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El Frente Amplio condena
a Cuba
¿Y el cambio del cambio?
Cambiemos.
Ese fue el eslogan que utilizó el
Frente Amplio en las elecciones que lo llevaron
al gobierno. Y lo prometido es deuda: cambió,
sí. Cambió los principios
que habían levantado por casi 30
años, cambió los discursos
antiimperialistas, antineoliberales y a
favor de la soberanía nacional.
Paula Montagne
y Federico Martínez,dirigentes de
Rumbo Socialista de Uruguay
A casi un año de asumir el primer
gobierno del Frente Amplio, los “grandes”
cambios, tan esperados, con respecto a los
gobiernos anteriores no se ven venir.
Es cierto que ha habido cambios en algunas
políticas que históricamente
han sido reivindicaciones del movimiento
sindical y las organizaciones sociales y
que el Frente Amplio hizo suyas, como la
reinstauración de los consejos de
salarios, el dar cumplimiento del Art. 4
(ver nota), la promesa de la aprobación
de la ley de fueros sindicales, etc. No
obstante, el ansiado cambio de rumbo en
las políticas económicas con
respecto a las que llevamos experimentando
desde hace décadas no se ve venir
ni de lejos.
Un ejemplo de esto fue la votación
del presupuesto nacional, que con la mayoría
parlamentaria oficialista, se puso por encima
de la educación pública, la
salud, la recuperación salarial o
el tan mentado plan de emergencia1 al pago
de la deuda externa y el alcanzar las metas
fiscales establecidas por el Fondo.
Pero no sólo desde el poder legislativo
se avalan los lineamientos del FMI. El ejecutivo,
encabezado por el ministro de economía
–que por momentos pareciera ser el
primer ministro- se ha dedicado a continuar
el rumbo de sus antecesores en el cargo.
Así, se ven en la prensa constantemente
las intervenciones del ministro priorizando
enfáticamente la necesidad de las
inversiones extranjeras como la gran solución
a los problemas económicos que aquejan
a los trabajadores y el pueblo en general.
Así plantean al tratado con Estados
Unidos2 , como un generador de empleos y
salvador de la economía nacional.
Pero lo que no se dice a viva voz es cómo
la definición de inversión
en el tratado es tan amplia que abarca también
a la especulación de capitales, puesto
que en el tratado se define también
como inversión a la participación
de capitales a través de acciones,
bonos, obligaciones u otros instrumentos
de deuda y préstamos3 . O que se
renuncia a la posibilidad de plantear a
los inversores cualquier tipo de contrapartida,
es decir, no se les compromete a que generen
un mínimo de puestos de trabajo para
mano de obra local, o un mínimo de
consumo de materia prima nacional4 .
El gobierno, que no se cansa de decir que
“dentro de la ley y la constitución
todo, fuera de ella nada”, mira para
el otro lado a la hora de firmar un tratado
que viola flagrantemente el reciente plebiscito
sobre el agua, volviendo a considerar al
agua como una mercancía más
a disposición de los capitales yanquis5
.
O la resolución 59/11 de la Asamblea
General de Naciones Unidas, firmada por
Uruguay, que obliga a no acompañar
medidas de apoyo al bloqueo de Cuba, que
por intermedio del artículo 17 del
tratado se viola al permitir que los yanquis
puedan negar los “beneficios”
del tratado a toda empresa que negocie con
un país enemigo de EEUU.
De esta forma el gobierno frentista también
abandona su consigna de “por un país
productivo”, así como su histórica
defensa de la soberanía nacional.
Porque, además de lo que ya hemos
dicho, el tratado nos obliga a otorgarle
a las empresas norteamericanas todos los
mismos beneficios que el gobierno da a la
industria nacional6 . Por si fuera poco,
en caso de conflictos internos en el país,
huelgas, perturbación ambiental7
deberá indemnizar a las empresas
yanquis.
Quizás una de las consecuencias más
alarmantes que trae este tratado sea a raíz
del artículo 18 que permite la intervención
militar por parte de los yanquis cuando
estos entiendan que está en riesgo
su inversión, la seguridad de los
inversores y la paz y seguridad internacional.
