimperialista.
También se han inscrito –todos
como aspirantes, por ahora– sectores
patronales que se presentan como “nacionalistas”,
que dicen compartir políticas del
gobierno y oponerse al ALCA, se dicen “empresarios
por el socialismo” dispuestos a participar
en una “producción social”
y que no afloran entre los involucrados
flagrantemente en las sucesivas conspiraciones
golpistas auspiciadas por el imperialismo.
Esto, a nuestro entender, plantea serias
contradicciones y lleva la lucha de clases
al seno del partido.
Tal situación merece un tratamiento
aparte. No hay que olvidar que cuando Chávez
ganó las elecciones, por primera
vez, en 1998, tenía aliados que iban
como “troyanos” en las filas
del chavismo y que hoy están claramente
ubicados en el campo contrarrevolucionario
o participaron de alguna manera (abierta
o solapada) en las sucesivas intentonas
golpistas contra el gobierno bolivariano.
Muy difícilmente abracen la causa
socialista quienes viven de la plusvalía
extraída a los trabajadores y de
los avatares del mercado, a menos que estén
dispuestos a despojarse de su condición.
Recordemos lo que decía el Che de
los que pretenden “vivir de la revolución”
en lugar de ser capaces de morir por ella.
En Venezuela hoy el socialismo es casi una
moda, y hay quienes prefieren estar con
la moda aunque tengan que esconder el asco,
en lugar de empeñarse en contrariarla…
hasta que pase. El olfato empresarial de
algunos les dice que en medio de las aguas
peligrosas también se pueden hacer
buenos negocios. Por otra parte, hay quienes
auspician su incorporación, por aquello
de que no hay que espantar a los capitales
y no hay que asustar demasiado a la burguesía,
que este “socialismo” da para
todos y es tan “inédito”
y original que hasta puede convivir con
el capitalismo (aunque los obreros sigan
explotados por los patronos “socialistas”
y por los patronos de derecha).
Veamos la composición predominante
del naciente partido y los motivos que mueven
a la incorporación de militantes.
Millones de trabajadores y sectores populares
atendieron al llamado del Presidente, cargados
de expectativas y con la esperanza de poder
contribuir al cambio y mejora de las condiciones
de vida. Entre los que asisten a las reuniones
de batallones muchos jamás militaron
en partido alguno y no tienen experiencia
ni formación política; también
hay muchos activistas y luchadores sociales
que muestran un significativo nivel de conciencia
anticapitalista y antiimperialista, junto
con la voluntad de profundizar la revolución
venezolana y avanzar hacia la construcción
del socialismo del siglo XXI, tan vagamente
dibujado todavía.
Entre los que se inscribieron al PSUV están
muchos electores que no realizaron este
acto con claridad de sus implicaciones y
compromisos, muy probablemente serán
simpatizantes, pero no necesariamente militantes
activos en términos cotidianos. No
es lo mismo un elector de Chávez
que ser un militante revolucionario.
Por otro lado, a la posible existencia de
un segmento inscripto por razones clientelares,
de conveniencia o por otras causas como
el temor a virtuales consecuencias de la
no aparición en las listas o presiones
de funcionarios burocráticos con
intención de dotarse de una base
social manipulable. Esto último debe
ser tenido en cuenta, porque puede introducir
distorsiones indeseables en la construcción
del partido y sería incompatible
con el perfil ideal del militante, con los
buenos principios y valores y con la democracia
interna.
Para la mayoría de los que se están
incorporando puede que la noción
de socialismo todavía no vaya mucho
más allá de la idea de solidaridad,
del interés colectivo, de una mayor
participación del pueblo y de la
afirmación de la independencia nacional.
Este socialismo, que aún no está
definido, aparece en la intuición
colectiva de “los de abajo”
como una nueva sociedad sin explotación
ni opresión, con amplias libertades
democráticas para el pueblo, con
participación e intervención
en la toma de decisiones a distintos niveles,
con verdadera igualdad y justicia en la
satisfacción de las necesidades sociales.