Una muestra más de como el imperio
de Bush intenta legalizar su intervención
en América Latina, con el consentimiento
de un gobierno que mira para el costado
ante la intervención en Haití
y participa sin miramientos, o participa
en la misión UNITAS a pedido de los
yanquis aún si tiene que perder a
alguno de sus diputados en el camino.
La firma de este tratado significó
un cambio en el Frente Amplio, un giro que
muchos militantes y algunas de sus figuras
resienten y hoy están siendo una
firme oposición desde las filas frentistas
pidiendo la realización de un congreso
extraordinario y expresando su repudio a
la suscripción de este tratado. Sólo
por mencionar algunos de los que suscriben
a esta carta8 : Eduardo Galeano, Guillermo
Chifflet, José “Pepe”
D’Elía, Helios Sarthou, Samuel
Blixen, Eduardo Rubio, Raúl Olivera,
entre otros.
Hoy, la aprobación del tratado significaría
la profundización de los planes del
imperialismo yanqui en Uruguay que, imposibilitado
de llevar adelante el ALCA, se lanza a hacer
este tipo de acuerdos bilaterales con los
países latinoamericanos con el fin
de ampliar su dominación económica
y militar en la región. Profundizar
ese misma política económica
que ha llevado a nuestros países
a índices de miseria nunca antes
vistos, que avala y amplía la intervención
militar que ya hoy están llevando
adelante con el Plan Colombia.
Hacemos un llamado a todas las organizaciones
sociales y políticas a profundizar
la discusión de este tratado y exigimos
a la dirección del Frente Amplio,
que hoy es gobierno, a que recuerde los
principios que hicieron al surgimiento de
esa fuerza política, y que no hagan
caso omiso al llamado a un congreso extraordinario
hoy convocado por varias personalidades
pertenecientes al Frente. Ya que la ratificación
del tratado sin la más mínima
discusión por parte de las bases
de esa fuerza política no solamente
significaría la traición y
el abandono de las viejas banderas en cuanto
a la política internacional y hacia
el imperialismo sino también el abandono
del método de organización
de bases que históricamente ha levantado
el Frente Amplio. Y demostrarían
que el único cambio de fondo que
estaban dispuestos a hacer es el sus viejos
principios.
En la medida que Estados Unidos logre suscribir
más tratados de este tipo, siguiendo
su objetivo, las ventajas comerciales prometidas
(obtenidas) por los países que ya
lo han firmado, irán diluyéndose
en el tiempo, ya que tendrán que
competir, con los otros países a
los que se les otorgara beneficios arancelarios
similares. Los Tratados bilaterales consolidan
las políticas de apertura y desregulación
del Estado, que profundizadas desde los
años 90, en «nombre del equilibrio
macroeconómico y la relativa modernización
del aparato productivo para ciertos sectores
privilegiados», generaron concentración
del poder económico en unos pocos,
mayor desigualdad en la distribución
del ingreso (América Latina, alcanza
los mayores niveles mundiales), mayor exclusión
social, limitaron las opciones políticas
económicas de los Estados, y en muchos
casos dieron lugar a debilitamiento de la
democracia en la región (renuncias
de varios presidentes, elecciones anticipadas,
corrupción).
Exhortamos, en consecuencia, a analizar
los riesgos que planteamos y a extender
a todos los ámbitos, con los argumentos
de la razón, la necesidad de que
el Parlamento no acepte este Tratado. La
gran causa de Uruguay, de América
Latina y el Caribe exige otros acuerdos.
1Plan de Atención
Nacional de la Emergencia Social, que como
su gemelo brasilero en su intento asistencialista
está siendo un rotundo fracaso al
no poder abarcar a todas las personas inscriptas
y no poder cumplir con la entrega de las
canastas completas.
2Tratado de Promoción y Protección
Recíprocas de Inversiones
3Art. 1, pág. 5
4 Art.8, pág. 12
5Art. 1, pág. 3
6 Art. 3 y 4, pág. 8
7 Art. 5 y 6, págs. 9y 10
8 Puede encontrarse una copia de esta carta
en www.rebelion.org/noticia.php?id=23690
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