Con esa intuición empieza a construirse
la idea de que el socialismo tiene que ver
con que “los de abajo” seamos
dueños del Estado, que tengamos la
propiedad colectiva de la industria, de
la banca, de la tierra… única
forma de superar nuestras miserias y ser
auténticamente soberanos como pueblo
y nación. Un socialismo donde el
poder lo ejerzan los trabajadores y las
comunidades populares organizadas, en lugar
de ejercerlo los que hacen de la política
un negocio, los grandes empresarios, los
latifundistas o burócratas de las
instituciones estatales que se privilegian
cometiendo arbitrariedades y practicando
la corrupción, en alianza soterrada
o descarada con la vieja clase poseedora,
en contra de la revolución.
El socialismo revolucionario y democrático,
para no repetir las caricaturas reformistas
o burocrático-stalinistas del socialismo;
es decir, para construir el “socialismo
desde abajo”, el partido que aspire
a ser el gran conductor de la revolución
y de la construcción del socialismo,
deberá ser enteramente nuestro: de
los de abajo, no de las cúpulas burocráticas,
ni de sectores de la clase dominante, capaces
de usar su dinero y las ventajas de su posición,
para acumular poder y más riqueza.
Volviendo a citar a uno de los grandes referentes
de la revolución bolivariana y latinoamericana,
hagamos memoria del pensamiento de Guevara,
cuando se proclamó el rumbo socialista
de la revolución cubana, quien afirmó
que “no puede concebirse que la
construcción del socialismo se inicie
con un partido de la clase burguesa, con
un partido que tuviera entre sus integrantes
una buena cantidad de explotadores y éstos
fueran encargados de fijar su línea
política”. De esto nos
tenemos que cuidar también en la
revolución venezolana.
Con la revolución bolivariana hemos
derrotado al viejo bipartidismo adeco-copeyano
y al conjunto de los partidos de la burguesía,
pero así como la gran burguesía
apuesta a la conspiración golpista
y al magnicidio, hay otra parte que prefiere
infiltrarse, como un “Caballo de Troya”
en las entrañas del gobierno, del
Estado y… también del partido,
ya sea de manera directa, presencial, o
indirecta y en la sombra, a través
de burócratas camuflados como bolivarianos-revolucionarios,
pero con estrechísimas vinculaciones
con ellos. No hablamos de las posibles convicciones
socialistas que pudiese tener alguno que
otro empresario en contradicción
con su propio rol; hablamos del carácter
de clase del gobierno, del Estado y del
partido propuesto para conducir la revolución
hacia el socialismo. Es algo que está
por encima del pensamiento político
particular que pueda tener cualquiera como
individuo.
Garanticemos que el PSUV sea de verdad un
partido y una herramienta de los trabajadores
y el pueblo. Los luchadores sociales que
van a las reuniones hablan de la existencia
de una casta burocrática que pone
trabas al avance de la revolución,
que actúa en relación con
sectores burgueses, que trata de manipular
y busca excluir a los activistas socio-políticos
más luchadores y radicales, que se
las arregla para utilizar los recursos de
alcaldías, gobernaciones o ministerios
con el objeto de fortalecerse y ejercer
control en su provecho. Atribuyen a esto
el hecho de que no se tomen o no se apliquen
efectivamente muchas medidas que son necesarias
y urgentes para resolver los problemas sociales.
Una de las aspiraciones con la que se han
incorporado oleadas de compatriotas al PSUV
se basa en su deseo de que el nuevo partido
sea efectivamente democrático, donde
la base ejerza el poder de decisión
con su participación protagónica
y no como un “show” de meras
apariencias para que otros lo hagan. Esta
aspiración democrática, participativa
y protagónica ha sido alentada por
la lucha misma, por el desarrollo del proceso
revolucionario y por los discursos del propio
presidente Chávez, al hablar del
poder de la base y de la necesidad de combatir
al burocratismo y a la corrupción.
Pero la gente quiere verle “el queso
a la tostada” y ubicar quiénes
son y dónde están, para tomar
las medidas profilácticas necesarias
y no quedarse en la denuncia genérica,
para transformar efectivamente la realidad
y evitar que se embasure la revolución.
Lamentablemente hay cosas que están
sucediendo de manera distinta a como se
esperaba y que deben ser enmendadas urgentemente,
por aquello del “árbol que
nace torcido…”. No dejemos que
lo que combatimos en la sociedad se adueñe
del nuevo partido y que se instale también
dentro de él la pirámide social,
donde en la cúspide estén
los burócratas más aborrecidos
por la gente, sostenidos no por la base
sino por su control logístico-financiero
sobre los recursos institucionales y por
el poder económico de sectores capitalistas,
mientras éstos pretenden confundir
contrabandeando la idea de un socialismo
con empresarios privados y con terratenientes,
con los que extraen plusvalía de
la explotación de los trabajadores
o acaparan tierras mientras los campesinos
carecen de ellas. Como decía un trabajador
del calzado en un batallón, sería
inconcebible tener como militante del PSUV
a su propio patrón, con quién
se confronta diariamente en la fábrica,
en una lucha concreta entre subsistencia
y ganancia.
La composición de la militancia
del partido y de su dirección, para
ser realmente revolucionaria y socialista,
tiene que ser de los No Explotadores.
La gente viene con la idea de que no va
a permitir que la base sea sometida por
burócratas, que sean admitidos corruptos
o violadores de derechos humanos, porque
usurpan poder, frenan la revolución,
traicionan las luchas y los intereses de
los desposeídos, se alían
y asocian con los poseedores, como correa
de transmisión de una contrarrevolución
“blanda” y “endógena”,
que siembra un cáncer mortal dentro
de la revolución y la convierte en
propaganda vacía.
Un
partido para ir hacia el socialismo no cuadra
con la participación de patronos,
banqueros y dueños de grandes extensiones
de tierra. Es absurdo construir un partido
con capitalistas para acabar con el capitalismo.
“Zamuro (buitre) cuidando carne”,
dice un refrán venezolano. ¿Cómo
podrían los trabajadores “construir
el socialismo” teniendo en el partido
a sus explotadores influyendo en la línea
política de la organización,
con intereses de clase absolutamente contrapuestos?
Esos patronos y los burócratas amigos
no van a estar de acuerdo, por ejemplo,
con que se estatice la fábrica Sanitarios
Maracay y se mantenga bajo control obrero.
Ellos quieren seguir teniendo la propiedad
y el control de los medios de producción,
mientras que el socialismo implica que los
medios de producción no son propiedad
individual de nadie sino del conjunto de
los trabajadores y pueblo. A menos que hagan
un truco y conviertan el socialismo en un
slogan publicitario, en un espejismo para
embaucar, despojándolo de su esencia
y contenido. Esos sectores van a esforzarse
porque la empresa vuelva a manos del antiguo
patrono o de otro que tenga el apetito,
de manera directa o mediante alguna fórmula
que preserve sus intereses de clase, manteniendo
la explotación capitalista bajo cualquier
barniz, en vez de romper con el capital.
Eso ya lo estamos viendo ahora.
Por eso, los integrantes de la C-CURA que
decidimos inscribirnos en el PSUV planteamos
el “Socialismo Sin Pa-Bu-Co”;
es decir, sin patronos, sin burócratas
y sin corruptos, porque si no, por más
que se le llame socialismo, jamás
va a poder serlo, sería una estafa,
una “caricatura de revolución”
como decía también el Che.
Todo esto debería ser discutido en
los batallones y decidido en el Congreso
del PSUV. Pero hay cosas en las que los
batallones tienen que intervenir desde ahora.
Hay decisiones que se están aplicando
en el pre-congreso que son definitorias
para el partido y hay que someterlas a la
discusión democrática, porque
la gestación de la organización
política es anterior a la partida
de nacimiento y entonces tenemos que asegurarnos
de que no salgamos con defectos congénitos.
La forma como se condujo el proceso de inscripciones,
la manera como se convocan las asambleas
socialistas y se constituyen los batallones,
ya le está transfiriendo rasgos congénitos
a lo que ha de ser el PSUV y va a impactar
sobre el desarrollo y los resultados del
próximo congreso fundacional. La
base tiene la responsabilidad de abordar
eso sin que se le escape de las manos.
Todavía hay que mejorar mucho el
flujo de información a nivel de los
propulsores y de los millares de batallones
que se están constituyendo con un
mínimo de 100 militantes. La comisión
presidencial propulsoras del PSUV debería
incorporar y consultar a quienes encabezan
grandes organizaciones sociales o sectores
de ellas que se han inscrito en el partido;
especialmente en el caso de los trabajadores,
campesinos, movimientos populares, con expresión
de todas sus corrientes.
De la resolución de cuestiones como
éstas depende en mucho el peso que
vayan a tener la clase trabajadora y las
masas populares en el partido, lo que a
su vez será definitorio para su destino,
para su perfil revolucionario, para su orientación
programática y política y
para el diseño y control de las acciones
del gobierno.
A pesar de todos estos peligros y problemas,
tenemos a favor el hecho de que estamos
en un proceso revolucionario, y por esta
razón la burguesía está
debilitada y la burocracia no puede controlarlo
todo, producto de la presión constante
de la movilización de los trabajadores,
los campesinos y los sectores populares.
En estas condiciones, los militantes revolucionarios
que somos luchadores sociales, podemos tener
la capacidad de hacer fuerza para que se
garantice la democracia interna, si logramos
establecer una metodología adecuada
para llevar adelante los debates y votaciones
en las asambleas de los batallones, así
como en el congreso fundacional.
El 21 de julio comenzaron las asambleas
para la constitución de batallones
(estructuras organizativas del partido),
pero la incorporación efectiva a
las reuniones no se está dando de
manera inmediata sino progresiva. Serán
necesarias varias asambleas y discusiones
antes de estar en condiciones de elegir
a los voceros de batallón, los cuales
a su vez escogerán voceros regionales
y luego delegados al Congreso. Hasta el
momento las asambleas han funcionado con
una metodología democrática
para sus debates y decisiones, sin interferencias
de factores de poder, y los propulsores
han ido colocando la conducción de
las asambleas en manos de los propios participantes,
pero el proceso se está dando de
manera bastante atropellada, con poco tiempo
para la elaboración y el análisis
de propuestas. Hay que discutir mecanismos
para que las aportaciones puedan ser difundidas
y conocidas por los miembros de los batallones.
También es muy importante reafirmar
que es el Congreso, como recolector y sintetizador
de las propuestas surgidas desde la base,
la instancia encargada de definir la configuración
y orientación del partido; por lo
que nadie puede determinar previamente lo
que ha de ser o no ha de ser el partido.
En estos días ha habido declaraciones
públicas del presidente Chávez
y de otras figuras del entorno gubernamental
que vienen impulsando el PSUV. Estas declaraciones
tienen gran importancia, dado el peso y
el liderazgo del comandante Chávez.
El Presidente afirmó que el PSUV
no sería marxista-leninista e hizo
comentarios sobre su apreciación
de que la clase obrera ya no sería
hoy el motor del socialismo y de la revolución.
Esto tendrá que discutirse en los
batallones, entre los voceros y entre los
delegados al congreso y será éste
el encargado de adoptar una resolución.
Sin embargo Chávez, en ocasiones
ha señalado la importancia del marxismo
y del socialismo científico como
guía teórica para la revolución,
así como ha utilizado conceptos de
Lenin e incluso de Trotsky, Gramsci, Rosa
Luxemburgo, Mariátegui y otros marxistas.
En otras ocasiones Chávez se ha declarado
“obrerista” y ha puesto énfasis
en el papel de los trabajadores. Además
en su Discurso de la Unidad (15 de diciembre
de 2006), refiriéndose al partido
unido dijo: “Propongo que se incorporen
a él todas las corrientes de la izquierda
venezolana”, lo cual incluye
a los que se consideran marxistas-leninistas
e implica la aceptación de la discusión
de propuestas de las distintas corrientes.
En cualquier caso, dentro de un marco democrático,
tendría que ser la discusión
en los batallones y el congreso fundacional
el espacio adecuado para determinar el rumbo
del partido. De hecho los batallones ya
han comenzado a discutir conceptos marxistas.
Todo lo anterior nos muestra un proceso
vivo en el que, de manera masiva, amplios
sectores de la clase trabajadora, campesina
y de los sectores populares se congregan
para hablar de cómo construir el
socialismo y cómo debe ser el partido,
en lo que ya constituye un formidable proceso
de formación política; y lo
están haciendo desde la base, a la
vez que van entretejiendo una inmensa red
que los articula en las comunidades, vecino
a vecino, casa a casa, en torno a la intención
de ser protagonistas de esta construcción.
Esto va a tener consecuencias históricas
para la conciencia revolucionaria del pueblo
venezolano más allá de cualquier
intención de manipular el proceso
y sus resultados. No solo por las luchas
va a pasar el desarrollo de la revolución;
va a pasar también por dentro del
fenómeno del PSUV. Los revolucionarios
tenemos que estar inmersos dentro de ese
escenario, viviendo y promoviendo paso a
paso el desarrollo de la conciencia socialista
del pueblo.
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